La riña de los presidenciables

diana-mtz2Diana Martínez Berrocal *

Es necesario que analicemos lo que está ocurriendo en el debate democrático para las elecciones presidenciales. Hay que volver a plantearse cuál es el papel de la palabra y de la crítica. Lo que está en juego es algo que nos afecta a todos y nos compromete a todos. Esto no debe ser un enfrentamiento de brutalidades sino un combate en el sentido político del término, es decir, un combate que no quiere simplemente humillar adversarios sino desplazar ideas y sustituirlas por otras mejores.

En la democracia debemos estar abiertos a la persuasión social y no enquistarnos en dogmas y posiciones inamovibles. Hay personas que tienden a decir: “bueno, esa es tú opinión y yo tengo la mía”. La opinión no es como la nariz que cada quien tiene la suya y no se la puede quitar (y nos toca sonarnos cada uno la nuestra, pues no hay forma de compartirla), todo lo contrario, la opinión es algo que se coloca en el centro de un debate para ser discutido. Discutere en latín, significa tirar de un árbol o una planta para ver si tiene raíces, para ver si esta enraizado en la realidad o no. Discutir una opinión es ver si tiene raíces en la realidad o no las tiene, y esa discusión es fundamental en la democracia.

Es una tontería decir que todas las opiniones son respetables; eso es claro; lo que hay que respetar son las personas, no las opiniones. Recuerdo un verso de Antonio Machado: “No tú verdad, la verdad, y ven conmigo a buscarla; la tuya, guárdatela”. Es decir, no se trata de tu verdad o de mi verdad sino la que solo se encuentra a través de un esfuerzo común.

Es por ello que el populismo es la democracia de los ignorantes, pero no ignorantes como aquellos que no saben nociones científicas o históricas en líneas generales, pues supongo que hay muchos ciudadanos (y me incluyo) que no saben cuál es la función fanerógama de las plantas, o por ejemplo dónde está ubicado en el mapa Kazajistán; pero bueno, eso lo podemos buscar en Google, o en Wikipedia… pero en cambio la ignorancia peligrosa para los ciudadanos es la que no comprende las argumentaciones o que es incapaz de exponer las demandas sociales basándose en una argumentación, es decir, aquellos que no pueden ser persuadidos, ni saben persuadir.

El primer detalle de los populistas es que siempre, cuando entran en política, empiezan a hablar de los políticos como si fueran otros, porque ellos no son políticos sino personas honradas; dan a entender que la política es una cosa que hay que dejar de lado (hacer panes sin panaderos) y que hay que dedicarse a la intuición y al arrebato emocional que es lo que verdaderamente cuenta.

Hoy lo que tenemos es ese fuego constante que no está centrado en nada y se quema a sí mismo y, por supuesto, quema al país. No existe un debate de ideas sino un enfrentamiento personal, donde cada quien insulta al otro, pero no propone nada; donde pululan las difamaciones, las falsas noticias, la mentira, la cizaña, la persecución; donde nos amenazan con que la izquierda nos va a convertir en Cuba o Venezuela, como si la derecha nos llevara a convertirnos en Suiza o Japón.

Había un teólogo Alemán que tenía un lema que bien podría servir para estos debates electorales: “En lo necesario, unidad. En lo no necesario, diversidad. Y siempre, caridad”.

Es decir, los temas imprescindibles y básicos, que son los temas de la moral, la ética y  los derechos humanos… hay que defenderlos lo más unidos posible. En la orientación de cuáles van a ser las opciones ciudadanas, las opciones políticas y cómo se resuelven los problemas de la comunidad… allí debe haber confrontación y libertad. Y la caridad es… que siempre exista una armonía crítica como fuente de la verdad.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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