Estamos programados

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Después de la tusa que pasé al ver que mi candidato no clasificó a la segunda vuelta, he decidido asumir con responsabilidad (más allá de la lamentación), que este juego de la democracia aún no ha terminado; y así sea doloroso, debo aceptar que quien yo preferí ya no está. Por lo tanto, este 17 de junio no nos preguntan cuál candidato nos gusta, sino qué le conviene más al país, y eso es lo que nos estamos jugando en este momento.

Pero hacer esa reflexión en medio de esta polarización no es tarea fácil, máxime cuando estamos educados para no pensar (me refiero al pensamiento crítico), no estamos formados para ser verdaderos ciudadanos conscientes y libres. Estamos manipulados por unos medios de información que crean una opinión mediática basada en lo que le interesa al poder. Juzgamos por lo que nos dicen las redes sin ningún tipo de análisis.

Con base en eso, de manera visceral nos insultamos, nos agredimos, nos dividimos… intentando imponer lo que creemos (o más bien lo que nos hicieron creer), sin darnos cuenta que nos utilizan a través de una serie de miedos y prejuicios que han sido infundidos de manera metódica y calculada por los mismos que han mantenido el poder, con el único fin de avasallarnos, mantener su status y distraernos de lo realmente esencial: 200 años siendo un país desigual impregnado hasta los tuétanos de corrupción.

Ya decía Bolívar que los pueblos son dominados más por la mentira que por la fuerza. Y es que el miedo es la razón por la que el sistema se mantiene vivo, pues es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados.

Pero Colombia se merece escribir una nueva historia, por lo tanto, la realidad del país me obliga a tomar una posición, resultándome imposible optar por un válido pero simbólico voto en blanco (bajo el argumento que ninguno de los dos candidatos me representa). Eso es ilógico, pues uno de ellos dos sí me va a representar, así que este no es un voto del corazón sino de la razón.

Eso sí, que en un país donde no existen ideologías coherentes, donde los partidos políticos no son más que empresas electorales que se acomodan sin el más mínimo pudor al mejor postor, donde la mayoría de los políticos solo se mueven de acuerdo a sus intereses, yo decidiré desde mis valores, desde aquello que no se debe ceder, desde lo que considero fundamental y ético.

Por lo tanto, basada en esos referentes, yo prefiero valorar los acuerdos de paz por las miles de vidas que se han salvado y no por los miembros de la Farc que se encuentran en la cárcel. Yo prefiero apostarle a la educación como un derecho de todos y no como un privilegio de pocos. Yo confió más en quienes han alzado la voz para denunciar la corrupción y no en quienes la han creado. Yo prefiero que se generen más oportunidades para los pobres y no más privilegios para ricos. Yo prefiero promulgar el respeto a los derechos de las minorías y no su discriminación. Yo confío más en un gobierno bajo el control de unos órganos y no en unos órganos controlados por el gobierno.

Y con todas esas certezas iré sin miedo a las urnas, convencida de que los colombianos no estamos destinados a ser un país desigual, sino programados para creer que es así.

Finalmente, yo no intento convencer a nadie, pues cada quien sabrá a qué gobierno apostarle de acuerdo a sus criterios, pero permítanme compartirles una frase de Cohen, el gran poeta canadiense,  que podría aportar un poco a nuestra decisión: “A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado”.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

 

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