Sociedad de espectadores psicópatas

Por Marcela Márquez *

Escribo esta columna con las manos heladas y el corazón acelerado. El día jueves se entregó el premio World Press Photo 2018 a la que se podría considerar la imagen más icónica del conflicto político que está viviendo actualmente el vecino país Venezuela. Sin embargo, además de ser icónica por esto, también lo es al ser la evidencia de que la humanidad se está sumiendo en un criadero de espectadores psicópatas.

Felicitaciones al ganador. Mis condolencias a la ética profesional, porque aquí hay una situación evidente de omisión de socorro. Este delito se encuentra contemplado en el Código Penal y hace referencia a la conducta punitiva que se comete cuando se omite, sin justa causa, auxiliar a una persona cuya vida o salud se encontrare en grave peligro.[1]

Aclaro que esta es la ley en nuestro país y realmente no sé si es igual en otros países. Pero volviendo al caso en cuestión, me pregunto ¿Es imposible socorrer a una (s) persona (s) en llamas? ¿Corre peligro quien intente auxiliarles? En caso de no saber qué hacer, ¿es correcto alejarse, quedarse quietos, o fotografiar, simplemente por no querer empeorar la situación?

En algo estamos fallando, cuando la vida de un ser humano es tan mísera que al correr peligro frente a nosotros, nuestro instinto ya no es el de ayudarle o socorrerle sino el de observarle y, peor aún, fotografiarle.

Imaginemos el suceso. Estamos en medio de un caos civil por causa de las protestas. De repente, en un lugar donde hay varios manifestantes, ocurre una explosión. Los presentes sabemos que en ese lugar específico hay personas,  pero no tenemos claridad sobre qué sucede, ni por qué ocurre la explosión. En este punto surge la pregunta: ¿Qué decidimos hacer? y la respuesta sería, ¿Huir? ¿Observar? ¿Tratar de comprender? ¿Fotografiar?

Aquí inicia el debate: que si no se registran los hechos, si el mundo los desconoce, si no se divulgan los acontecimientos, esta realidad nunca podrá transformarse. Sí, esto es cierto. Pero, ¿en qué momento del proceso investigativo de un profesional de las ciencias sociales es más importante registrar la información que la protección de una o varias vidas? Pues todo ocurrió en cuestión de segundos, pero en el caso de una conflagración los segundos son muy valiosos (si no lo creen, intenten sostener un dedo por 12 segundos en una flama ardiendo. Díganme si no sería caritativo reducir ese tiempo aunque fuera, a 10 segundos.

La mayoría de los medios colombianos publicaron la noticia, profundizando la historia del joven en llamas y haciendo reconocimiento al mérito del fotógrafo. En El Espectador publicaron la nota redactada por la misma AFP (para la cual labora el recién ganador fotógrafo), y esta hace énfasis en que el joven sobrevivió – pero recibió quemaduras en el 70% de su cuerpo y aún hoy, casi un año después, está en proceso de recuperación[2]-. En La Vanguardia[3], realizan todo un desglose técnico de la captura, digno de una clase magistral de fotografía. Por último, en una nota publicada por Blu Radio[4], citan, entre otros testimonios, las palabras de la presidenta del jurado, la directora de fotografía de la revista Geo France, Magdalena Herrera, quien expresó: “Esta es una fotografía clásica, pero tiene una energía y una dinámica instantáneas (…) colores, movimiento y tiene una composición muy buena”[5]. – Pues Sra. Herrera, si se trata de una persona viva ardiendo en llamas, en un escenario real, y a pocos centímetros de la cámara, muy seguramente será una fotografía con mucha energía y con una gran dinámica, créame-.

Por otra parte, en la misma nota se puede deducir que según lo relatado por el fotógrafo, mientras hacía la secuencia de imágenes, no entendía lo que estaba sucediendo y no estaba seguro de tener alguna secuencia rescatable. ¿Esto quiere decir, acaso, que su trabajo premiado fue resultado de simple suerte?, no lo creo. Si sucedió así, entonces el profesional registró de manera reactiva, espontánea y sin ningún atisbo de la razón. No se dio a la tarea de ajustar la exposición ni el encuadre, ni ningún otro elemento para obtener una fotografía de calidad. En resumidas cuentas, obtuvo unas imágenes por azar, al parecer. La duda que brota es si en un concurso tan prestigioso se premian las composiciones que se logran por azar, o las que se hacen a consciencia con todo el rigor profesional. Creo que definitivamente no es acertado decir que el fotógrafo no sabía lo que estaba haciendo. El arte de fotografiar jamás puede ser ejecutado de manera mecánica porque es, precisamente eso: un arte.

Pero, al fin y al cabo, el problema no es el premio, que en últimas le otorga visibilidad a toda la complicada situación del país hermano. Sin embargo, queda el sabor agridulce de que el premio lo pudo haber obtenido cualquier otra de la secuencia de fotografías, y no la del joven en llamas.

Culmino estas líneas tratando de contener mi indignación. Y mi frustración aumenta al saber que, aunque esta indignación es colectiva, se disipará al cabo de unos cuantos días y la vida continuará su curso normal, porque definitivamente habitamos en toda una sociedad de espectadores psicópatas.

[1] Artículo 131 CP

[2] https://www.elespectador.com/entretenimiento/medios/el-joven-en-llamas-la-historia-detras-de-la-foto-del-ano-articulo-749687

[3] http://www.lavanguardia.com/tecnologia/20180413/442520968612/world-press-foto-asi-se-hizoi-foto-ganadora-ronaldo-schemidt-tecnica.html

[4] https://www.bluradio.com/mundo/la-dramatica-foto-de-venezuela-en-llamas-que-gano-el-world-press-photo-2018-175129

[5] https://www.bluradio.com/mundo/la-dramatica-foto-de-venezuela-en-llamas-que-gano-el-world-press-photo-2018-175129

 

* Comunicadora social – periodista.

 

 

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