Tímido ensayo sobre el amor romántico

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

El amor romántico es una pasión extenuante. Es probable que por esa razón su simiente encuentre preferencias en los fértiles predios de la edad juvenil pues a medida que el tiempo transcurre el espíritu parece atenuar las llamas que antes inflamaban los sentidos. No digo que la exaltación desaparezca, no; no es mi intención demeritar la fogosidad que persiste en algunos espíritus que han abandonado la juventud, pero digo que tal vez la ponderación los modera.

Quizás cause extrañeza entre los resignados lectores de estas líneas, que siendo tan rudos los temas que acostumbro en mis peregrinas notas, incurra ahora en una materia tan sutil. La explicación es trivial y la ofreceré, pero dejo a salvo la timidez de mis argumentos.

Ortega y Gasset en sus “Estudios sobre el amor” que alguna vez sostuve entre mis manos para entender ciertas tonterías cometidas, señala que “no ha habido gran filósofo del pretérito que no se creyese obligado a elaborar” una tesis acerca del amor. Pues bien, he considerado que un simple cristiano también puede cometer un pensamiento de este tenor a fin de escapar de lo áspero de la política local.

Confieso una razón inmediata bajo el riesgo de contaminar toda la página: Escuchaba una interpretación de Carlos Vives y me pregunté la razón del éxito de esas cancioncitas aparentemente fútiles. Respondí que hay cierta ingenuidad en ellas, una forma de la transparencia que los seres humanos necesitan en algunos aspectos de sus vidas. Indagué además por la razón por la cual el amor es siempre un tema propicio para los éxitos de Vives. Volví a responder en silencio que casi nadie escapa al amor romántico, a menos que su alma sea demasiado oscura.

Otras ideas me vinieron y recordé que Ortega y Gasset hacia una distinción que acojo aún hoy. Algo es el enamoramiento, otra cosa el amor. El primero es un arrebatamiento que nos puede llevar al ridículo; el amor es una fuerza que mueve el sol y las estrellas decía el Dante, quizás.

No tengo duda que hay factores físicos que traducen el complejo estado de qué hablamos. Un olor, un temblor, un desfallecimiento, una sudoración súbita e incontrolable, un temor incontenible a perder el momento con el ser querido, un vacío profundo en el centro del pecho o tal vez en el estómago cuando hay que partir, son algunos síntomas. No hay nada mejor, ni peor. Se trata de un infierno deseado.

Creo sinceramente que hay algo de biología en el amar. Alguna vez mi hija lo sostuvo en una exposición escolar. Las endorfinas, recuerdo, es el asunto químico. Pero podría aportar que hay varios otros factores incluyendo el cultural. Nada más amable que encontrar que el ser amado disfruta de la misma música que nos entusiasma o que la gastronomía es compartida.

Hasta aquí el enamoramiento. El amor es algo más, como decía Ortega y Gasset. Quizás más amplio. Si se ama el asunto no es temporal. El amor es una “gravitación hacia lo amado” dice el autor. En fin.

Queda claro que el ser amado es una patria. Buena noche.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

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