Demonizados

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

Son tantas las anomalías que padecemos, que es difícil escoger un tema de opinión. Eso se lo debemos a una diminuta clase que por diversas razones ha accedido al poder local y en consecuencia a los privilegios. Ellos van haciendo imposible vivir aquí.

Fuimos testigos, nuevamente, de una impresionante marcha de mototaxistas que tomaron las calles del centro que les están vedadas. La movilización tuvo origen en las medidas que restringen, aún más, las vías por las que estas personas ejercen su actividad. El gobierno insiste en que el mototaxismo es la génesis de la inseguridad. Vaya error.

El asunto no es menor. El mototaxismo es un problema nacional con base económica, ambiental y de salud pública. El profesor de la Universidad de Cartagena Dewin Pérez lo explica diciendo que el mercado laboral en Cartagena está marcado por un desempleo que implica que 41 mil ciudadanos lo padecen y el mototaxismo es respuesta a las precarias alternativas que ofrece la economía estructurada de la ciudad. De otra arista un informe de ‘Cartagena como vamos’ señala que “el 2015 fue el año con mayor número de accidentes de la última década con 6.411 incidentes. 1.649 de esos accidentes involucraron motocicletas”.

Si el fenómeno es económico y de salud pública, como lo argumento, las medidas de restricción resultan ser simplistas y corresponden al prejuicio difundido en el sentido de que el mototaxismo esconde la delincuencia. La estigmatización y la generalización son pues, el principal obstáculo para soluciones razonables a un problema real.

Óscar Vilhena dice en su ensayo “Desigualdad estructural y Estado de Derecho” que “la demonización es el proceso por el cual una sociedad desdibuja la imagen humana de sus enemigos, quienes en adelante no merecerán estar incluidos dentro del reino de la ley”. No es racional generalizar. Eso impide que se emprendan políticas para intervenir el fenómeno. Si estos conciudadanos fuesen bandidos, no hubiesen marchado pacíficamente por sus reivindicaciones.

La solución no es legalizar, entre otras razones, por la accidentalidad, sino reconvertir económicamente. No recordamos ya que la Avenida Venezuela era hasta hace poco un verdadero campamento de vendedores estacionarios. Una política que ofreció alternativas para abandonar el espacio público, resultó exitosa. Por ejemplo, 200 comerciantes fueron reubicados en un Centro Comercial en La Matuna y allí siguen a pesar que el gobierno los olvidó y no les ha provisto siquiera de un aire acondicionado para atender a sus clientes. El solo bus que parecía eterno también se solucionó con estos instrumentos.

Algo similar se podría intentar con los mototaxistas (zanahoria y prohibiciones) pero no contamos, por lo menos, con una caracterización.

Holanda abandonará los vehículos de combustión en 2025 y Macron dice que los franceses lo lograrán en 2040. Podríamos intentar revertir el fenómeno ofreciendo alternativas a este ejército de trabajadores y consolidando un sistema de transporte que arrope a toda la ciudad.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

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