“Agarro balas con la boca”

Por Andrés Betancourt González *

Que soy cachaco (su xenofobia les hace pensar que eso puede ser un insulto). Que la mía no es la campaña de la plata (cosa que me hace sentir orgulloso porque no necesito una chequera para hacer política sino propuestas que construyo con la gente). Que no tengo respaldo político (y pasan por alto que cuento con el apoyo más importante que es el de ciudadanía). Que tengo financiación cuestionable (hoy en la ciudad todo el mundo sabe quién está con quién). Que sobre mí cursan varias demandas (no tengo líos con la justicia, de ninguna índole. Con esta desinformación solo tratan de tapar a quién sí los tiene). Que miembros de mi equipo contrataron a un personaje para divulgar información falsa (basta ver a dicho personaje en una foto con el uniforme de la campaña conservadora para evidenciar lo burdo de ese fallido montaje).

Y así, a punta de panfletos, estigmatizaciones y la puesta en circulación de información falsa, han querido golpear mi honra y desprestigiar mi campaña para intentar ponerme en el mismo lugar de ellos, pero saben que mi carácter, mi criterio y mi independencia hacen de mí un líder diferente.

Mis amigos dicen que todo esto sólo muestra desesperación y falta de altura con el debate democrático que está en juego. Y yo estoy de acuerdo. Desestimaría todos estos ataques sino fuera porque la falta de escrúpulos los llevó a meterse con mi esposa, una mujer honorable a la que siempre he respetado y de quien además me siento muy digno.

Pero, “por sus obras los conoceréis”, dice La Biblia. Y quien tiene por costumbre irrespetar a su mujer, no tiene reparos en calumniar a otras mujeres. Nada más bajo y vergonzoso que eso. Si querían desestabilizarme, humanamente debo reconocer que por un momento lo lograron, porque todo puedo tolerar menos que atenten contra mi familia y el solo rumor de querer orquestar un escándalo en torno a ella desató mi indignación de hombre, de esposo y de líder comprometido con la defensa de los derechos de las mujeres.

Sepan los autores de toda esta guerra sucia que mi compromiso con la ciudad es más grande que sus injurias. Que la experiencia me ha enseñado a “agarrar balas con la boca”, que mientras más intentan atacarme, más grande es mi determinación de ser alcalde y más sumo votos solidarios de la gente que quiere un buen gobierno para Cartagena.

Nuestra ciudad merece que gane la democracia y no la calumnia. Nuestras mujeres son sujetas de derecho y nunca objetos de ataques. Jamás se les ocurra volver a intentar meterse con mi esposa ni violentar a ninguna mujer porque no me temblará el pulso para pelear por sus derechos y defender su honra.

Desde las letras de esta columna hago un llamado a la sensatez y al respeto de la democracia. Retomemos el camino de las ideas y seamos todos dignos de Cartagena hasta el final.

 

* Candidado a la Alcaldía de Cartagena

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