El panorama político

Por Raúl Guerrero Durango *

Voy a expresar mi opinión, y lo voy a decir de entrada. El gran ganador en las elecciones tanto en la consulta como en las parlamentarias es el ya candidato oficial, doctor Iván Duque Márquez. Él ya se contó: obtuvo, producto de su coalición, seis millones de votos. Esa sola circunstancia lo pone en el partidor con el combustible más lleno que todos los demás, y quiéranlo sus detractores o no, ya tiene una ventaja relativa respecto de los otros aspirantes en la contienda.

Entonces, seis millones de votos son tan significativos que rompió expectativas y esquemas en la historia de las consultas; no conozco parangón. Recoge, por tanto, de forma transversal, todas las clases sociales, sectores de opinión, empresarios, trabajadores y, por sobre todo, la clase media que aspira a restaurar el orden y la institucionalidad. ¿Derrotar eso? Lo veo muy complicado. Pero es que, además, el ganador cuenta con una no despreciable bancada de diecinueve senadores y treinta y dos representantes a la Cámara de su partido Centro Democrático, lo que le otorga una peso específico político digno de respetar, si tenemos en cuenta que esa votación es producto de la admiración que no pocos colombianos le tienen al señor expresidente de la República, doctor Álvaro Uribe y su legado, independientemente de sus errores e inclusive del desgaste natural al que se ha sometido en estos últimos ocho años de inclemente manduco gubernamental.

Otro ponderable a su favor es su candidata a vicepresidente, la doctora Martha Lucía Ramírez, quien no solo aportó más de un millón de votos sino que tiene el prestigio y liderazgo nacional para engalanar ese proyecto político y hacerlo mucho más respetable ante la opinión pública que espera mucho de ella.

Por otro lado, sinceramente considero que el doctor Germán Vargas Lleras, candidato valioso, con carácter y buen programa, no la tiene fácil, ya que en realidad pienso que el doctor Vargas necesitaba que el doctor Duque obtuviera menos de dos millones de votos para entonces poder ser una alternativa viable dentro de la derecha en la primera vuelta. Por lo tanto, es posible que sea lánguida la obra electoral de la maquinaria a la cual le apostó, pese a que su partido creció en curules, en especial porque a todos los gamonales regionales se les acabó el oxígeno en los pulmones financieros para movilizar sus miles de votos, y volverlo a tanquear supondría un costo tan alto que nadie está dispuesto a asumir de forma directa en tiempos de primera vuelta.

En ese sentido, apostarle a que la sumatoria de curules que incluye su bancada y otros que se arrimen, como La U, lo hará victorioso, no deja de ser una ilusión obligada de quienes están comprometidos desde lo partidista, la conveniencia de algunos, y de quienes tienen la imperiosa necesidad de salvar su pellejo.

Es por eso que el argumento consistente en que los votos obtenidos por el doctor Duque muchos pertenecen a otros partidos, y que fue producto de un rechazo contra Petro, no es que sea falso; es que no vale de nada, ya que a la larga, votaron efectivamente por él, esos votos son de él, y los representa él. Punto. Si por un momento nos ubicamos en la racionalidad del político y del votante, elemental es concluir que todo el mundo se arrima al ganador. De todas formas, no es para menosprecio la infraestructura política del doctor Vargas Lleras quien está preparado y listo para combatir con todo su arsenal, y duro.

En otro terreno, la otra opción aparentemente competitiva es el doctor Gustavo Petro. Es un caudillo inteligente con delirio gaitanista que muy sabiamente ha sabido recoger a su favor toda una reserva democrática de izquierda, y de gente cansada de la explosión de la burbuja de la corrupción. Sus debilidades las tiene, y muchas, pues al parecer llegó a su tope; no da para marcar más; su soberbia lo hace repelente ante el elector; su legado en Bogotá no es su mejor carta de presentación y, peor aún, su falta de firmeza en contra de la dictadura venezolana lo exponen como una alta amenaza y riesgo para el desarrollo empresarial, así como un catalizador de la anarquía social.

Finalmente, el señor Fajardo, quien inicialmente marcó alto, se desinfla como suflé, seguramente porque en realidad no representa nada, no se sabe qué es, y una unión con el doctor Petro no parece viable, ya que dos egos tipo catedral como la de estos dos candidatos torna complicado que se mezclen.

Conclusión, veo al doctor Duque como un buen representante de una derecha renovada, es equilibrado, sensato, inteligente, preparado y propone soluciones. Por eso, invito a todos los goditos a que transiten por los senderos de Duque antes de la primera vuelta. Para la segunda solo serían unos adheridos.

Pese a lo anterior, nada está ganado, esto apenas comienza; sin triunfalismos y concentrado, sin atacar a Petro porque así lo fortalece, con cautela y buenas alianzas, el éxito llega.

Sobre los demás aspirantes, no vale la pena gastar tinta.

* Abogado, Especialista en Derecho Administrativo y Magister en Derecho Económico; docente universitario y exprocurador Regional de Bolívar.

 

 

 

1 Comment

  1. Porfirio dice:

    Mejor dicho, según este este análisis… ¡apaga y vámonos!… ¡que se lo eche al hombre y lo cargue!

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