El Fracaso de la nación y su aporte al 11 de Noviembre

Por Francisco Javier Flórez Bolívar *

Le escuché recientemente al ensayista William Ospina que pocas veces se presenta el milagro de que las historias encuentran el autor que las escriba y narre de manera excepcional. Esta fascinante frase bien puede aplicarse a la historia de la participación de los sectores negros y mulatos en las luchas por la Independencia de Cartagena. Casi que desde el mismo momento en que se consumó la definitiva independencia de los actuales territorios colombianos, surgieron voces que hicieron alusión a esa participación. La que hizo José Manuel Restrepo, en su obra Historia de la revolución de la república de Colombia (1827), se redujo a caracterizar a los sectores populares como instrumentos ciegos que, al calor del alcohol, fueron manipuladas por las élites, quienes -en su concepto- fueron las exclusivas protagonistas de la gesta independentista.

En las primeras décadas del siglo XX, en el marco del primer centenario de la Independencia de Cartagena, la terca memoria popular luchaba para no quedar reducida a la representación realizada por Restrepo. Cada 11 de Noviembre, miembros de las organizaciones artesanales llevaban ofrendas florales a la casa de Pedro Romero, un líder mulato de la gesta independentista. Gobernadores negros conocedores de ese destacado rol, entre ellos Manuel Francisco Obregón Flórez, hablaron de la “figura imponente de aquella muchedumbre que viene de Getsemaní”, que se detuvo en el Palacio de la Proclamación, y “ardorosa e intrépida”, exigió que la junta suprema proclamara, “por modo absoluto, la emancipación firme y rotunda” de la corona española. Algunos textos de los años 60 del siglo XX, entre esos Más allá de la historia (1961), del escritor negro José Morillo, hablaban de Romero como “símbolo en la revolución política”.

En los años ochenta y noventa del siglo XX, la interpretación imperante, sin embargo, era la que el escritor Eduardo Lemaitre–basándose en las afirmaciones que hizo José Manuel Restrepo, había construido sobre el rol de los sectores populares en su Historia General de Cartagena (1983). Una en la que la fecha definitiva de la independencia (11 de noviembre de 1811) se reducía a un “motín popular”, en el que el pueblo era descrito como una masa que “vociferaba, enardecido y envalentonado, por los efectos del alcohol, que Gabriel Piñeres había hecho repartir copiosamente”. En otras palabras, se trataba de una masa irracional, manipulada, sin horizontes y expectativas políticas que defender en el marco de los cambios que estaban operando durante las luchas independentistas.

A finales de la década del noventa, una historia que se negaba a perder su complejidad finalmente encontró el autor que la elevó al estatus historiográfico que merecía: Alfonso Múnera. Poseedor de una pluma fina y propietario de una intuición inigualable, Múnera no dudó en asociar la participación de los sectores populares en la independencia de Cartagena con sus ansias por lograr la consecución de la igualdad. Acceso sin barreras a la educación y la búsqueda del estatus de ciudadanos, en el marco de una crisis económica que vivía la ciudad y problemas de legitimidad política a nivel imperial, fueron las motivaciones que llevaron a que sectores negros y mulatos –encabezados por Romero- radicalizaran el movimiento de independencia de Cartagena.

Esta hipótesis –consignada en un libro que Múnera tituló El fracaso de la nación (1998)- generó un intenso debate en la historiografía colombiana. Reputados historiadores, como Hermes Tovar y Mauricio Archila, aunque no compartían la historia ‘ciega, sorda y muda’ de Lemaitre, se mostraron escépticos ante el planteamiento de Múnera. El primero tildó su interpretación de “embeleco racial”, mientras al segundo le parecieron muy modernos unos sujetos negros y mulatos reclamando ciudadanía a comienzos del siglo XIX.

Casi veinte años después de publicarse El Fracaso de la Nación, exceptuando a algunos aficionados a la historia, ningún historiador serio niega el rol definitivo que los habitantes negros y mulatos tuvieron en la independencia de Cartagena. A nivel historiográfico, el libro de Múnera cambió de una vez y para siempre la forma de narrar la participación de estos sectores en los procesos independentistas y en la construcción de la nación colombiana. Y en términos de apropiación social del conocimiento, logró que los cartageneros pensaran la independencia de su ciudad más allá del rol de los tradicionales mártires, generando referentes que contribuyeron a fortalecer el contenido popular de las fiestas del 11 de Noviembre.

Ahora que las voces de privatización de las citadas fiestas vuelven a resurgir y la escritura de la memoria oficial de la ciudad y el Departamento de Bolívar se le ha otorgado a aficionados de la historia, es recomendable que no se pierda de vista la compleja historia que Alfonso Múnera narró a través de El Fracaso de la nación. Esa historia, como suele ocurrir con los libros que según William Ospina andan en búsqueda de sus escritores, tardó cerca de dos siglos en encontrar el autor que la narrará de manera excepcional.

Nota: a propósito de Mauricio Archila, es necesario que todos aquellos que hemos conocido sus aportes a la historiografía colombiana rechacemos los viles señalamientos que el expresidente Álvaro Uribe Vélez hizo sobre la elección de este historiador como miembro de la Comisión de la Verdad. Antes que un “apologista del terrorismo”, como señaló Uribe Vélez, es un intelectual comprometido con su profesión y con la comprensión de los procesos históricos que han marcado la realidad social y política de Colombia.

* Historiador de la Universidad de Cartagena, con Maestría en Historia, Graduate Certicate in Latin American Studies y PH. D en Historia de la Universidad de Pittsburgh. 

3 Comments

  1. Leguis dice:

    Nada extraño debe resultarnos el que las posturas centralistas de la historiografia nacional, vean con ojos desdeñables, las opiniones que replantean un conteo tradicional y repetitivo de los sucesos de la independencia, narrados por Restrepo desde principios del siglo XX. Estas narraciones repiten posturas que al final resultan racialistas al no querer aceptar que los negros, mulatos y demas cruces etnicos, puedan asumir posturas politicas; como si las expresiones politicas sean exclusivas de los blancos de clima frío; como que los negros no piensan, no son lideres, no pueden mas que ser borrachos y parranderos.

  2. Guillermo Palomino dice:

    Me parece muy interesante el esfuerzo que hace usted y el profesor Munera por sacar el discurso histórico a la calle, aunque, es cierto, muy pocos fuera del circulo profesional de historiadores tenemos la suerte de conocer y admirar la re-escritura histórica de nuestra identidad costeña que se ha venido gestando desde la irrupción de este libro del profesor Munera. Admirable, en esencia, por re-escribir una historia moralmente comprometida con la comunidad a la que pertenece, además, por orientar como usted lo menciona el debate hacia un reconocimiento de la importancia de la coyuntura racial en la gestación de nuestra independencia.

    • Francisco Javier Florez Bolivar dice:

      Muchas gracias por leer el texto y por compartir tus impresiones sobre el mismo. Desde el Programa de Historia de la Universidad de Cartagena, venimos trabajando en fortalecer los procesos de apropiación social del conocimiento a través de distintos escenarios, entre ellos la prensa.

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