El fantasma del socialismo-comunismo en el siglo XXI

Por Johana Bueno Álvarez *

A tres meses de la consulta donde los colombianos elegiremos a quien estará al frente del poder ejecutivo representándonos, se vive un ambiente que refleja el escenario de un país profundamente dividido.

A diferencia de las letales armas de la milicia, la que ahora pretende aniquilar al contrincante es la difamación donde las terroríficas balas son las mentiras replicadas en redes sociales y otros escenarios que gran parte de la población iletrada, y aún la letrada, termina aceptando como verdad absoluta.

Para nadie es un secreto que nuestra democracia está malograda, que vivimos en un país donde los actos de corrupción sobrepasaron todos los mínimos de moralidad y ética. Es por ello que se hace impostergable dejar de lado el fanatismo.

El fantasma del ‘castrochavismo’ – palabra inventada que está de moda – cada día toma más fuerza. Lo que atemoriza de esta palabra es la acción dicotómica de la abundancia y la escasez, de la libertad y la opresión, de la justicia y la injusticia, de la paz y la guerra. Y, más allá de esto, es el miedo a la implementación de un modelo social, político y económico dictatorial que la izquierda extremista y radical implementó en países como Cuba y Venezuela.

Ante la polarización que crece a cada minuto, quiero consecuentemente expresarme respecto a tres puntos álgidos.

El primero es no caer en el juego donde nos inyectan terror utilizando los medios masivos de comunicación que a la final terminan confundiendo y desestabilizando el electorado. La famosa palabra: ‘castochavismo’, retumba hasta convertirse en ‘argumento’ politiquero y barato utilizado para hacer ‘proselitismo’.

El segundo punto, básicamente, consiste en acreditar que sí existen países donde la social-democracia ha sido un éxito y sus habitantes viven un estado de bienestar gracias a una óptima redistribución del ingreso primando el interés general.

La transición hacia ese modelo contiene cambios graduales que no se deslindan del capitalismo al cual se reconoce como la fuente de producción. Un ejemplo de estos son los países nórdicos como Dinamarca, Noruega y Bélgica.

En América Latina, Ecuador es el claro ejemplo del éxito de un modelo del socialismo moderno que respeta los principios de esta corriente. La medida de desigualdad (coeficiente de Gini) es de 0.47, reflejándose en inversión pública sobre todo en infraestructura, programas sociales pensados en el fortalecimiento de la economía como valor agregado, donde se le facilita el acceso a jóvenes a la educación superior de calidad, etc, etc. Entre otros ejemplos para tener en cuenta son Chile y Uruguay.

El tercer y último punto -para mí es el más crucial – es aclarar que la corriente izquierdista que pregonaban Fidel Castro y Hugo Chávez son extremistas radicales… lejos de ser de corte progresista.

Venezuela vive el resultado de un modelo económico que fracasó, donde sus principios están basados en una economía de mercados controlados gracias a la abundancia petrolera, una crisis política que se debe al control absoluto de las ramas del poder público, y se traduce en tener a favor el parlamento, el Tribunal Superior de la Judicatura y la fuerza pública, y una crisis humanitaria que se deriva de la mezquindad e indolencia de un Gobierno radical de extrema izquierda.

En ese sentido, son dos realidades históricas circunstanciales muy opuestas donde, más allá de una doctrina, lo que podemos ver son acciones ortodoxas no pensadas en las reformas sociales y democráticas, la garantía de los derechos humanos y el bienestar de la sociedad. Una dictadura sin igual.

PDT: No seamos multiplicadores de la mentira, no promovamos una crisis de afectividad logrando el distanciamiento, no seamos instrumentos para replicar el odio; más bien aprovechemos el contexto para abrirnos a debates con argumentos. Practiquemos la democracia con pulcritud.

* Médica especialista en Gestión de la Calidad y Auditoría en Salud; vinculada a Comfamiliar-EPS y a la Secretaría de Salud de Bolívar.

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