Cúpulas inconclusas

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

En la época de la colonia, los españoles trajeron a Cartagena muchos sacerdotes con el fin de evangelizar a esclavos, nativos y criollos. A cada párroco se le asignaba la construcción y sostenimiento de una iglesia, y era común observar que las cúpulas de esas iglesias nunca se terminaban (permanecían en obra negra), pues esta era la manera de justificar que durante todo su periodo parroquial, el sacerdote se la pasara recolectando dinero para terminarla (algo así como la gallinita de los huevos de oro).

La Administración Distrital nos viene anunciado con gran júbilo que se le medirá a la ejecución de cuatro macro-proyectos: el gigantesco proyecto de Drenajes Pluviales, la Quinta Avenida de Manga, el Centro Administrativo Distrital y la Protección Costera, cuyo presupuesto total requiere una inversión de más de un billón de pesos.

Indiscutiblemente que esta no es una noticia menor, ya que estas obras contribuirán al desarrollo armónico de la ciudad y mejorarán la calidad de vida de sus habitantes.

Pero me llama la atención que lo que debería ser para los cartageneros un motivo de celebración, se recibe con cierto aire de recelo, de duda, como si en nuestro inconsciente colectivo nos preguntáramos: “¿será?”, “¿no se irán a coger la plata?”, “¿la irán a terminar?”, lo que no es más que un reflejo de la desconfianza y la falta de credibilidad que nos asiste a la hora de hablar del manejo de recursos públicos en la ejecución de obras.

Sin embargo, yo me pregunto, por simple sentido común: ¿cómo vamos a iniciar la ejecución de cuatro macro-obras si ni siquiera hemos podido concluir más de ochenta micro-obras, entre las que se encuentran la terminación del mercado de Santa Rita, el traslado del mercado de bazurto, 25 centros de salud, la infraestructura de 19 instituciones educativas y 43 obras viales?. Y, peor aún, ¿si se tiene en cuenta que los recursos dispuestos para estas obras ya fueron comprometidos y en teoría ejecutados pero, en la realidad, las comunidades no se están beneficiando de ellos, como muchos otros elefantes blancos que deambulan por la ciudad?

¿No será más lógico terminar lo que esta inconcluso (y así generar confianza) en vez de endeudar más a la ciudad (y así generar desconfianza)?

Pero entiendo que aquí de lo que se trata es de justificar el gasto, como sucedía con las ‘cúpulas de la colonia’, o, quizás peor, porque si no hemos sido capaces de concluir obras tan pequeñas, no quiero pensar lo que pueda suceder con estos monumentales proyectos.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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