Los vascos que no vinieron

Simití – Departamento de Bolívar

Por Luis Tarrá Gallego *

Un aviso publicado en la edición 9.663 de El Tiempo de Bogotá el 22 de agosto de 1938, hace 80 años, estuvo a punto de conseguir la implantación de una colonia vasca en el municipio de Simití, Bolívar, conformada por sobrevivientes exiliados en Paris de la inclementemente bombardeada por los nazis población vizcaína de Guernica, tragedia universalizada por el malagueño Pablo Picasso en el cuadro homónimo, que iconizó las atrocidades cometidas por los combatientes extranjeros de la Guerra Civil Española.

La intención de establecimiento, manifestada por el vizcaíno Gabino Seijo Zarrandikoechea, según ese anuncio era: “…para que venga a éste país [Colombia] una inmigración vasca con el propósito de labrar la tierra y darle impulso a la agricultura y a la ganadería…” y, fue respondida seis días después por el médico e historiador simiteño Leoncio A. Bastidas, en la que además de remitir dos folletos “…sobre la Geografía de Simití…” le ponía de presente a Zarrandikoechea, “…las bondades que brindan éstas tierras a una respetable colonia que desee trabajar…”

Visita al presidente

Aprovechando que una comisión del Concejo de Simití debía entrevistarse con el presidente Eduardo Santos, tío abuelo del presidente Juan Manuel Santos, tras audiencia conseguida por el doctor Luis B. ‘Chan’ Ortiz, el tema de la inmigración interesó al mandatario, que invitó al vasco a visitar el país y dio la orden para que altos funcionarios nacionales y regionales atendieran el tema, lo que finalmente estos aprovecharon para intentar desviar hacia los departamentos de Caldas, Tolima, Valle del Cauca, Cundinamarca y los Llanos la intención de los vascos de establecerse en Simití, que a la postre resultó fallida para todos.

La misiva de Bastidas entusiasmó a los vascos liderados por Zarrandikoechea, que tras responder su mensaje se comprometió a visitar Simití, lo que hizo el 28 de marzo de 1939, después de entrevistarse dos semanas antes con el gobernador Manuel F. Obregón Flórez, por instrucciones perentorias del presidente Eduardo Santos, con quién se reunió el 5 de mayo  de 1939.

Impresiones in situ

Quince días después y, tras recorrer los puntos en los que eventualmente podría emplazarse la proyectada y luego intencionalmente frustrada colonia vasca, Gabino Seijo precisó las aspiraciones fundacionales del proyectado poblado vasco que se repartiría en dos asentamientos que se denominarían Guernicabarri, en lo que hoy es Santa Rosa del Sur y Puerto Guernica, en lo que hoy es la zona dispersa de Juncal en Simití y que resumió así:

“Como iniciador o fundador de la colonia que se denominará Guernicabarri [solicitó] se le conceda un lote de tierra de 25 kilómetros cuadrados; de 12 kilómetros de largo por uno de ancho por todo el curso de la quebrada Juncal, por ambas orillas…que comenzarán a contarse desde la orilla de la ciénaga de Simití, cuando las aguas se hallan en verano, y seguirá su curso por la referida quebrada, así también siguiendo el curso por las aguas en las orillas de la quebrada del Platanal, después de conceder un kilómetro hacia el monte que en línea recta continúa por el Platanal”.

De igual manera Gabino S. Zarrandikoechea, circunscribía su petición a la concesión de “Tres kilómetros cuadrados de tierras montuosas alrededor del salto La Fría y ello servirá entre otras cosas para dar acceso a la parte arriba de ese salto y sirva así, si el caso llegare, para el desarrollo del turismo”.

Plan agroindustrial

Su petición a las autoridades simiteñas, de lo que pudo ser un jalón de actividad agroindustrial, prosiguió en los siguientes términos: “Solicito también el aprovechamiento de la mitad de las aguas del salto La Fría para destinarlas a riego o fuerzas motrices, indistintamente según le convenga al suscrito, mientras que la otra mitad quedará para servicio del municipio…lo mismo que la mitad de las aguas de la quebrada El Platanal”.

De la misma manera, para la concreción del ambicioso proyecto, se elevó una solicitud para la realización de “faenas pesqueras en la ciénaga de Simití y ríos que al suscrito convinieren y que el tránsito por el río Juncal y la carretera siguieran considerándose como públicos, como hasta ahora acontece”.

Colonia agrícola

Sobre este particular, Gabino S. Zarrandikoechea pedía, en el esbozo de este bien estructurado plan, que: “En el caso de formar la colonia vasca de Guernicabarri, ésta se extenderá de las márgenes de la propiedad antes expresada que se repartirá a cada colono que se establezca a razón de 10 hectáreas para los que se sitúen en la parte baja, en terreno llano sobre la ciénaga de Simití, en el terreno dónde se piensa fundar el pueblo que se denominará Puerto Guernica, en lotes de cien metros de ancho por mil de largo en la parte derecha aguas arriba del río Juncal…terrenos que serán regados por las aguas de la quebrada La Fría, en obras a cargo de cada colono”

En ese sentido, se solicitaban: “60 hectáreas del monte al borde de la carretera que irá en dirección a Guernicabarri partiendo de Puerto Guernica y que será cubierto en lotes de 200 metros de ancho por 3.000 de largo. 30 hectáreas en la región de Santa Rosa o sea en los alrededores de Guernicabarri en lotes diseminados y que no es posible marcarlos por ser la configuración del terreno ondulado, y no convendría tirar líneas hasta tanto no se eligiere el lugar adecuado”.

Por último, planteó el vasco, “Será conveniente: casi necesario, que a esta región de Santa Rosa se le provea de agua para el riego de sus tierras, con las aguas que aporten en la región de La Paja, las quebradas de La Mata y La Paja”.

Guernicabarri y Guernica

Que en euskera significa territorio Guernica, fue el nombre escogido para los futuros y luego frustrados pueblos, que se ubicarían, el primero en el territorio que hoy ocupa el municipio de Santa Rosa del Sur, por entonces conocido como Ángulo, una ‘venta’ o lugar de aprovisionamiento y descanso de los mercaderes y aventureros trashumantes de los agrestes senderos de la serranía de San Lucas, una región rica en vetas de oro,  plata y otros minerales y levantado en un cruce de caminos al más viejo estilo europeo y, el segundo, en el sitio disperso de la desembocadura de la quebrada Juncal, famosa por la limpidez de sus frescas aguas, que aún se venden para el consumo humano de la región.

Gran frustración

Pero como todo lo que brilla no es oro, a pesar de la decisión tomada por el presidente Eduardo Santos, en favor del establecimiento de esta colonia en 25 kilómetros cuadrados de los más de 6 mil con que contaba entonces el territorio del municipio de Simití, los intereses  ‘interioranos’, por un lado, porque ese establecimiento humano y agroindustrial se llevara a cabo en otros lugares de la geografía colombiana, dio al traste con esa humanitaria y económicamente reivindicativa idea.

Por otro lado, la decidida simpatía e íntima militancia nazi del gobernador de entonces Manuel F. Obregón Flórez, ex diplomático ante el régimen de Adolfo Hitler, que lo condecoró con la Gran Cruz de Hierro de la Alemania nazi, cuyos aviones bombardearon inclementemente los territorios vascos, incluida Guernica; que adrede no presentó en los términos debidos el proyecto de Ordenanza a través del cual se otorgarían los avales financieros y las herramientas administrativas para el establecimiento de esta frustrada y bien intencionada empresa, que más que humanitaria pretendía ofrecer una experimentada alternativa para el desarrollo planificado de una región, que ocho décadas después, continúa agobiada por el marasmo oficial.

* Periodista y vicepresidente del sindicato de la salud ANTHOC Bolívar.

 

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