Declaraciones de César Anaya Cuesta

Como todos los cartageneros, estoy preocupado por la crisis sociopolítica que padece la ciudad, y por este marasmo administrativo que ha traido como consecuencia. Yo soy un convencido de que tenemos que enderezar el camino para enrumbar a Cartagena hacia un mejor norte. Y soy un convencido de que llegó la hora de rectificar; ya está bueno. Cartagena ha sido una ciudad que ha sufrido por mucho tiempo el padecimiento de tener sucesivos alcaldes interinos, lo cual ha incidido en agravar sus problemas sociales, que es lo que más nos preocupa. Los índices de pobreza y miseria de la ciudad compiten hoy con los de ciudades del Chocó; una ciudad que debería ser modelo en el Caribe, porque tiene todos los componentes de una ciudad turística, industrial y portuaria, y porque es una ciudad que tiene todas las fortalezas para ser convertida en la ciudad que tanto anhelamos, y que a pesar de todo sigue siendo la vitrina de Colombia, pero no obstante todo ello no existe una responsabilidad social, real, por parte del sector empresarial, y del sector político, lo que la mantiene rezagada en el concierto nacional.

Es preocupante que Cartagena tenga tantas empresas en el sector industrial de Mamonal, y tantas empresas en el sector turístico, y sin embargo el desempleo sea tan alto. Ello nos lleva a pensa que hay que hacer una alianza estratégica entre todos los sectores, por el interés supremo de la ciudad, que redunde en beneficio de todos los cartageneros. A eso hay que apostarle.

Un ejemplo patético de la falta de responsabilidad social de los empresarios, y particularmente de los industriales, es Pasacaballos, un corregimiento apostado en la zona industrial de Mamonal, que carece de todos los servicios, con un alto nivel de necesidades básicas insatisfechas, cuando debería ser una población pujante, con todos sus servicios públicos, con buenos colegios y centros de salud. En general, los patios de las empresas de Mamonal son los barrios más pobres de la ciudad, como Policarpa, como Arroz Barato, cuyas calles son de herradura en pleno siglo 21.

Nuestro primer llamado es justamente ese: que al margen de la crisis que hoy padece la ciudad por unos temas coyunturales, aprovechemos la ocasión para atacar los problemas estructurales que ha venido sufriendo, lo que requiere, como he didho, la participación activa y decidida de todos.

Yo soy un convencido de que el tiempo de uno es el tiempo de Dios. Yo, independientemente de que esté o no aspirando a la Alcaldía, y hoy es claro que nadie puede decir que está aspirando ya que no se ha convocado ninguna elección, siempre he confesado que aspiro a seguir sirviéndole a la ciudad; siempre he dicho que quiero ser alcalde de Cartagena, y no sé si ahora, en unas eventuales atípicas, o en un tiempo futuro. Sé que tengo el talante, los conocimientos, el bagaje, la formación y las buenas intenciones, y con ellos podría llegar a la Alcaldía a realizar un buen gobierno con y por los cartageneros. En todo caso, debo decir que soy muy respetuoso de un alcalde que fue elegido por los cartageneros, con una copiosa votación, y que al margen de los problemas jurídicos por los que atraviesa sigue siendo el alcalde. Tengo la confianza que a Manolo se le van a resolver sus problemas, y no estoy de acuerdo con las presiones que le vienen haciendo para que renuncie. Él, en su buen saber y entender, sabrá lo que es mejor para Cartagena, para él como persona y sobre todo para su familia. Lo que él determine es lo que debemos aceptar todos.

 

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