Manolo, hasta cuándo…

Por Anthony Sampayo Molina *

Pocas veces tenemos la oportunidad de dejar en evidencia nuestra esencia como seres humanos naturalmente buenos; la mayoría de las veces la proclamación de rectitud, generosidad y amor por el prójimo queda rezagada a simples palabras que no se llevan a la práctica. Sin embargo, Manolo, tienes ante ti lo que muchos creyentes llamarían una verdadera prueba. Una prueba que se sabe te coloca en una disyuntiva nada fácil, se trata de aferrarse al poder y al mismo tiempo luchar por demostrar tu inocencia o renunciar y dedicarte de lleno, sin distracciones, a sacar adelante el proceso penal. Son justo estas dos opciones las que permitirán ver qué tan sinceros y nobles son tus sentimientos, los de Manuel Vicente Duque la persona, no los del alcalde. ¿Por qué?, porque de aferrarte al poder estarías condenando a la ciudad a una situación de interinidad que solo beneficia al gobierno central y sus amigos, quienes adquieren control absoluto de Cartagena.

Pero vamos más allá: esta sufrida ciudad tiene derecho a corregir el rumbo, la ciudadanía está ávida de querer manifestar en las urnas su indignación y guarda la esperanza de que el caos al que actualmente estamos sometidos sea el motivante de una nueva era en la política cartagenera. Pero todo ello lo tienes frenado. No se trata de atentar contra tu presunción de inocencia, tienes todo el derecho a que se te presuma inocente mientras no se demuestre lo contrario, pero tu situación se torna sumamente complicada y, de solucionarse, será en términos políticos, a muy largo plazo.

Manolo, la ciudad se cae a pedazos, de manera literal; ojala pudieras ver la Avenida Santander; existe una total incertidumbre y una sensación de desamparo, caldo de cultivo para el caos generado por la frustración. No tiene sentido que te aferres al poder cuando, incluso, conservar la investidura de alcalde justifica, conforme a lo que se extrae de la decisión judicial que resolvió imponerte medida de aseguramiento, la necesidad de privarte de la libertad, algo que de paso podría ser una buena estrategia para intentar a futuro una revocatoria de la medida.

No tenemos nada personal en contra del alcalde encargado; por el contrario; personalmente lo tengo en un muy buen concepto y, a diferencia de lo que estamos acostumbrados, los elogios que recibe Sergio Londoño son mayores que las críticas; se resaltan sus estudios, su juventud y las ganas de hacer las cosas lo mejor posible; pero existe un problema: la ciudad no lo eligió a él, lo impusieron desde la capital que es diferente; en una democracia, si Cartagena desea tener un alcalde con las características del señor Londoño, pues debe elegirlo en las urnas luego de escuchar sus propuestas. Desafortunadamente esta ciudad se ha encargado de ser un repelente de talentos locales por motivos hoy tan obvios que ni vale la pena enumerarlos.

Si bien al asomarse por la ventana logramos ver una movilización de potenciales aspirantes y algunos de ellos son los mismos corruptos de siempre (quienes, como se dice popularmente, parece no dolerles el pellejo ante la situación que se está viviendo), la verdad es que existen personas que de alguna manera generan esperanza; hombres y mujeres cuyo deseo reprimido de hacer las cosas bien por la ciudad se veía frustrado por la corrupción pero que ven en la coyuntura una luz al final del túnel.

Pero nada es posible si no renuncias. Entiendo que estés aferrado a que una segunda instancia revoque la decisión que te tiene en tan penosa situación, pero si ello llega a pasar entiende que si tu primo continúa detenido igual no podrás hacer nada; tendrían que salir los dos y regresar a la Alcaldía, lo cual sería una situación que ni Cartagena podría asimilar. ¿En serio, después de ver la forma en que se desarrolla la Alcaldía de esta ciudad quieres regresar? Yo no creo.

No soy amigo de las revocatorias de mandato porque, como en la vida, creo que siempre toca asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos, y si en las pasadas elecciones Cartagena te eligió a ti pues que se aguanten tu forma de gobierno. Además de que la figura resulta estar estructuralmente mal diseñada y termina siendo una herramienta desesperada de perdedores políticos sumamente costosa para la sociedad. Pero, dada las circunstancias, incluso la apoyaría. La ciudad está agarrada de una cuerda sujetada por tres ganchos: uno la Procuraduría, dos la revocatoria del mandato y tres tu voluntad. ¿En serio no vas a ser capaz de ofrecer tu mano amiga y la generosidad que tus amigos dicen que te caracteriza?

Piénsalo, aún estas a tiempo de hacer algo bueno por la ciudad que tanto dices amar.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

 

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