Transformar el campo desde el territorio

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

Sin tanto cuento y sin tanta parla: la paz es la tranquilidad con que muchos citadinos vieron, desde sus cómodas habitaciones y con control remoto en mano, la guerra que arrasaba los campos de Colombia. Eso incluye a quienes claman enardecidos una justicia retributiva que por poco es Talión y que esperan que la guerra vuelva para destruir de una vez al adversario. Pero también, en términos prácticos, la paz es el ambiente que ha permitido a más de 200 familias desplazadas retornar al corregimiento de Macayepos, Carmen de Bolívar, luego de la atroz violencia que cubrió de sangre sus tierras y recuerdos.

Eso es posible hoy por cuenta del desarme. Las matemáticas no mienten: según informe de mediados de este año de Medicina legal “de 2713 homicidios en 2002 se pasó a 210 en 2016. Esto significa 92,2 % menos muertes por el conflicto armado”.

Mis hijos que son muy jóvenes y han tenido la fortuna de estudiar con esfuerzos, pero con normalidad, y no tienen la misma visión de la violencia que la generación que padeció directa o indirectamente la barbarie del conflicto. Esas nuevas generaciones tienen derecho a construir una vida sin el rencor y el odio que dejó tras de sí el ruido detestable de los fusiles.

Pero la paz no es perfecta ni es un bien al que se pueda acceder automáticamente. No. La paz es una construcción que necesita contenidos. De modo que una cosa es el desarme y otra distinta la dificultad de la implementación de los acuerdos para consolidar el posconflicto.

Las evidencias muestran que el Estado no ha sido ágil para responder a las expectativas. El ambiente político y el surgimiento de algunas disidencias violentas, sumados al afán de algunos sectores que no ocultan su deseo por destruir lo alcanzado, constituyen un reto monumental.

La reforma rural que en teoría es el núcleo de los acuerdos de paz ha tropezado con la circunstancia de que el Ministerio del ramo ha sufrido graves recortes presupuestales, en tanto que muchos vicios de la politiquería siguen atrofiando el funcionamiento de las nuevas estructuras que el gobierno diseñó para afrontar este desafío. El gobernador de Bolívar, Dumek Turbay Paz, ha sido explícito al quejarse del olvido en que la cartera de Agricultura ha mantenido al Departamento y creo que el ministro saliente tristemente lo ha admitido pues las limitaciones son estructurales, además de cierta negligencia de la burocracia paquidérmica y poco comprometida que medra en los despachos de esa cartera.

Por eso los gobiernos en el territorio deben ser imaginativos y audaces e iniciar la labor de transformación del campo con esfuerzos y recursos propios, para lo cual el sector agropecuario debe dejar de ser cenicienta para convertirse en motor de desarrollo.

Hay mucho por hacer para masificar el crédito y la asistencia técnica a los campesinos, en adecuación de tierras y comercialización. Es preciso aprovechar las herramientas y recursos disponibles y ser innovadores para hacer camino al andar. En eso está el Gobierno departamental.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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