La prueba cuádruple del Periodismo

Por Carlos Ardila González *

La Prueba Cuádruple, como se sabe en los Clubes Rotarios, es un código ético que aplican de todos los países del mundo no solo los miembros del colectivo cívico sino además millones de empresarios, empleados, trabajadores independientes y líderes sociales, y lo hacen no solo en sus negocios y actividades profesionales sino también en sus vidas familiares y personales.

Desde su creación en 1932 por el rotario Herbert J. Taylor, este breve pero profundo código se convirtió en una guía para la producción, publicidad, venta y, en general, el manejo de las relaciones interpersonales que se desprenden de los procesos de miles de empresas, instituciones y organizaciones a lo largo y ancho de los cinco continentes.

Traducida a más de cien idiomas y publicada en miles de formas diferentes, la Prueba Cuádruple ha sido reconocida por expertos en marketing y liderazgo como la verdadera gestora de la reputación de cientos de marcas exitosas y dirigentes cívicos y empresariales de los distintos países.

De hecho, Herbert J. Taylor, quien fuera posteriormente presidente de Rotary International, la creó luego de que se le pidiera hacerse cargo de una empresa que se encontraba literalmente al borde de la quiebra. Tras su recuperación administrativa y financiera, todos atribuyeron el milagro a esta sencilla doctrina.

Ese código de ética, adoptado por Rotary International en 1943, se resume en estas palabras:

De lo que se piensa, se dice o se hace:

  1. ¿Es equitativo para todos los interesados?
  2. ¿Creará buena voluntad y mejores amistades?
  3. ¿Será beneficioso para todos los interesados?
  4. ¿Es la verdad?

Hay unas profesiones, sin embargo, cuya esencia impide aplicar a plenitud la Prueba Cuádruple, y una de ellas es, sin duda alguna, el periodismo.

Como el fundamento de este es la verdad y nada más que la verdad, es entendible que el ejercicio de un buen periodismo no beneficie a todos los interesados; de hecho, una prensa libre, comprometida como es su esencia con el bien común, afecta irremediablemente los particulares intereses de ciertos sectores, y en consecuencia no creará entre estos buena voluntad y mucho menos algún tipo de amistad.

Es, por ejemplo, lo que viene dándose en el país a menos de dos meses de las elecciones presidenciales y, particularmente, es lo que viene sucediendo en Cartagena, ad portas de que la ciudadanía determine en las urnas quién deberá regir los destinos de la ciudad en los próximos 20 meses.

Como la esencia del periodismo es la verdad, apegados a esta los periodistas no pueden ignorar la presencia en algunas campañas de personajes que han sido, o siguen siendo, corresponsables de la crisis que se pretende superar. Ni sustraerse de su obligación de informar sobre los líos jurídicos que se ciernen sobre ciertas candidaturas. Ni desconocer lo que para cartageneros y colombianos está en juego en las próximas elecciones. Ni omitir en sus trabajos periodísticos que, para muchos dirigentes políticos, de si ganan o pierden en los futuros comicios dependerá su futuro como congresistas, diputados, concejales o ediles por los graves problemas que enfrentan ante la justicia.

Por ello, en aras de establecer buena voluntad, crear nuevas amistades o preservar las existentes, al periodismo no le es dable, y por ninguna razón debería serlo, esconder los hechos debajo de la alfombra.

Asimismo, sobre la equidad en beneficio de todos los interesados, debe entenderse que aquella no consiste en dar a todos igual trato sino el que cada quien merezca según hechos objetivos y demostrables. En vísperas de unas elecciones, por ejemplo, se sabe que hay candidatos, candidotes y avivatos, y por ello los medios de comunicación serios cubren las actividades de los primeros y hacen notas ligeras de los segundos, pero, por rigor y responsabilidad, por conocer la pretensión de los terceros se abstienen de servirles de idiotas útiles.

Por todo ello, la Prueba Cuádruple para el periodismo debería ser:

  1. ¿Es la verdad?
  2. ¿Es toda la verdad, al margen de que informar sobre esta no cree buena voluntad y, por el contrario, disguste a quienes inevitablemente se sientan afectados?
  3. ¿Será beneficioso para toda la ciudadanía y no solo para los interesados con poder?
  4. ¿Es equitativo con los protagonistas, es decir, se brinda a todos el espacio que objetivamente les corresponde?

 

* Director de Revista Metro

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