Sin sanción no hay solución

Pronto elegiremos alcalde y los que han envilecido la democracia, unidos y aprovechando la dispersión, pretenden salir de la ingobernabilidad de la que son responsables con la fórmula del más de lo mismo.

Por Rafael Vergara Navarro *

Invito a leer el editorial de El Universal ‘Institucionalidad desbordada’ (hacer click), un  llamado de atención a la mala conducta ciudadana y la de funcionarios que solo hablan y los vapulean, ignoran o exhiben como cómplices del feroz atentado contra los recursos naturales de la ciudad.

La informalidad multiestrato atropella la formalidad y abusa, delinque y se apropia del Territorio, imponiéndose a la soberanía del Estado, violando el orden constitucional y legal que obliga a la autoridad, y a nosotros, a defender el interés general, la sostenibilidad de los cerros, los cuerpos de agua y el bien común.

Se evidencia la inacción de la Fiscalía, el nivel de total impunidad es estímulo del trasgresor para quien el cambio del uso del suelo y el daño a la naturaleza no es delito. Sin sanción penal o ambiental la enfermedad que nos carcome se potencia. Al daño le llaman ‘lote’ y no se reprime la “escritura de posesión”.

Para que se pellizquen, urge solicitar al Establecimiento Público Ambiental -EPA – de Cartagena, a la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique -Cardique – y a la Policía que reporten los controles y sanciones impuestas para impedir el comercio y rellenos con el escombro y material de excavación. Que la Capitanía de Puerto diga cuántas restituciones ha ejecutado la Alcaldía, el Departamento Administrativo de Transporte y Tránsito – Datt relacione las volquetas sancionadas y el relleno sanitario informe el volumen de residuos recibido de cada construcción.

La Cámara Colombiana de la Construcción – Camacol – tiene que apretar y el EPA sancionar a los constructores que, con reprobable viveza, de un pasivo sacan un activo y negocian los residuos peligrosos con los que se rellena y delinque.

Es que en Cartagena se cultiva y exalta el todo se vale, la cultura del atajo, la coartada de la legalidad, la ley de caucho que estira para donde se necesite, la ignorancia y la impunidad como fuentes de ‘derecho’, el derecho a no tener derecho, el prevaricar como garantía de ingresos futuros, el dolo socializado y compartido, la cultura de la incultura, la prescripción de lo imprescriptible, el irritante desacato de las sentencias, la transa o el dar manejo al incumplimiento legal, el amiguismo y el shakirismo: ciegos, sordos y mudos potenciados, la lavada de manos, la ostentación y el peso del privilegio, y dos antivalores muy mexicanos: Jalisco Zapata: la que no ganan la empatan y el año de Hidalgo: chingue a su madre el que deje algo.

Estos antivalores son resultado del imperio del clientelismo y la corrupción que capturó los recursos, negocios y decisiones del Distrito, y que en su afán de favorecer su círculo de poder, lo debilitó. Le cercenaron la capacidad de fortalecerse y liderar las fuerzas sociales y económicas para superar pobreza, incultura y el atraso ‘legitimador’ de los daños y delitos de la informalidad.

Pronto elegiremos alcalde y los que han envilecido la democracia, unidos y aprovechando la dispersión, pretenden salir de la ingobernabilidad de la que son responsables con la fórmula del más de lo mismo.

* Abogado, ambientalista y gestor de Paz

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