María Teresa Cristina Zonca: redescubriendo las letras colombianas

Por Moraima Salom Villalba *

Edición: María Claudia Rojas Ronderos

Gattico, un pueblo en las colinas del Piamonte (Italia), permanece intacto en su memoria con aquellos imborrables atardeceres, cuando al morir el día le traían el momento más anhelado: las sesiones de lectura que, sin proponérselo, noche tras noche su hermana Elia convirtió en un sello determinante para el resto de su vida. Los versos de La Divina Comedia y de otros clásicos italianos representaron esos primeros encuentros literarios que la niña de cinco años, antes que aprender a leerlos, recitaba, forjando así su capacidad para descubrir en los textos lo que está ‘velado’ a los ojos de un lector común.

Pero en 1950, tras la incertidumbre que dejó la Segunda Guerra Mundial, María Teresa Cristina, una de las mayores conocedoras de la obra de Jorge Isaacs, tiene que abandonar ese ambiente para radicarse en Colombia. Paradójicamente, dos años antes su padre lo había elegido “por ser un país pacífico” y por razones de trabajo, sin imaginar que una semana después de arribar, Carlo Cristina presenciaría los hechos del 9 de abril de 1948, que desencadenaron nuevos episodios de violencia que todavía no culminan.

Acostumbrada a correr por el campo y a treparse en los árboles, el altiplano frío de Bogotá no guardaba ninguna afinidad con su estilo de vida. Pero, mientras las calles sucias de Buenaventura, el tren “que se descarrilaba a cada rato” en su viaje del Puerto a Cali y las ciudades a medio camino entre el atraso y el desarrollo, le hacían añorar “los perfumes y el cielo azul de su Italia”, los paisajes del trópico le hicieron descubrir un mundo distinto que la siguen sorprendiendo.

No menos sorpresas le deparó la literatura colombiana, que le sirvió para acercarse a una realidad tan desconocida como interesante. Y como era previsible optó por estudiar Letras modernas en Milán y luego Filosofía y letras en la Universidad de los Andes, donde su tesis de grado le permitió adentrarse en la novela contemporánea colombiana, “con tal rigurosidad, seriedad e inteligencia” que fue el preludio de “la formación de una de las investigadoras más importantes que tiene Colombia en este campo”, aseguró su maestro, el poeta Fernando Charry Lara.

A mediados del siglo XX, época en que la poesía era la reina de los estudios literarios, hablar de narrativa era casi infructuoso. Sin embargo, la tozudez de María Teresa Cristina la lleva a revisar autores de la narrativa tradicional y a otros como Manuel Mejía Vallejo, Álvaro Cepeda y Gabriel García Márquez, que según sus análisis representaban la ruptura de las formas de la novela tradicional. A partir de esta experiencia diseña un curso para estudiar las tendencias que se produjeron en las décadas del 50 y el 60, y en especial en reconocer la escritura del futuro Nobel colombiano, antes de que se publicara su obra máxima.

El asombro

El estudio más completo de la obra literaria y otros documentos de Jorge Isaacs consagraría a esta docente de la Universidad Nacional de Colombia. Como un anuncio, los cafetales, los árboles de banano y la luminosidad que tan maravillosos resultaron a sus ojos cuando recorría el Valle del Cauca desde el puerto le dibujaron, anticipadamente, el paisaje en el que había de desenvolverse la historia de María y Efraín.

Antes, otra coincidencia, no menos importante, apareció en su vida. “¿Qué leerá aquel hombre?”, se preguntaba la niña de 10 años, mientras ‘espiaba’ a Juozas Zaranka, otro de los pasajeros provenientes de Europa a bordo del Amerigo Vespucci. La cubierta era el lugar elegido por este filólogo lituano para permanecer largas horas leyendo ante la “sana envidia” de ella que “apenas traía tres libros entre mi maleta”. Treinta y cinco años más tarde, siendo ambos docentes de la Nacional, María Teresa Cristina descubrió que ese personaje admirable que viajaba en el barco era Zaranka y encontró la respuesta a su interrogante, pues eran las páginas de Proust y las Novelas Ejemplares de Cervantes lo que él leía con tanta devoción. Desde entonces compartieron una vida intelectual y académica.

Novelista, poeta, explorador, funcionario público, dramaturgo, educador y periodista fueron las actividades de Jorge Isaacs que han quedado encubiertas por el éxito de María. Una intensiva investigación literaria abordada por parte de la docente, da cuenta de una vasta producción en cada una de esas facetas. De la obra clásica del romanticismo publicó en 1989 el texto establecido con base en las correcciones autógrafas hechas por el autor en 1891. Investigación que la llevó a emprender la publicación de las Obras completas de Jorge Isaacs que consta de 11 tomos; los cinco primeros comprenden la edición crítica de la obra literaria, el resto recopila el material periodístico, los viajes y exploraciones, la correspondencia, escritos sobre instrucción pública y documentos varios, de los cuales se han publicado seis tomos.

“El material reunido por María Teresa Cristina sobre este connotado novelista, en más de dos décadas, constituye un acervo casi inabarcable, el cual es marco de excepción para la existencia de una historia literaria nuestra”, señaló el profesor Jaime García Maffla.

El rigor que la investigadora pone en sus escritos parece desaparecer a la hora de preparar un plato típico italiano para sus amigos. En ese momento la creatividad domina su cocina, cuenta su amiga Bárbara Rimgaila “así como es de exacta en sus clases es natural e improvisada en sus recetas. Nunca he logrado copiar una con los datos necesarios para reproducirla en mi culinaria”.

En su apartamento, en pleno centro de Bogotá, guarda con celo las estanterías que del piso al techo están recubiertas de libros, entre los cuales se encuentran sus preferencias sobre la Edad Media, escritores latinoamericanos y colombianos. Tampoco falta allí su publicación sobre la literatura en la Conquista y la Colonia, como otra muestra de “la fecunda labor científica que ha dejado entre nosotros los más firmes cimientos para la realidad de una actitud académica raizal”, puntualizó García Maffla.

* Comunicadora social

 

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