El cartel del trapo

Por Rodolfo Díaz Wright *

Un carro destartalado y ruidoso se aventuró zigzagueando por la Calle de la Moneda y se detuvo abruptamente en la San Agustín. De su interior salió un hombre descamisado y jadeante que, rápidamente, retiró dos cartones, sujetos al vidrio panorámico con las plumillas limpiavidrios. Los arrojó al suelo, se embarcó refunfuñando y siguió su loca carrera.

A pesar de lo cinematográfica que fue la actuación del atrevido conductor, casi nadie se asombró y, si acaso, llamó la atención el hecho de que al hombre le faltaba uno de los brazos. De hecho, no faltaron los eternos guasones, sentados en la placita de los estudiantes, que le gritaron en coro: “ Mocho, te coge la grúa”.

Efectivamente, ya la gente perdió la capacidad de asombro ante estas situaciones, frecuentes en el Centro Histórico de Cartagena, escenario en el que conviven en extraña armonía: la falta de parqueaderos, la ausencia casi total de autoridades de tránsito y de policía, una inimaginable colección de carretillas con ventas ambulantes y la aparición sorpresiva de una grúa decrépita, que, sin fórmula de juicio, arrastra al más pendejo, que no tenga su chofer de reemplazo, armado de un mazo de llaves de carros mal estacionados.

A este grupo de choferes de emergencia, que los mamadores de gallo del Parque de Las Flores llama ‘El Cartel del Trapo’, pertenece el muchacho estrafalario que huía despavorido de la grúa. Al igual que él, otros jóvenes arrancan con los vehículos a dar vueltas por el Centro, hasta cuando la grúa desaparece y todo vuelve a la anormal normalidad.

La movilidad de Cartagena es en realidad un tema complejo: a la natural falta de vías agravada por el crecimiento vegetativo del número de autos, se suman otra serie de problemas estructurales y coyunturales que hay que abordar con seriedad, dentro de los planes de mejoramiento que todos y cada uno de los candidatos a la Alcaldía han prometido desde el tiempo del ruido. Falta de parqueaderos públicos, falta de decisión a la hora de prohibir el parqueo, vendedores ambulantes y estacionarios, indisciplina ciudadana y los inefables vehículos oficiales y de turistas, que tienen derecho a todo sin dar explicaciones.

Como si fuera poco ya cada quien ha decidido tomarse el control de la movilidad por su propia mano: se compran conos y postes anaranjados, reflectivos y se instalan y bloquean vías a voluntad del usuario. Una grupo de personas de la calle se han armado de paletas de Pare y Siga y controlan el tráfico, a cambio de monedas, en las principales vías de la ciudad.  Para completar, las propias autoridades distritales y de policía, con su extraña afición oficial a bloquear vías con barandas, las cuales dejan arrumadas en las esquinas para evitarse el trabajo de quitarlas llevarlas y volverlas a poner.

Entrevisté al muchacho que se metió con la carcacha por el Centro y entre divertido y preocupado me contestó. “Vea docto la gente lo ataca a uno, pero ajá yo tengo que llevá la comida a la casa”

* Ingeniero Químico, abogado especialista en Alta Gerencia, Derecho Público y Ciencias Penales y Criminológicas y máster en Derecho Penal Internacional.

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