La visita a los siete monumentos

La charla de Pedro y Tomás

Pedro y Tomás, los humildes pescadores que confían en sacar peces de la fuente ubicada frente a la puerta principal del Centro de Convenciones Cartagena de Indias, hicieron la tradicional visita de los Jueves Santos a los monumentos. Y en esta ocasión, como en años anteriores, en todas las iglesias visitadas se encontraron con importantes dirigentes locales, a varios de los cuales tenían meses de no ver.

Por Lalo Vivo

Al llegar Pedro y Tomás a la iglesia de San Roque, en Getsemaní, lo primero que observaron fue a un grupo de camarógrafos, fotógrafos y periodistas en medio de un grupo similar de turistas y cuatro o cinco residentes, enfocando sus luces fijas, flashes y grabadoras hacia una persona que, en principio, no alcanzaron a identificar.

– “Debe un personaje de la farándula nacional” – le diría Tomás a su socio y amigo; -“apurémonos a ver si nos obsequia al menos un autógrafo”.

Iglesia de San Roque

– “Que personaje ni qué nada” – respondería Pedro, sonriendo; -“o bueno, sí, es todo un personaje, pero no de la farándula nacional sino de la política local, je, je. Es mi amigo Quinto Guerra, quien parece que vino con toda la familia a rezarle al señor porque todos sus propósitos y los de su familia se cumplan este año”.

-“No creo” – diría Tomás después, mientras se persignaba al entrar a la parroquia, luego de abrirse paso a codazos entre el grupo de camarógrafos, fotógrafos y comunicadores al servicio de la campaña del candidato conservador a la Alcaldía de Cartagena; – “yo creo más bien que están filmando un comercial, un video para colgar en Youtube o algo así. Yo no creo que nadie ande con un grupo tan numeroso de personas solo para venir a rezar”.

-“Tú lo que eres es un mal pensado” – le contestó Pedro; -“ahora solo falta que digas que Quinto, a la mejor manera de Iván Duque en Manizales, se quiso aprovechar de un acto religioso para sus fines electoreros. Definitivamente me resisto a creerlo. Para qué, si ya él tiene ganada la Alcaldía con toda la clase política que lo apoya”.

Iglesia de la Santísima Trinidad

No habían llegado aún a la Plaza de La Trinidad cuando Pedro y Tomás pudieron apreciar las reales dimensiones del poder de WhatsApp y las redes sociales. En cuestión de minutos, decenas de mensajes ya informaban sobre la presencia del dirigente político en el acto religioso, y los comentarios sobre el tema, como sucede siempre en estos casos, ya comenzaban a circular de manera profusa a favor y en contra.

Sin embargo, al acercarse a la iglesia de la Santísima Trinidad vieron, al lado de las escalinatas, a varios trabajadores del Concejo de Cartagena que conversaban animadamente con el expersonero Fabio Castellanos, y al escuchar apartes de lo que debatían pararon literalmente las orejas.

-“Oye, están diciendo que, como la Fiscalía siga dictando medidas de aseguramiento, les va a tocar a ellos sesionar con los pocos concejales que queden libres” – le dijo Tomás a su entrañable amigo; -“y no me disgusta la idea. Aunque sería mejor que sentaran en las curules vacías a los ‘veedores ciudadanos’ que están regados como la verdolaga por todas partes; ¿te imaginas en plena sesión plenaria un debate entre Domingo Puello, Moisés Ariza y Arnulfo Molina, los tres nuevos jurisconsultos? ¡Sería como para alquilar balcón!”

Iglesia de la Tercera Orden

Las dos ‘alegres compadres’ llegaron a la iglesia de La Tercera Orden y aún estaban hablando del Concejo, de los concejales y de los veedores-abogados, y discutiendo de cuál sería el papel de unos y otros en la elección atípica que debía realizarse el próximo 6 de mayo. Y casualmente, al salir del santuario por la puerta principal, se tropezaron literalmente con los concejales David Dáger y Javier Curi, que venían acompañados por varios directivos locales del Partido Liberal.

-“Caramba, ¿en qué andarán las huestes del senador Lidio García?” – preguntó Pedro, sonreído; -“¿vendrán a pedirle al Señor que les de los argumentos necesarios para votar en las elecciones presidenciales por el candidato de un partido con un ideario diametralmente distinto al de su ‘gloriosa’ colectividad?”

Todavía estaban discutiendo sobre si los partidos Liberal y Conservador tendrían o no doctrinas e idearios cuando llegaron a la iglesia San Pedro Claver, desde donde alcanzaron a escuchar una algarabía proveniente de un costado de la estatua pedestre de San Pedro Claver.

Iglesia de San Pedro Claver

-“¡Hey, mira, están tratando de llevarse a la fuerza la carretilla de un vendedor ambulante, y los turistas no dejan…!” – señaló Tomás.

-“Sí, así es, ya ví a Iván Castro, el gerente de Espacio Público; miércoles, y hay un poco de policías y brigadistas, y la gente alborotada” – manifestó Pedro.

-“Qué vaina, sí. Mira que la gente no deja, y hay un poco de gente filmando lo que pasa. Vamos a ver cómo termina esto” – propuso Tomás.

Al acercarse al lugar lo que vieron les pareció deprimente: un grupo de policías y brigadistas de la Oficina de Espacio Público tratando de decomisar unos mangos, a la fuerza, intentando separar de la carreta que los portaba a una pareja de esposos que se aferraba a ella porque, como decían en medio de gritos y llanto, era lo único que les brindaba el sustento a su familia.

-“Qué vaina” – volvió a decir Tomás; – “este es un triste espectáculo que se repite a cada rato, pero yo creo que esta vez, por lo menos, la comunidad internacional va a constatar lo que era apenas un secreto a voces: que la Administración distrital y la mayoría de las autoridades locales no están al servicio de la ciudadanía sino de unos cuantos privilegiados. Fíjate que los mismos que hoy atropellan a esos pobres vendedores, que lo que buscan es poder llevar a sus humildes casas un poco de comida, son los mismos que permiten que varios restauranteros se apropien de calles enteras en los alrededores del Parque de San Diego”.

Catedral de Cartagena

-“Así es” -suspiró Pedro, mirando con tristeza lo que ocurría; – “mira que varios de los que están grabando con sus celulares lo que sucede son, casualmente, periodistas; y afortunadamente no son de aquí, porque los de aquí, seguramente como ya están tan acostumbrados a estos hechos, poco hablan de este tema”.

Casualmente, al salir de La Catedral de Santa Catalina de Alejandría, el quinto monumento que visitaban, vieron a la secretaria del Interior, Yolanda Wong, caminando con ágil paso hacia el Parque de Bolívar.

-“Seguramente va a ver qué ocurrió con el decomiso” – se aventuró a decir Tomás – “ya debe estar enterada de la reacción de la ciudadanía, entre ellos muchos turistas y algunos periodistas, y no creo que esté nada contenta con lo sucedido”.

-“Así es” -expresó Pedro – “yo supe que a ella, en varias oportunidades, le han dicho lo grave que es que el Distrito parezca estar cada vez más al servicio de los poderosos y de la gente de afuera, que de los más necesitados y de la gente de aquí…”

-“Al entrar a la iglesia de Santo Domingo vieron que también llegaban al sitio la secretaria de Infraestructura del Distrito, Clara Calderón, el director de Valorización, Carlos Carmona, y el gerente de Edurbe, Bernardo Pardo, rodeados de varios ediles y líderes barriales.

Iglesia de Santo Domingo

Pero tanto a Pedro como a Tomás lo que más les llamó la atención fue ver que, a un lado de la puerta de la iglesia, se encontraba el dirigente gremial William Murra haciendo un gesto con la mano parecido al que recientemente había realizado un candidato a la Alcaldía.

-“Seguramente está pensando lo que, con comentada franqueza, terminó diciendo el alcalde designado de Cartagena, Sergio Londoño, en unas declaraciones a la prensa local, ¿recuerdas?” – preguntó Tomás.

-“¡Pues claro que recuerdo!” – contestó Pedro, soltando una carcajada que llamó la atención de una pareja de turistas que pasaban a su lado, que lo miraron de arriba a abajo como a un bicho raro. -“Quién no se acuerda de esa frase de Londoño, que se volvió viral en las redes…”

Iglesia de Santo Toribio

Y al llegar a la iglesia de Santo Toribio, la séptima y última que habrían de visitar esa noche de Jueves Santo, Tomás exclamó en voz alta, como si estuviera dando un discurso en plaza pública: -“¡Definitivamente, no se si tú, y si lo habrán hecho también las demás personas que visitaron como nosotros los siete monumentos, atendiendo la tradicional cristiana, pero yo en todas las iglesias recé por nuestra ciudad, porque salga pronto de esta crisis que pareciera no tener final por física negligencia y abulia de su gente!”

-“¡Pues claro que recé por Cartagena!” -aseveró Pedro, contagiándose del entusiasmo de su eterno compañero – “y recé también porque tú, y las demás personas que son como tú, no sigan hablando de crisis, y de cómo solucionar la crisis, y de las graves consecuencias de esta crisis, y sin embargo al momento de votar lo hacen por los causantes de la grave situación que vivimos, o por los candidatos que estos pongan, lo que es una contradicción más grande que estas hermosas iglesias que acabamos de visitar”.

 

Otras visitas:

– La visita a los siete monumentos – I

– La visita a los siete monumentos – II

La visita a los siete monumentos -III

 

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