Preservar la paz

Por Danilo Contreras Guzmán *

En los días turbulentos de octubre de 2016 cierto personaje, ahora condenado al ostracismo, fue figura de primera línea. Hablo del doctor Juan Carlos Vélez, gerente, por esas calendas, de la campaña para impulsar el voto negativo en el plebiscito por la paz.

danilo-contrerasEs preciso recordar que preso del paroxismo que pretendió trasmitir a la ciudadanía, el lenguaraz gerente de la campaña del No confesó a un medio de comunicación que la estrategia utilizada para sus fines consistía en buscar “que la gente saliera verraca” a votar, y para ello no tuvo mayor escrúpulo en recurrir a la tergiversación y la manipulación. El triunfo del No provocó que el candoroso doctor Vélez se creyera un nuevo gurú del marketing político, cuando en realidad confesaba el uso sistemático de la mentira como fórmula política y por supuesto una conducta que franqueó los límites del código penal en el capítulo de delitos electorales.

Esa infeliz remembranza se reaviva por estos días, por cuenta de las patéticas noticias que afectan el acontecer nacional y la suerte del agobiado proceso de consolidación de la cesación de la guerra con las Farc. En efecto, no creo recordar mal que una de las falacias que se esgrimieron hasta el cansancio por los partidarios del No consistía en afirmar que el gobierno de Santos entregaba a las Farc, por cuenta de los acuerdos de paz, toda la institucionalidad y la vigencia del Estado Social y Constitucional de Derecho consagrado en la Carta de 1991. Daban a entender que las Farc gobernarían el país y que nada ni nadie en el Estado estarían en capacidad de detener la marcha de los precursores de un modelo Castro chavista.

Ahora, con una astucia que dista poco de lo prosaico, algunos enemigos de la paz agitan como argumento el hecho de la captura de alias Jesús Santrich como la prueba fehaciente de que las profecías que anunciaban los clarividentes del desastre eran ciertas y que en consecuencia el proceso está condenado a un irremediable fracaso.

La difícil situación y el falaz argumento referido me hizo recordar también un interesante y breve documento que circula profusamente en internet. Se trata de las “10 estrategias de manipulación mediática” que al parecer, erróneamente, se atribuyen al filósofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky, cuando en realidad su autoría corresponde al escritor Sylvain Timsit.

Una de esas estrategias consiste, según Timsit, en “crear problemas y después ofrecer soluciones”. Según esto, el manipulador busca crear una situación problemática cuya finalidad es generar una reacción del público para luego autoproclamarse como depositario de la solución.

En este caso el indudable traspiés que significa para el proceso de paz la captura de Santrich como reo de narcotráfico, busca presentarse como la materialización de todas los nefastos anuncios que se realizaron durante la campaña del plebiscito y en consecuencia un indicio grave de la disolución real del Estado Constitucional que nos ha regido. De ese precario y mentiroso sustento pretenden deducir que sin duda es preciso abolir los acuerdos de paz sin más dilaciones conforme lo vienen proponiendo. Hacer ‘trizas’ los acuerdos es la frase que utilizó, descriptivamente, un distinguido dirigente de esa facción ideológica.

Como simple ciudadano no puedo dejar de denunciar esta falacia, que es un engaño a la esencia de la democracia en tanto esta significa el triunfo de la deliberación crítica, pues toda mentira, o verdad a medias, es un atentado contra este principio inalterable.

La captura de Santrich, ante las evidencias que ha conocido la opinión, significa en realidad un remanente de fortaleza de una institucionalidad en crisis, no por una, sino por muchas razones. Era falso, y sigue siéndolo ahora, que el esfuerzo por la paz implique la entrega del Estado al partido de la antigua guerrilla.

En mi humilde parecer, los ciudadanos no deberían seguir atendiendo al discurso mendaz que pretende dar paso atrás a los esfuerzos por minimizar la violencia atroz que ha desangrado a la nación. Es preciso que recurramos a las reservas institucionales que han permitido que la reincorporación de las Farc tenga lugar, pese a los tropiezos que no se pueden ocultar. Esos difíciles avances han significado vidas salvadas y nuevas perspectivas sociales y económicas para la población, sobre todo la del campo.

El ciudadano común, precisa, ahora más que nunca, de una gran capacidad de reflexión y contrastación de información, que les permita tomar decisiones democráticas adecuadas, pues la paz, que es un principio de humanidad de valor sin igual, es la que está en juego.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial