Que la visita del Papa a Cartagena sea una oportunidad de unirnos

Por Cynthia Pérez Amador *

Cartagena, Ciudad Heroica, destino turístico obligatorio de muchos, lugar de descanso y placer de grandes celebridades, es sitio donde las cosas no están bien desde décadas.

Tristemente a diario nos levantamos con desgarradoras noticias de inseguridad, desigualdad, inestabilidad; con desolación vemos que los jóvenes se matan negándose a ser el futuro de nuestra querida ciudad nativa.

Las oportunidades son solo para un selecto círculo de personas: los mismos para los mismos, y las personas más necesitadas diariamente sudan, gritan, caminan y al llegar la noche solo se encuentran con el desconsuelo de llegar a casa con la insatisfacción de no haber alcanzados las expectativas con las que se levantaron.

Y el presente no es mejor, al ver que poco a poco se roban nuestra Heroica; el panorama es desolador por nuestra mala costumbre de ‘botar’ por los autoproclamados ‘candidatos del pueblo’ sin visión de ciudad, quienes desconocen el tesoro que el pueblo pone en sus manos y su mejor opción es vender su alma al mejor postor para que arrase y desinfle sus arcas y haga más visible el atraso en el que estamos sumergidos.

Pero los cartageneros que amamos la ciudad no perdemos ni la fe ni la esperanza de liberarnos del yugo de las cadenas de la corrupción, de los malos gobernantes y hasta de los malos hábitos de elegir mal.

Nuestra única herramienta es votar bien y tener conciencia de que ese billete que recibimos antes de la votación significa cuatro años de atraso y desidia. La democracia es la única herramienta que tenemos para transformar el sistema y cambiar nuestra realidad. No se trata de dejarnos llevar por las conveniencias del líder que nos ofrece cualquier cosa; es darnos cuenta de que Cartagena nos tiene que doler a todos y de que en las manos de todos está esa transformación.

Que la visita del Papa Francisco a Cartagena sea una oportunidad de unirnos en oración todos los que amamos a nuestra ciudad, para que nos de la fuerza de voluntad que necesitamos para cambiar nuestras propias costumbres de vender nuestras conciencias y no seguir empeñando nuestro terruño, y a una sola voz decirle a esas casas de empeño de ciudad: ¡váyanse con su plata a otra parte!

* Técnica en Administración de Empresas del IAFIC; convencida de que entre todos podemos transformar a Cartagena.

 

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