Entrevista al alcalde (e)

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

El pasado lunes tuvimos la oportunidad de entrevistar al alcalde (e) de Cartagena, Sergio Londoño Zurek, en el programa ‘La Opinión después de la noticia’ que se trasmite por el Canal Cartagena. Conversamos con el mandatario sobre el desarrollo de su gestión desde que asumió el encargo de liderar la Administración distrital, como resultado de la grave crisis de corrupción que hoy permea la ciudad.

Haber tenido al alcalde (e) sentado a menos de un metro frente de mí me permitió, más que escucharlo, mirarlo a los ojos, percibir sus emociones, los temas que lo incomodaban y aquellos con los cuales se sentía más seguro.

De ese acercamiento pude darme cuenta que es un joven preparado, inteligente, elocuente y muy bien formado.

Si bien estos atributos y virtudes son importantes en un dirigente, no son inexorablemente una garantía de su asertividad en materia de decisiones políticas.

De esto nos da fe la historia. Por ejemplo, un hombre tan inteligente y tan ilustre como Platón, autor de magistrales obras como ‘La República’ y ‘La Política’ y fundador de la ‘Academia’, paradójicamente no sirvió para la política. Trató, durante toda su vida, de ser el poder detrás del poder, asesorando a grandes dirigentes en el manejo del buen gobierno. La primera vez fue un fracaso y lo vendieron como esclavo, la segunda vez lo metieron en la cárcel y la tercera vez tuvo que regresarse a la ‘Academia’.

El mismo Maquiavelo, al que todos citan sin haberlo leído, y quien es considerado el padre de la ciencia política moderna, tuvo una vida que fue un verdadero desastre político; fracasó en todo lo que había dicho en su ‘El Príncipe’.

Esto nos corrobora que, en política, el más exitoso no siempre es ni el más teórico, ni el más erudito, ni el más preparado… sino el que además ve, observa, analiza y tiene la capacidad pero sobre todo la libertad para decidir qué es lo que más nos ayuda a todos a vivir mejor.

Y fue precisamente aquí donde percibí que el alcalde (e) no goza de absoluta libertad para tomar algunas decisiones, a pesar de que en su sabia razón sepa que son las más convenientes para todos.

Casos puntuales sobre los cuales baso mis apreciaciones:

  • ¿Qué le impide al alcalde (e) tomar una determinación con relación a la situación de los peajes (ya sea que continúen o que se eliminen), teniendo sobre su escritorio el informe de auditoría que realizó la Contraloría donde se establece que el concesionario no solo recuperó ya la inversión sino que la ha excedido (informe que por su naturaleza tiene fuerza vinculante)? También tiene el concepto de Edurbe (que paradójicamente contradice el de Contraloría y favorece a terceros diciendo que los peajes deben continuar), y a ello se suma un movimiento de ciudadanos que vienen clamándole un pronunciamiento de fondo y que, con el aval de la Registraduría Nacional, hoy están recolectando firmas para someter esa decisión a una consulta popular. Pese a todos estos elementos, el alcalde (e) sigue dilatando una postura clara con relación a ello y responde que debe esperar un estudio que solicitó a la Universidad Nacional para tomar una decisión al respecto.
  • Si como alcalde (e) recibe una Administración viciada por una red de corrupción, donde los recursos y la burocracia estaban determinados por el pago de favores y el enriquecimiento de unos pocos, ¿por qué continúa trabajando con la mayoría de funcionarios del anterior gabinete, máxime si algunos de ellos han estado relacionados y cuestionados en ese mismo lodo de corrupción? El alcalde responde que él no puede quedarse sin funcionarios, porque entonces no tendría con quien gobernar. ¿Será que no hay en Cartagena personas probas para desempeñar esos cargos? Por ello le traje a colación aquella parábola bíblica que nos advierte que “no se debe echar vino nuevo en odres viejos”; dicho de otra manera, si continua trabajando con una buena parte del anterior gobierno será muy difícil que logre generar confianza y transparencia.

Finalmente, creo que lo mejor que le puede suceder a Cartagena es que vayamos a las urnas a revocarle el mandato al alcalde Manolo Duque. Para eso precisamente sirve la democracia: para que cuando a los que hemos elegido para que manden bien, como es el deber de todos, manden mal, los podamos sustituir por otros de manera democrática.

En el mismo sentido, debemos ser conscientes que para llegar a ser la “ciudad de la esperanza”, como lo declara el señor alcalde (e), la única ruta eficaz será la que dependa de nosotros; de lo contrario, seguiremos sometidos a la voluntad de las “casas políticas” que siempre nos han gobernado.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

1 Comment

  1. CARLOS COLÓN CALADO. dice:

    ME PARECE EXCELENTE EL ANÁLISIS DE LA CRONISTA.

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