¿Porqué votaré por Andrés Betancourt para la Alcaldía de Cartagena?

Por Virgilio Madero Quejada *

Para inicios del año 2002, una señora de nombre Manuela Quejada Arévalo (q.e.p.d.), para ese entonces directora del Grupo Folclórico Danzas de Cartagena, realizaba un bingo familiar cuyo objetivo era recolectar fondos para que unos jóvenes que oscilaban entre los 12 y 18 años de edad participaran en los Carnavales de Barranquilla, donde debían dejar bien representado el nombre no solo de Cartagena sino también del barrio El Pozón, del que se sentía muy orgulloso.

Su bingo, convertido en un evento integrador, lleno de entusiastas participantes por todos los lados de la emblemática calle La Cuchara del populoso barrio, era amenizado por un equipo de sonido y animado por ella misma y de vez en cuando por alguno de los muchachos del grupo.

Como es normal en este tipo de barrios, ese domingo, a eso de las 5 y 30 de la tarde, cuando ya se ocultaba el sol, Electricaribe quitó la energía eléctrica en todo el barrio y los promotores del bingo les tocó continuar el evento de forma acelerada antes de que cayera la noche, porque todavía había muchos premios que rifar.

Muchos de los invitados especiales que habían donado obsequios para la realización del bingo se fueron retirando a sus respectivos hogares. Seguramente temían quedarse en un barrio retirado de la ciudad que había quedado totalmente a oscuras y la salida del mismo -debían pensar – podía ser peligrosa.

Fue en esos momentos cuando uno de ellos, acompañado por su señora esposa y su hijo Alejandro, el único en ese momento, le dijo a la organizadora del bingo: “Manuelita, no te preocupes que yo enciendo las farolas de mi carro y espero hasta que termines tu bingo, porque a oscuras será muy difícil terminarlo”.

Recuerdo que era una Toyota burbuja de color rojo, la cual fue parqueada de frente al evento y con las luces encendidas esperó hasta que se entregara el último premio de ese bingo cuando ya pasaban algo más de las 7 de la noche.

Esa generosa persona era Andrés Betancourt González, quien muchos días después habría de aspirar a regir los destinos de Cartagena de Indias.

Ese día fue cuando lo conocí, y recuerdo que Manuela Quejada, mi querida e inolvidable madre, quedó inmensamente agradecida con él por ese gesto de humildad.

Fue en ese instante cuando percibí su don de servicio, y en estos últimos 16 años he visto crecer a Andrés Betancourt más como persona, como docente, como empresario, como servidor público y hasta como amigo.

En la anterior elección para la Alcaldía de la Ciudad Heroica, el voto mío y el de mi familia hicieron parte de esos algo más de 50 mil votos de sacrificio con que se mostró que sí se puede hacer una campaña a conciencia.

En esta ocasión, de cara a los comicios del próximo 6 de mayo, con su experiencia y preparación y una mayor determinación ciudadana, podemos empezar a construir la Cartagena que todo queremos.

Como un modesto aporte a la campaña de Andrés Betancourt a la Alcaldía de Cartagena, sabiendo que él no cuenta con grandes recursos para publicidad como sí los tiene otro candidato que ha inundado la ciudad con vallas, pendones y afiches de todos los tamaños, hemos mandado a imprimir mil plegables invitando a votar por quien creemos debe tomar las riendas de la ciudad para evitar que se la sigan robando los mismos con las mismas (ver Plegable impreso).

Estoy seguro que entre todos… ¡lo haremos!

* Abogado, especialista en Derecho Constitucional, con diplomados en Conciliación, Gestión Ambiental Urbana y Formación de Gestores Culturales y Convivencia Social.

 

 

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