Cartagena, una ciudad dual que crece contra los pobres

Por Fernando Guerra Rincón *

Cuando se llega a Cartagena vía Barranquilla por la carretera al mar, que hace parte de las denominadas autopistas de Cuarta Generación que adelanta el Gobierno Nacional, impresiona el dinamismo del sector de la construcción que crece extrañando a los habitantes de La Boquilla, una población mayoritariamente negra, en difíciles condiciones de pobreza, con ancestros de 200 años, habitando esas orillas de donde están siendo paulatina pero persistentemente desalojados por la dinámica del mercado inmobiliario que desarrollan allí apartamentos de lujo. El antiguo corregimiento de La Boquilla es ahora casi imperceptible desde la vía. Hay que adentrarse hacia el mar para ver la disparidad.

El contraste se repite en buena parte de la carretera: apartamentos de estrato seis y clubes de golf para las personas más pudientes de la sociedad colombiana que conviven con un sector amplio de población constreñidos por las carencias.

Difícilmente, los desarrollos urbanísticos que se han construido sobre esa orilla del Caribe y sobre las del espejo de agua de la Ciénaga de la Virgen, cumplen con los paramentos obligatorios de separación de los cuerpos de agua exigidas por las normas ambientales, empezando por el exclusivo hotel las Américas que inició la conquista de ese espacio por miembros poderosos de la sociedad cartagenera y que atravesando la vía apuntaló la invasión de este cuerpo de agua, en cuyos bordes se construyó laxamente un barrio, a un costado del aeropuerto y donde se erige un centro de convenciones, para lo cual tuvo que desecar partes de la ciénaga. En Cartagena la Ley y la naturaleza han sido depredadas.

Rafael Vergara, el ambientalista más reconocido de Cartagena ha denunciado persistentemente los desafueros que se han cometido contra la ciénaga, considerada patrimonio natural del país. Entre 1973 y 2003, la ciénaga perdió un área de aproximadamente 300 hectáreas.[1]

Este proceso es calcado del desalojo de Chambacú, (1970) habitado por afro descendientes que vivían prácticamente dentro del fango y en la pobreza más extrema, condiciones denunciadas por Manuel Zapata Olivella, (Lórica 1920, Bogotá 2004) en su novela Chambacú, corral de negros,(1960). Chambacú es un terreno excelentemente ubicado entre la ciudad amurallada y el Castillo de San Felipe, mejorado y habilitado con dineros públicos y que terminó escandalosa y fraudulentamente en manos del Consorcio Chambacú de Indias S.A, del que hacía parte el exministro de Desarrollo de Andrés Pastrana y luego Canciller de la República, Fernando Araujo Perdomo, quien tuvo que renunciar acosado por el escándalo a raíz de la publicación por El Espectador de un artículo del periodista Ignacio Gómez llamado ‘Chambacú, corral de empresarios’.[2]

El liquidado Inurbe, dirigido por Héctor García Romero, facilitó ladinamente el negocio. En este bochornoso caso demostró sus habilidades Gabriel García Romero, alcalde de entonces y primo de Héctor.[3] Nadie respondió por el entuerto. El proceso prescribió. La justicia colombiana es, hace rato, bastante turbia, como hoy se evidencia: En Colombia la justicia es para los de ruana.

Las manifestaciones de la Cartagena dual no paran allí. Cuando se llega en avión a la hermosa ciudad del ahumado candil y las pajuelas se percibe el mar que recala contra la enorme área que contiene una de las más importante infraestructuras industriales del país: petroquímica, la modernizada refinería, cervecerías, cementeras, pesqueras, astilleros, empresas de servicios y logísticas, la infraestructura portuaria; dinamismo empresarial que contrasta con la pobreza de Pasacaballos, un barrio aledaño a esta pujante zona industrial y de servicios logísticos.

El encanto de la perspectiva del paisaje marino se corta abruptamente antes de aterrizar. El viajero ve con asombro los barrios de pobres que se adentran en la Ciénaga de la Virgen, de una miseria similar o peor a la de algunos de los países más pobres del mundo y que desafía la paciencia de los desheredados de la fortuna.

Por donde se camine en La Heroica se observa sin mayor esfuerzo esa dualidad que clama reparación: una riqueza concentrada y ostentosa versus los pobres que caminan el rebusque por las aceras y edificaciones del centro amurallado, legadas por los tiempos de la cruz y de la espada, el metro cuadrado más costoso de Colombia, pobres que viven en los barrios de El Pozón, Henequén, Nelson Mandela, Arroz Barato, Policarpa, Villa Rosita y algunos asentamientos urbanos donde ni siguiera hay servicios de alcantarillado, agua potable y recolección de basuras, y en otros donde existen pero son intermitentes. Al igual que el servicio de energía eléctrica a causa de los enredos e ineficiencias de Electricaribe.

Cartagena dual. A la izquierda, un barrio cartagenero sin acueducto, ni alcantarillado ni recolección de basuras. Las míseras viviendas se adentran en la Ciénaga de la Virgen. A la derecha, apartamentos de estrato seis en La Boquilla. Ambos presas de los embates climáticos.

El problema de Cartagena no es su renovado auge económico, sustentado en el turismo, la actividad portuaria, la industria y la construcción. El reclamo es que ese dinamismo no ha servido para la construcción de una ciudad incluyente y equitativa. El apogeo de sus actividades económicas de alto ingreso no se ha traducido en un mayor bienestar para los excluidos históricos de la Heroica, en la mejora de sus indicadores sociales que la hace una de las ciudades colombianas con mayor proporción de población por debajo de la línea de pobreza e indigencia.[4] La marea no crece para todos.

Cartagena fue, en el 2015, el área urbana con la segunda pobreza más alta después de Cúcuta, sin tener en cuenta la difícil situación de la ciudad fronteriza a causa del conflicto con Venezuela. La pobreza extrema o indigencia aumentó 1,5 puntos porcentuales en 2016. Más de 55 mil personas viven en la indigencia. Por primera vez en nueve años aumentó la proporción de población cartagenera en condición de pobreza monetaria, más de 264 mil personas. La deserción escolar continúa siendo alta. La calidad educativa no presenta avances y de hecho varios colegios oficiales pasaron de la categoría C a la D, la más baja en la escala de las pruebas saber 11º.

3.643 niñas y adolescentes entre 10 y 19 años quedaron embarazadas en 2016. Los casos de Sida han aumentado considerablemente pasando de 28,8 en 2016 a 41,5 a 2016 por cada 100 mil habitantes. El déficit cuantitativo de vivienda es de 36.840, superior al de 2015. La informalidad laboral fue del 55.3 por ciento, superior al promedio de las seis ciudades más importes del país, del 48.12 por ciento.[5] Unos indicadores dramáticos para una economía boyante.

Cartagena es presa de una enorme vulnerabilidad ambiental asociada al cambio climático, agravada por la condición de sus barrios de pobres y la presión ejercida por la inmigración rural que estimula el crecimiento desordenando de su zona urbana, fundamentalmente en zonas de riesgo de inundación, donde habita la población de menores recursos económicos.[6]

Además, la bahía de Cartagena recibe la sedimentación y metales pesados que transporta el Canal del Dique, así como los vertimientos industriales de la zona de Mamonal y los residuos contaminantes de la actividad marítima y portuaria. La falta de la capacidad de reacción y planificación generan nuevas amenazas para la población vulnerable. Ante el cambio climático los sectores pudientes de la ciudad también están expuestos a sus rigores.

Otra amenaza que se cierne sobre La Heroica y sobre el país es el conflicto con Venezuela y la localización de la Base Naval de la Armada Nacional en el centro del nodo turístico de Bocagrande. Al frente de Venezuela y de Estados Unidos están Nicolás Maduro y Donald Trump. Cualquier cosa puede pasar con estos personajes siniestros.  Y además está la geopolítica. Aviones rusos Tupolev, violaron en 2013 el espacio aéreo colombiano en dos ocasiones, en pleno litigio del país con Nicaragua y Venezuela. Cada uno de esos superbombarderos puede cargar hasta doce ojivas nucleares.[7]

Rusia ha advertido sobre Venezuela a Trump. China tiene grandes inversiones en Venezuela sobre todo en la industria petrolera y financia al régimen. El presidente venezolano no deja de provocarnos en la larga frontera común. La crisis se insinúa larga.

Ojala en la dirigencia de Colombia y Venezuela prime la sensatez. Y Trump deje de decir sandeces. Un conflicto militar con el vecino país es un escenario probable.[8] Maduro puede estar tentado a repetir lo de Argentina con las islas Malvinas ante sus inmensas dificultades internas. La ubicación de la Base Naval le genera inmensos riesgos a Cartagena. Es urgente su relocalización. En este tema se dice pero no se hace.[9]

Base Naval de Cartagena en Bocagrande. Es urgente su relocalización. Aviones rusos sobrevuelan espacio aéreo colombiano en 2013. Revista Semana.

Cartagena tiene enormes retos. Sus ciudadanos deben aprender a elegir sus gobernantes. La mayoría de la población cartagenera tiene un bajo nivel educativo que aunado a las carencias las hace presa fácil de los políticos inescrupulosos que abundan en La Heroica. La élite cartagenera, cuando no hace parte del bochinche, mira para un lado. Quizá por ello la elección popular de alcaldes ha devenido en un gran festín de los recursos públicos.

La inestabilidad en el Palacio de la Aduana, por donde en los últimos años han desfilado ocho alcaldes que en su mayoría han terminado presos, complica la lucha contra la pobreza y el logro de los objetivos de ciudad. Uno de los últimos alcaldes se llevó la espada de Blas de Lezo para su casa. Sintomático. Lo que está pasando con el destituido alcalde Manuel Vicente Duque no es más que la prolongación de un mal enquistado en lo más profundo del corazón administrativo de la Ciudad Heroica.[10]

Y grandes potencialidades. El viaducto que se tiende sobre la Ciénaga de la Virgen, el Gran Manglar y la construcción del puente Pumarejo en Barranquilla, es la confirmación del auge económico no solo de Cartagena, sino de Barranquilla y Santa Marta, ciudades que están en presencia de un proceso de conurbación, especialmente entre Cartagena y Barranquilla, que hará que, en dos o tres décadas, se configure una enorme área urbana de diez millones de habitantes que bien pudiera ser servida por un solo mega aeropuerto, red de trenes rápidos y una eficiente conectividad digital y de vías que le permitan aprovechar las ventajas de la aglomeración y las economías de escala, para alinearse con la tendencia mundial de las grandes mega ciudades costeras que tienen en el mar el eje de su dinámica y donde vivirán en el 2030 el 70 por ciento de la población mundial.

Ahí tiene la Costa Caribe y especialmente Cartagena y Barranquilla grandes oportunidades de desarrollo para construir una gran área urbana que genere no solo crecimiento sino bienestar. La Ciudad Caribe apunta en la dirección correcta.

[1] Robo impune de la Ciénaga de la Virgen, El Tiempo, 10-07-2005, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1959670. Ver en Google: Salvemos la Virgen. Rafael Vergara.

[2] https://corrupedia.com/index.php?title=Fernando_Ara%C3%BAjo_Perdomo

[3] La tenaza de los García Romero, Revista Semana, 1-12-2013. El caso Moreno, Revista Semana, 4-05-1999.

[4] Jhorland Ayala-Garcíay Adolfo Meissel Roca, La exclusión en los tiempos de auge: el caso de Cartagena, Documentos de trabajo sobre economía regional No 246, 2016, Banco de la República.

[5] Cartagena cómo vamos. Informe 2016.

[6] La exclusión en tiempos de auge: el caso de Cartagena.

[7] Qué hay detrás de los aviones rusos? Revista Semana 11-9-2013.

[8] Hernando Gómez Buendía, Colombia: el peligro es Venezuela, http://www.razonpublica.com/index.php/internacional-temas-32/10500-colombia-el-peligro-es-venezuela.html

[9] Discordia por la Base Naval de Cartagena, revista Semana, 11-08-2014

[10] Joaquín Robles Zabala, Alcaldía de Cartagena: historia de una llaga que supura. Hishttp://www.semana.com/opinion/articulo/alcaldia-de-cartagena-problemas-en-la-administracion/535658

* Economista, magíster en Estudios Políticos y Económicos de la Universidad del Norte, profesor universitario y autor de varios libros, entre ellos: La geopolítica del petróleo y el cambio climático, Universidad de Antioquia, 2010.

 

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