Por Francisco Javier Flórez Bolívar *

Si los gestores culturales que han trabajado en la revitalización de las fiestas de independencia de Cartagena tuvieran que seleccionar un personaje que en el siglo XX fue definitivo en la defensa del contenido popular de esta efemérides ese, sin lugar a dudas, debe ser Jorge Artel. Este poeta, el primer intelectual cartagenero en auto-reconocerse como negro en la primera mitad de la citada centuria, logró inscribir en la vida cultural de la ciudad las costumbres y prácticas sociales de los sectores negros y mulatos. En una sociedad que glorificaba el pasado y la tradición española, Artel irrumpe con una propuesta poética que cambió de una vez y para siempre el decorado monocultural que ciertos sectores de la élite querían eternizar como natural.

En Tambores en la noche (1940), obra que recoge varios de sus poemas escritos en la década del treinta, Artel, entre otras cosas, posiciona en la esfera pública las estéticas de base africana. En el poema ‘Bullerengue’, aparte de cuestionar el culto a la gramática española, hace alusión a uno de los ritmos musicales de tradición africana que despertaba el desprecio y el rechazo de algunos miembros de la élite de la ciudad. Entona el yo poético “quisiera vorverme gaita/ y soná na má que pa ti/ pa ti solita, pa ti/ pa ti, mi negra, pa ti”.

Una y otra vez Artel insistió en que tales ritmos debían tener un lugar en las prácticas culturales de Cartagena. Algunas veces, como en el poema ‘la Cumbia’, la voz poética sin rodeos afirmaba “¡Cumbia! – ¡Danza negra, danza de mi tierra!-”  En otras ocasiones, invitaba a que otros escritores de origen afrodescendiente se sintieran más identificados con este tipo de ritmos y sus instrumentos. Por ejemplo, en el poema ‘Ahora hablo de gaita’ de manera directa invitaba al poeta negro José Morillo a que no tocara más su guitarra y le recomendaba “oigamos mejor las gaitas/que nos cuentan sus nostalgias.”

Esta misma convicción transgresora guio su interpretación sobre el carácter que debían tener las fiestas del 11 de noviembre. En ‘Una fiesta típica’, tal vez el texto en el que de mejor forma dejó plasmada su visión sobre esta celebración, Artel no dudó en señalar que el 11 de Noviembre “es para los cartageneros, sobre todo, una fecha carnestoléndica”. Se trataba, decía, de “una visión festivamente multicolora, enredada en sonidos de tamboriles y maracas”. Y, a modo de sentencia, concluía que “quitar a Cartagena sus disfraces y su demencia… sería lo mismo que borrar para ella esa fecha encarnada de su calendario”

La propuesta poética de Artel y su forma de concebir la celebración del 11 de noviembre fueron rechazadas por miembros de la élite de Cartagena, entre ellos Vicente Martínez. “No, querido poeta. El lirismo suyo, y ese culto desenfrenado por la raza africana no deben salirse de los renglones cortos para inundar la prosa de los periódicos. Las comparsas que a Vizo (Vicente Martínez) le disgustan son, en verdad, antiestéticas, desagradables y molestas”, manifestaron desde el periódico conservador El Fígaro.

Pero, para entonces, como lo ha mostrado la historiadora del arte Isabel Cristina Ramírez, el verso arteliano había seducido a jóvenes pintores de la élite, entre ellos a Enrique Grau, quien se dio a conocer a nivel nacional a través de una obra (La mulata cartagenera) inspirada en la propuesta estética del poeta getsemanisense. Y, como hemos demostrado otros, su liberador discurso racial había logrado encontrar eco también en las masas obreras cartageneras. Desde ese momento, la ciudad, sus fiestas y sus habitantes supieron que el mapalé y el bullerengue que bailaban negros y mulatos en las playas eran manifestaciones dignas de mostrar como parte constitutiva del ethos cultural de Cartagena.

Retornar a Jorge Artel y a sus visiones heréticas sobre el 11 de Noviembre se hace necesario cuando emergen amenazantes voces de privatización y propuestas que desnaturalizan los contenidos de las fiestas de independencia. Pocos como él, a través de la poesía y el periodismo, contribuyeron a visualizar esta conmemoración como “una condensación de todas las tuforadas democráticas”.

* Historiador de la Universidad de Cartagena, con Maestría en Historia, Graduate Certicate in Latin American Studies y PH. D en Historia de la Universidad de Pittsburgh. 

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