Un monstruo llamado racismo

Por Francisco Javier Flórez Bolívar *

Steven Pinker, reconocido profesor de psicología experimental en Harvard University, sintetizó mediante una cruda y, a la vez, brillante analogía la capacidad que tienen algunas personas para conformarse con la existencia de unas creencias que asumen como naturales: “si te está persiguiendo un tigre, puedes obtener consuelo creyendo que es un conejo. Pero en realidad es un tigre y te va a comer”.

Evoqué esta iluminadora analogía de Pinker al observar la forma en que varios internautas simplificaron y naturalizaron las imágenes racistas que circularon en las redes burlándose de la apariencia física de Davina Bennett, candidata de Jamaica al reinado universal de la belleza que se celebró recientemente. Esta atractiva mujer, de buen porte, sonrisa generosa y respuestas bien estructuradas, fue objeto de burlas porque durante el citado certamen lució su cabello rizado en forma de afro. Embebidos en sus prejuicios, hubo quienes preguntaron -al observar el voluminoso afro de la candidata- en qué lugar le iban a poner la corona, en caso de ser electa. También sacaron a relucir comparaciones con jugadores negros de la selección colombiana de futbol que usan el cabello de igual forma, y no pocos la representaron como una mujer mal vestida y desarreglada.

Las redes sociales, convertidas en trincheras en las que las emociones suelen ejercer su imperio sobre las razones, terminaron de mostrar las múltiples facetas que caracterizan a ese monstruo llamado racismo. Ante las voces de quienes consideraron que tales memes eran una clara estigmatización racial, la negación fue la carta utilizada para desdibujar el linchamiento mediático de que fue objeto Bennet.

Algunos, aunque aclararon que eran conscientes de la necesidad de defender la diversidad racial, sugirieron que el lenguaje políticamente correcto que ahora en toda parte ve racismo les estaba robando el ‘derecho a la burla’. Otros, aun conociendo las implicaciones de las representaciones en la reproducción de estereotipos, calificaron las críticas como una suerte de ataque a la posibilidad que tienen las personas de relativizar los ideales de belleza.

Tanto las imágenes que convirtieron en objeto de burla a Miss Jamaica, como las reacciones de quienes se declararon fastidiados por la asociación entre las mismas y el racismo, están minimizando el lugar que históricamente las representaciones han tenido en la construcción de las ideologías raciales. Las imágenes, parafraseando al teórico jamaiquino Stuart Hall, son artefactos que ayudan a forjar, desarrollar y reproducir regímenes de representación racial. Marcos discursivos y visuales mediante los cuales se define -en clave binaria- lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, lo civilizado y lo bárbaro.

Quienes tengan duda sobre el rol que juegan las imágenes en la naturalización de prácticas y discursos racistas los invito a que revisen algunas experiencias visuales que marcaron la vida de varios grupos sociales en el siglo XX. Pueden iniciar ese recorrido con el rol que tuvo la película The Birth of a Nation (1915) en la propagación del racismo, en la legitimación de las ideologías defendidas por los supremacistas blancos, y en la inferiorización de la población afroamericana. Notaran que a través de esa película, ambientada durante el período de la Reconstrucción en el sur de los Estados Unidos, no sólo se reforzaron estereotipos de los afroamericanos como ignorantes, violadores de mujeres blancas y propensos a vivir borrachos. También se proyectó la imagen de los miembros del KuKluxKlan como unos justicieros que, a través de actos heroicos, defendieron a la sociedad blanca de la irrupción de los libertos tras la abolición de la esclavitud (1865).

La nefasta trayectoria de ese peligroso coctel de estética y racismo la pueden seguir a través de la lectura de la abundante literatura existente sobre la centralidad que el régimen nazi le dio al poder de la imagen. Comprenderán que las representaciones fueron instrumentalizadas para construir el perfil de los judíos como indeseables, al tiempo que glorificaron la existencia de la raza aria. Por ejemplo, la película El triunfo de la voluntad (1935) fue concebida para exaltar la figura de Hitler y las ideas del nacional-socialismo, mientras que El Judío eterno (1940) caracterizó a los integrantes de esa comunidad como una raza parasitaria, degenerada, entregada a la usura y al sexo.

Estos dos ejemplos, que muestran el poder de las imágenes para legitimar  las acciones extremistas de los regímenes raciales de Estados Unidos y Alemania, revelan que la raza es más que un juego. Sus efectos, pese a quienes insisten en negarlos, siguen marcando las vidas de las personas de origen afrodescendiente.

Acá les comparto una experiencia familiar con la que hemos estado lidiando desde hace un año y que sirve para ilustrar lo anotado. Mi pequeña hija Manuela, cabello rizado, piel inconfundiblemente negra y para entonces dos años de edad, se encontraba jugando en la piscina del edificio en que reside. Ella, encantadora y amigable, quiso aproximarse a un par de niños que también se aprestaban a bañarse. El menor de ellos (unos tres años), evitó un abrazo de mi niña y se refugió en las piernas de su abuela. Hasta allí la reacción normal de un niño tímido frente a una con personalidad extrovertida y efusiva. Sin embargo, su hermanito mayor (7 años) se dirigió a Manuela y, a partir del usual afro que ella usa y su color de piel, lanzó una de esas frases que –por lo lacerante- deseas que tus hijos no tengan que escuchar en todas las vidas existentes: “no juguemos con ella  porque ella es una niña negra”. Y acto seguido, en su rol de hermano mayor, le aconsejó que se fueran porque seguramente “ella no vive aquí”.

¿De dónde sacó ese niño tan dolorosa frase? ¿Cómo ha ido dando forma a esa conciencia de lugar que supone que cada grupo racial debe residir en determinados espacios? Quienes hemos estudiado las dinámicas raciales no tenemos ninguna duda al respecto. Ese último niño, tan víctima como Manuela de la sociedad racista en la que están creciendo, reprodujo las visiones sobre las personas negras que ha escuchado en su casa,la escuela o los medios masivos de comunicación. Esas ideas no surgen de manera natural, son creadas.  Como lo expresó con total claridad el ya fallecido líder surafricano Nelson Mandela, “nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión”.

Ese conjunto de dañinos prejuicios – hay que insistir una y otra vez- son socialmente construidos y, en esa construcción, los discursos e imágenes tienen un peso más determinante que el que suponen quienes han desestimado el carácter racista de los memes en contra de Davina Bennett. Afortunadamente, como también anota el ya citado Mandela, así como la gente aprende a odiar, “también se les puede enseñar a amar”.

Claro está, para que esto último ocurra los ciudadanos deben dejar de reproducir imágenes y discursos que normalizan estereotipos y legitiman discursos racistas que se anidan en la mentalidad de potenciales discriminadores y destruyen el autoestima de todos los sujetos discriminados. Y es imperativo también que, parafraseando a Steven Pinker, asuman que el racismo no es un adorable conejo, sino un tigre que cotidianamente nos acecha y busca comerse el bien más preciado de la sociedad: la igualdad.

* Historiador de la Universidad de Cartagena, con Maestría en Historia, Graduate Certicate in Latin American Studies y PH. D en Historia de la Universidad de Pittsburgh.

 

3 Comments

  1. Gabriel Pérez Crespo dice:

    ¿Para qué sirve la historia ?
    Esta, es una de esas reflexiones que permiten explicar al público no especializado el por qué la historia o el para qué sirve está disciplina.

    No queda más que felicitar al profesor Francisco Flórez por brindarnos a los lectores tan profunda e interesante reflexión.

  2. Francisco Javier Flórez Bolívar dice:

    Muchas gracias Gabriel por leer y comentar el artículo.

  3. Bernarda Caraballo dice:

    Bien escrito, pero ahora quieren ver racismo en todos lados. Dejen que la gente se exprese como quiera, no entiendo que tiene que ver los memes con lo que le paso a la niña en la piscina.

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