Con la revocatoria de Manolo, hagamos un pacto cívico por Cartagena

Por Juan Diego Perdomo Alaba *

Hace un par de días, el editor general del periódico Q’hubo Cartagena, Javier Ramos Zambrano, cuestionó con buen ánimo y razón mi cambio de posición frente al proceso revocatorio del alcalde sub judice Manuel Vicente Duque. Y me sostengo: hoy la revocatoria es la vía más expedita para salir de la crisis política por la que atraviesa Cartagena, o por lo menos menguarla y así propiciar un proceso con miras al mediano y largo plazo, que ofrezca un cambio de proceder frente a la Administración de la ciudad.

Le contesté a Javier a lo Juan Manuel Santos: “sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”. Le expliqué que son escenarios y coyunturas distintas. Insistí, no obstante, que el mecanismo de la revocatoria per se, debe revisarse y replantearse ya que se está usando para revanchas políticas; y el de Duque, hasta ese entonces, era un gobierno legítimo y elegido popularmente gústenos o no.

‘Malgobernada’ y con la holgura de la impunidad, en vez de un costoso y desgastante proceso revocatorio, para ese momento propuse un gabinete a la sombra o consejo consultivo ciudadano que acompañara e hiciera veeduría a su ‘gobierno’. Y es que revocar a un mandatario en ejercicio, siendo ordenador del gasto y con la burocracia a su servicio, es casi imposible por el poder que ostenta. Ir a atípicas sería igual: al final la clase política pone a la misma muñeca pero con diferente pollera. Pasó con Dionisio Vélez. La diferencia en esta coyuntura es que Cartagena necesita avanzar, y para poder deserendar la pita de la crisis y odiosa interinidad, y ante el tremendo lío jurídico del alcalde, hay tres opciones: decisiones de fondo por parte de la Procuraduría o la Fiscalía; renuncia o revocatoria. Expertos juristas dicen que la primera tardaría meses, quizás años; la segunda es manipulable, negociable y es remota; y en la tercera la ciudadanía decide directamente sin el concurso del alcalde en el gobierno y el poder del lapicero. “En ese escenario, prefiero la última”, concluí.

Pero seamos claros: Sergio Londoño y su jefe el presidente de la República se quieren quedar con la Alcaldía hasta 2019. Ya pasó en el 99 cuando Andrés Pastrana nombró a Gina Benedetti como alcaldesa encargada por decreto. Ahora bien, la renuncia de Manolo no garantiza que inmediatamente Santos convoque a elecciones. Según la Ley de Distritos en su artículo 32, “en caso de vacancia absoluta, se convoca a elecciones para elegir el nuevo alcalde en un término no superior a noventa (90) días cuando ello sea procedente”. El encargado Londoño no cuenta con legitimidad popular para gobernar y el tiempo apremia; recordemos que en caso de que falten menos de 18 meses, el jefe de Estado designará reemplazo. A propósito, Primero La Gente, remedo de movimiento que postuló a Duque Vázquez, no ha enviado la primera terna porque sabe que aquel la devuelve. No le interesa.

Roberto Pérez Liñán, vocero y gestor de la revocatoria de Manolo, explica que la Registraduría avaló las 38.407 firmas exigidas y que a más tardar la próxima semana le entregará la resolución que legalice el proceso con lo cual se procede a convocar elecciones. Al cálculo, según lo exigido por la Ley, para revocarlo se necesita la mitad más uno por el Sí de un mínimo de 120 mil votos.

Los plantones, marchas y demás reclamos ciudadanos deben acompañarse de mecanismos de democracia real para que no choquen contra el muro de la indiferencia y se puedan tramitar a través de iniciativas populares vinculantes. Por eso creo entonces que la revocatoria del mandato a Manolo Duque es la vía, obviamente sin despreciar las demás  manifestaciones que complementan la movilización ciudadana. Debo aclarar que en su momento no la respaldé, como lo expliqué arriba, pero como ejercicio ciudadano siempre la ponderé y hoy invito a que la arropemos y nos reafirmemos en ella.

En la columna pasada expliqué que la clase política regional, -mismos dueños del gobierno ‘manolista’-, ya tienen el candidato para las atípicas. Necesitan quien les de garantías en el Gobierno Distrital. Pero le huyen a la revocatoria pues no les conviene que la ciudad se movilice y congregue en torno a un ejercicio ciudadano conducente y vinculante pues el golpe de opinión sería estruendoso a nivel nacional y empoderaría a una ciudadanía incrédula y ávida de pequeñas pero certeras victorias democráticas. Imagínense: ¡el primer alcalde revocado en la historia del país! Iríamos entonces a las urnas, ‘entusiasmados’, dos veces en menos de nada. Termino con la misma de la vez pasada: #SePuede.

* Comunicador Social – Periodista de la Universidad de Cartagena

 

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