Los ismos de la corrupción – II

Por Carlos Ardila González *

El pasado viernes 18 de agosto, durante una tertulia organizada en el marco de la conmemoración del Día Nacional de la Lucha contra la Corrupción, entre varios otros temas relacionados con la serie de escándalos que se vienen dando en el país por casos como los sobornos de Odebrecht, los sobrecostos de Reficar y la compraventa de fallos en las Altas Cortes, se aseguró que el amiguismo, el favoritismo, el nepotismo, el sectarismo, el burocratismo y el clientelismo son algunas de las actitudes de los funcionarios públicos que más generan corrupción.

Habría de advertirse durante la animada charla que, como se dijo en una columna publicada el 17 de enero de 2004 en el diario El Universal (hacer click), “cada una de dichas cualidades tiene su propia y particular característica, pero todas coinciden en cuanto a su impacto negativo sobre los principios rectores de la Administración Pública, y por ende en lo que toca al establecimiento de un clima favorable al desgreño, el soborno, la desvergüenza y la deshonestidad”.

Se señalaría asimismo -como se dijera en la columna Los ismos de la corrupción(hacer click) – que “el nepotismo es el abuso que un servidor del Estado hace del poder a favor de su familia; que el favoritismo es la parcialidad del que atiende al favor antes que al mérito o la equidad; que el sectarismo es la intolerancia del que favorece injustificadamente a su grupo o partido; que el burocratismo es el predominio de la burocracia en las actividades públicas; que el clientelismo es la protección con que los mandatarios patrocinan a sus conmilitones y más obsecuentes seguidores; y que el amiguismo es la tendencia a conceder cargos o contratos a amigos, en perjuicio -en todos los casos – de personas con mejor currículum y, en consecuencia, mayores méritos“.

Pero -de igual manera – habría de reflexionarse sobre un hecho que pocas veces han mencionado analistas o académicos: que de algunos de estos ismos, particularmente del nepotismo y el amiguismo, suelen ser más responsables algunos familiares y allegados de los mandatarios que estos mismos. En ocasiones (¡y muchos casos se han visto!), ciertos tíos, primos, hermanos y amigos del alcalde o gobernador, cuando este pide que le sugieran nombres para determinados cargos, se aprovechan de la ingenuidad o el desconocimiento del gobernante y postulan a quienes puedan servir a sus propios y particulares intereses y no necesariamente al de los respectivos entes territoriales. O se ufanan a espaldas del mandatario del poder que -según dicen – tienen en la sombra, y ofrecen personalmente puestos y contratos que muchas veces no pueden garantizar.

Casos hay de habilidosos profesionales -generalmente sempiternos asesores externos de sucesivas Administraciones y al mismo tiempo de empresas que contratan con estas – a quienes les conviene que no los nombren como secretarios de Despacho o jefes de Oficinas Administrativas. Ellos saben que detrás de ciertos alcaldes o gobernadores, hablándoles al oído sin la responsabilidad de dar la cara ni a la opinión pública ni a los órganos de control, tienen la posibilidad de hacer nombrar a sus amigos y allegados, o a los empleados de sus oficinas particulares, para armar entramados desde donde promover pingües negocios con los recursos estatales.

Un típico caso de amiguismo, sí, pero en el cual los determinadores no son los mandatarios sino algunos avivatos que se aprovechan de su ingenuidad o, en ocasiones, del desconocimiento que tienen de cómo se ha movido, y se sigue moviendo, la Política local.

* Director de Revista Metro

 

1 Comment

  1. ANBU dice:

    DE ACUERDO CON SU ILUSTRACION. EXACTA

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