Ana Belén y Víctor Manuel: de la oscuridad a la democracia

Por Moraima Salom Villalba *

Víctor Manuel (cantante y compositor) y Ana Belén (actriz y cantante) acaban de cumplir 50 años de vida artística, el tiempo que también llevan juntos como pareja desde que se conocieron en 1971, cuando ella se encontraba de gira por España con la obra de teatro ‘Un sabor a miel’ y en Coruña (al noreste de la península), al llegar al hotel, una de las actrices le presentó a un cantante (Víctor Manuel), que venía acompañado de otro cantante: Julio Iglesias. Ambos se habían unido en aquella ocasión para hacer una serie de conciertos. Ese mismo año Ana empezó una película con el director Gonzalo Suárez, quien le preguntó a Víctor si le gustaría hacer una película y él, sin pensarlo dos veces, dijo que sí. Allí coincidieron y se enamoraron.

Época del franquismo

Cuando Ana empezó su carrera de actuación, en España todavía no había llegado la televisión y se escuchaba mucho la radio donde se presentaba una variedad de emisoras y de concursos. Uno de éstos era ‘Vale todo’, competición para cantar rapsodas, coplas y canción moderna. A los 10 años de edad empezó a participar en uno de estos eventos por iniciativa de una maestra y así continúo por largo tiempo, hasta que se ganó uno muy especial a los 13 años, cuyo premio consistía en la participación en el rodaje de una película titulada ‘Zampo y yo’, primera película en la que actuó y resultó un fracaso; en ese proceso conoció al director Miguel Narros, quien dirigía una escuela de teatro, y allí permaneció durante cuatro años estudiando y haciendo teatro clásico.

Para Víctor la radio también ha sido fundamental en su carrera; a través de ella escuchó a Gilbert Bècaud y Charles Aznavour, cantantes franceses que le mostraron lo que se podía hacer con una letra y con el canto. Entendió que no era necesario tener una gran voz sino saber comunicar. Con estos maestros emprendió la tarea de componer canciones, muchas de las cuales no ha grabado. Como había que presentar el texto de las canciones a la censura y Víctor ha sido un militante que componía música empezó a tener conflictos como cantante. Entre 1975 y 1982 escribió canciones de urgencia que a los quince días ya eran obsoletas. Eran los tiempos del franquismo y había censura de canciones como esa que dice: “Se va el caimán, se va el caimán, se va para la Barranquilla”, recordó Víctor y agregó “se creía que el dictador se iba para Barranquilla y no se podía escuchar”.

El franquismo impuso una ‘moralidad oficial’ de hostilidad hacia la vida que restringía las iniciativas y libertades individuales. El cine, la música, el teatro o cualquier publicación tenían que pasar por la censura con el argumento de proteger la moralidad. Las mujeres son el punto de atención de esta forma de vida, pues no tenían ninguna posibilidad de autorrealización ni en lo público ni en lo privado; todo lo que hacían estaba mal visto. Ir al cine, divertirse con los amigos o ser cantante era pecado.

Esa convergencia artística con su relación de pareja y su militancia política sobresale entre cualquier matrimonio del medio. Compartir el escenario ha sido una de sus insignias, algo que descubrieron entre los cantantes de Brasil en la década del setenta. Ana, en una entrevista, dijo: “Víctor y yo fuimos de los primeros en hacer esto en España. Ahora se hace más. Antes había cierto egoísmo dentro de la música”. Además, como artistas crecieron y se hicieron el uno al otro. Recuerda Víctor que Ana tenía un director de música que la llevaba por los caminos de los musicales americanos y el jazz, y entonces le sugirió otras canciones como ‘Lía’ y como no tenía un repertorio le escribió una serie de canciones para que ella retomara su carrera como cantante. Y tuvo la sinceridad de afirmar en el conversatorio: “como artista, no sé qué hubiera sido de mi sin Ana Belén”.

En medio de días tan oscuros, esa convergencia estaba tan clara que lo único que buscaban era: libertad, democracia y compartir escenario, y esos valores solo los podían experimentar por medio de la música. Una conciencia llena de esperanzas, una voluntad de vivir aunque tuvieran que leer y escuchar entre líneas.

La democracia

La historia de una niña que nació en un barrio popular que le gustaba cantar llegó a su clímax al recibir el Premio Goya de Honor (2017), en una ceremonia emotiva donde estaban en primera fila su marido y su gran amigo Joan Manuel Serrat para ser testigos de lo que había logrado la hija de una portera de edificio, a la que en sus inicios como artista querían desdeñar pero sucedió lo contrario, porque con impulso y estudio construyó su vida haciendo de ella una huerta para la creatividad. Una mujer que reivindica a todos aquellos que nunca han renunciado a sus orígenes sin necesidad de las absurdas vanidades. Una mujer que ama la alegría y es símbolo de los nuevos valores que surgían.

Epílogo

El dúo estuvo en el Hay Festival -2018 y conversó con el periodista Roberto Pombo en torno a sus vidas como pareja y artistas en el Teatro Adolfo Mejía, que estaba lleno con un público enardecido cuando para el final del conversatorio cantaron dos canciones, acompañados por el guitarrista colombiano John Ubaque Vásquez, conocido como Dartagnan: No sé porque te quiero y Contamíname.

* Comunicadora social

 

 

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