Del turismo y su histórica traición a Cartagena

Por Francisco Javier Flórez Bolívar *

El periodista español Miguel Ángel Bastenier, poco antes de fallecer, hizo una de las mejores caracterizaciones que he leído sobre la personalidad histórica de Cartagena: la describió como una ciudad que se traiciona a sí misma. A través de esa precisa y lapidaria descripción, incluida en el prólogo que realizó para el libro Los desterrados del paraíso (Alberto Abello Vives y Francisco Javier Flórez Bolívar, 2015), Bastenier sintetizó el carácter excluyente y discriminatorio que algunos sectores de la élite económica y política le han dado a Cartagena a lo largo de su vida republicana. Remarcó, además, el constante ocultamiento de las realidades sociales de la ciudad por parte de algunos de sus dirigentes y la estigmatización sistemática a la que ha sido sometida su mayoritaria población negra y mulata y sus respectivas prácticas culturales y estéticas.

Estas apreciaciones de Bastenier adquieren pertinencia en el marco del debate sobre pobreza, segregación y turismo que se ha vivido en Cartagena en los últimos días. Como lo han registrado medios locales y nacionales, con motivo de la visita del Papa Francisco al literal ‘Corralito de Piedra’, la entidad encargada del turismo en el Distrito (Corpoturismo) hizo varios contratos para hacer cerramientos con vallas en diversos sectores de la ciudad. Uno en particular, el del barrio Ceballos, causó rechazo entre sus habitantes, líderes de opinión y ciudadanos en general. Este popular barrio, uno de los más deprimidos y pobres de Cartagena, queda ubicado frente al terminal marítimo (Contecar), lugar donde el pontífice tenía programada una misa campal en el marco de visita pastoral que realizó en Colombia entre el  6y 10 de septiembre. Aparentemente, en busca de facilitar un mejor recorrido de quienes asistirían a la eucaristía, la Administración distrital inicialmente ubicó centenares de vallas de dos metros de altura en el citado barrio.

La medida, según Zully Salazar (directora de Corpoturismo), tenía como propósito garantizar la protección de los peatones y los habitantes del sector en mención. Líderes comunales de Ceballos, en contraste, consideraron que las vallas metálicas instaladas impedían la visibilidad desde y, sobre todo, hacia el barrio. Teniendo en cuenta las labores de ‘maquillaje’ que las autoridades le suelen hacer a la ciudad cada vez que llegan visitantes ilustres,  interpretaron esa medida como un claro intento por ocultarlos. “Nos quieren encerrar como si fuéramos unos animales salvajes para que el Papa y la comunidad internacional no nos vean”, expresó uno de los líderes de esa comunidad. El alcalde Sergio Londoño Zurek, tras la indignación que produjo el hecho, reversó la decisión. Ante las cámaras, se le vio participando en el desmonte de las vallas y ordenando ubicar unas de menor tamaño. Sin embargo, poniendo en práctica lo aprendido con su mentor político (el presidente Juan Manuel Santos),el burgomaestre descargó las responsabilidades en la directora de Corpoturismo, y ésta, a su vez, dirigió las miradas hacia los contratistas. “El contratista ya se disculpó”, declaró Salazar para bajarle el tono al debate.

Determinar el o los responsables de tan inaceptable decisión, como lo han reclamado los directamente afectados y varios líderes de opinión, es importante en un escenario en el que el alcalde y varios de sus funcionarios han buscado a toda costa eludir sus responsabilidades.

Pero más definitivo, en el intento de evitar que cuestionadas decisiones como estas se sigan presentando en la ciudad, es que desde la academia y la sociedad civil en general se debata con seriedad la necesidad de repensar la histórica orientación excluyente que ha tenido el turismo en Cartagena. Varios de sus dirigentes, en defensa de la imagen de ciudad vitrina del país, históricamente han traicionado a sus habitantes, en especial a buena parte de los sectores pobres, negros y mulatos, que le dan sentido.

La anterior afirmación tiene plena justificación si se tiene en cuenta que episodios como el del barrio Ceballos se vienen presentando desde el mismo momento en que la ciudad empezó a definir su vocación turística. En 1918, por ejemplo, hubo quienes propusieron llenar de árboles las playas de Marbella para evitar que los turistas vieran “jugueteando negritos desarrapados, de una mugre horripilante, o negros ya hechos y derechos, que se bañan en el mar” (El Porvenir, 2 de octubre de 1918). En los sesenta, como lo ha demostrado el joven historiador Orlando De Ávila, a un urbanizador que estuvo al frente de la construcción de la Avenida Pedro de Heredia se le ocurrió una ‘ingeniosa’ idea para que los turistas no se escandalizaran con la realidad racial y social de los habitantes del barrio Chambacú: construir muros a lado y lado de la mencionada avenida. Los muros no se construyeron, pero finalmente Chambacú fue, como lo llamó la prensa del período, erradicado del perímetro cercano al cordón amurallado y sus habitantes obligados a experimentar el desarraigo.

Un debate sobre el turismo y su impacto en la visión de ciudad que ha imperado debe cuestionar esta suerte de culto a la piedra y desprecio a la gente que se ha configurado en los últimos cien años. Quienes están al frente de las entidades de turismo deben comprender que, antes que las piedras y los monumentos, los habitantes de Cartagena con su diversidad racial y cultural son el principal patrimonio. Lejos de ser tratados como figuras exóticas en campañas publicitarias, como cuando se representó la herencia africana de Cartagena a través de un esclavo encadenado, tienen que respetarle su estatus de ciudadanos. En vez de visualizarlos como seres a los que hay que ocultar y exotizar, deben considerarlos como sujetos de derecho. Y ese cambio en la forma de pensar y visualizar el turismo depende, por un lado, de acciones de la sociedad civil que cuestionen el sello excluyente que lo ha caracterizado, y, por otro, de juiciosos análisis que muestren que la segregación y la discriminación no es un resultado natural ni el destino inevitable al que está condenada toda ciudad turística. De lo contrario, seguiremos siendo testigos de nuevos ocultamientos y estigmatizaciones como la experimentada en estos días por los habitantes de Ceballos. O, como ya lo sentenció Bastenier, continuaremos recorriendo las calles de una ciudad que se sigue traicionando a sí misma.

* Historiador de la Universidad de Cartagena, con Maestría en Historia, Graduate Certicate in Latin American Studies y PH. D en Historia de la Universidad de Pittsburgh. 

Contexto:

3 Comments

  1. KABIR QoRAL dice:

    Genial tu apreciación sobre la conducta del Apartheid en Cartagena..!! Si!, así como lo has leído, pero haz pasado por alto algo muy importante y de orden social y cultural en Cartagena, aquí los negros no se resignan aceptar que son negros, reniegan de ser negros, aquí los negros no gustan de los negros. Se que suena algo despectivo, pero no es asi, aquí la Africanidad vive inmersa en un eterno y letargo sueño de complejidad cultural creada por ellos mismos, es curioso que la lupa siempre es usada por un extranjero y sea este quien perciba el olor de lo que aquí se cocina. En dónde están los líderes negros esgrimiendo sus banderas de igualdad.?? De equidad..!!!!??? Siempre los percibo como un saludo a la bandera y sin ningún compromiso con su etnia afrodescendiente, hacen unos 30 años y lo repetiré hasta el cansancio, hubo un negro insigne, el Dr Zapata Olivella, fue un visionario de algún modo y fundó un movimiento llamado NEGRITUDEZ Y MESTIZAJE y convocó a esta comunidad mayoritaria a que cerraran filas para hacer parte del panorama político de la ciudad, pues bien… al hombre lo dejaron solo porque aquí nadie se consideraba negro y mucho menos mestizo. Aquí lo que se palpa es que una minoría: el APARTHEID criollo, sabe cómo después de 200 o 300 años seguir mandando, porque ellos sí están organizados culturalmente y socialmente sobre unos baldados que no han despertado de su letargo conformista y parrandero, cuando esto suceda a lo mejor copiemos el fenómeno sudafricano en donde el negro sabe que es negro y que necesita participar.

    • Francisco Javier Flórez Bolívar dice:

      Muchas gracias por leer la columna y compartir tus impresiones sobre la misma. Es cierto, como señalas, que hay un grupo significativo de habitantes de origen afrodescendiente en Cartagena y en las Américas en general que no se auto-reconocen como tales. Sin embargo, ese comportamiento obedece a procesos históricos más complejos (legado colonial, identificación con el discurso ciudadano, mestizaje) que no se pueden explicar de forma apresurada, como por momentos lo haces en tu comentario (“No se resignan a aceptar que son negros”, por ejemplo). Debes tener en cuenta, además, que el discurso republicano que abrazaron sectores negros y mulatos fue y ha sido central en el intento de superar las jerarquías raciales existentes en Colombia. Finalmente, no olvides que existen varias y no una exclusiva forma de navegar los ordenes raciales.

  2. Campo elias Teherán dix primer negro elegido por voto popular no había cido elegido y c mudo para un estrato 15 aguas de balcelona. Y mira todo lo q paso esta viviendo el sueño eterno. Esto es cartagena pura corrucion.en África es otro cuento alla negro vota por negro te la dejo ay……☺☺☺☺☺☺

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