¡Cartagena se cae a pedazos!

javier-j-bejarano2Por Javier Julio Bejarano *

El día 27 de abril de 2017 es una fecha que recordaremos en la ciudad de Cartagena por muchos años; ese día sucedió una lamentable tragedia: se desplomó un edificio de seis pisos quitándole la vida a más de veinte hombres. Este evento para mí fue como la llave que abrió las puertas a una triste realidad que las últimas administraciones habían logrado tapar con paños de agua tibia; pero ya era suficiente y la bomba de tiempo estalló, y lo hizo en la cara del gobierno de ‘Primero la Gente’ que poco o nada ha hecho para cambiar las dinámicas y malas praxis clientelistas que azotan a esta ciudad desde antaño.

Cifras y Hechos

Las cifras y los hechos son claros, pero al parecer los cartageneros estamos vacunados de indiferencia ya nada nos sorprende, nada nos lleva a protestar seriamente, nos hemos acostumbrado a un individualismo conformista que nos lleva a alzar la voz solo si la situación nos afecta directamente, pero cuando algunos salen a las calles y cierran una avenida o un carril de Transcaribe como medio de protesta, son los mismos ciudadanos los que censuran y maltratan a aquellos que se atrevieron a decir ‘¡no más!’.

Estadísticas y hechos que no pueden ser maquillados y que muestran la triste realidad en Cartagena:

Los entes de control han establecido que más del 80% de las construcciones actuales en Cartagena no cuenta con los permisos establecidos en la Ley.

Según un informe definitivo de la Contraloría del Distrito, el contrato de concesión de peajes se encuentra vencido desde el 20 de enero de 2017, por haber alcanzado ya la tasa interna de retorno, pero aún así la Concesión Vial sigue cobrándole peajes a los cartageneros y la Administración, hasta la fecha, no ha tomado acciones reales para dar respuesta definitiva a los ciudadanos.

La ciudad colapsa con cada lluvia por no contar con drenajes pluviales.

El 10 de febrero de 2017, con bombos y platillos, se reinauguró el estadio de béisbol Mono Judas, donde la Alcaldía, a través del Ider, realizó una inversión de más de $2 mil millones, pero bastó un aguacero para demostrar que este “novedoso y remodelado” estadio no cuenta con un efectivo sistema de drenajes.

Cartagena es la segunda ciudad del país con mayor número de ‘Ninis’: jóvenes que ni estudian ni trabajan; esto, de acuerdo con un estudio realizado por el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario. Imagínese usted qué hace un joven que ni estudia ni trabaja.

Existe una precaria infraestructura en muchos de los colegios públicos del Distrito.

La movilidad en la ciudad cada día empeora a pesar de la entrada de Transcaribe.

En materia de seguridad somos tierra de nadie: el sicariato, el fleteo y el raponazo son el pan de cada día para los habitantes de la Ciudad Heroica.

Y, en términos generales, el sistema de salud, como en toda Colombia, es de pésima calidad.

Informe de ‘Cartagena Cómo Vamos – 2016’

Ante todas estas realidades sería bueno observar cuál ha sido la respuesta del actual Gobierno Distrital al informe de ‘Cartagena Cómo Vamos – 2016’, el cual compara los avances y retrocesos de la ciudad durante el periodo 2015-2016. En dicho informe, que, como se dijo en su presentación, no es de percepción sino basado en indicadores objetivos suministrados por las mismas entidades públicas, encontramos los siguientes resultados que dan cuenta de la calidad de vida de los cartageneros:

Educación: Más de 15 mil jóvenes de entre 15 y 16 años permanecen por fuera del sistema educativo. Gran parte de estos jóvenes son los ‘Ninis’. La deserción escolar continúa siendo alta. La calidad educativa no presenta avances y de hecho varios colegios oficiales pasaron de la categoría C a la D, la más baja en la escala de las Pruebas Saber 11º.
Ambiente: No existe mapa de ruido en la ciudad. No se tiene calculado el dato de árboles por habitantes en Cartagena. Aumentó la producción de residuos sólidos por habitantes y no se cuenta con un sistema propio de medición de calidad del aire, agua y ruido.
Vivienda: Actualmente no se tiene certeza del número de viviendas que se encuentran en alto riesgo. Aunque los datos no son confiables, el déficit cuantitativo calculado por Corvivienda aumentó en 2016: pasó de 35.695 en 2015 a 36.840 en 2016, es decir creció el número de viviendas faltantes en 1.145 unidades. En 2016 no se construyó una sola vivienda gratis. La cartografía de riesgos y amenazas de la ciudad se encuentra desactualizada.
Servicios públicos: Los cartageneros tuvimos el mayor número de horas promedio al año sin servicio de energía eléctrica (60 horas) y el mayor número de interrupciones del servicio (47), según el índice SAIDI y SAIFI.
Salud: Aumentaron considerablemente los casos de VIH/Sida en Cartagena, pasando de 28,8 en 2016 a 41,5 en 2016 el número de casos por cada 100 mil habitantes.
Seguridad: En el año 2016 aumentaron las muertes violentas: se pasó de tener 423 muertes a 440, es decir 17 más; y aumentó en un 16% las muertes por accidente de tránsito.
Movilidad: El Distrito necesita una política marco de movilidad. Las cifras por muertes de transito siguen subiendo. El parque automotor sigue en aumento en la ciudad, particularmente las motos.
Deporte y Cultura: No existe una herramienta que permita medir el consumo y oferta de deporte y cultura, y hubo deterioro en muchos escenarios deportivos en la ciudad.
Espacio público: Los cartageneros tenemos menos de un metro cuadrado por habitante de parques y paseos peatonales. En 2016 no se hizo ninguna mejora a la malla vial del Distrito.
Pobreza y desigualdad: Por primera vez en nueve años aumentó la proporción de población cartagenera en condiciones de pobreza monetaria. La pobreza extrema o indigencia aumentó 1,5 puntos porcentuales en 2016. Más de 294 mil personas en Cartagena viven en condiciones de pobreza y más de 55 mil en indigencia.

Es evidente que la actual Administración no está dando respuesta a los problemas estructurales de la ciudad; es, más bien, una administración reactiva que responde a las situaciones que en el día a día van surgiendo y no se percibe una verdadera planificación. También existe la percepción de que el Concejo Distrital no realiza un verdadero control político, ni se proponen soluciones que ayuden al actual gobierno a acabar con estos flagelos.

No obstante, al final del día la culpa sigue siendo de todos. Muchos de los “líderes políticos barriales” viven de la OPS (Órdenes de Prestación de Servicio) y del contratico público; otros, si bien no son líderes, son conocidos o cercanos a los políticos tradicionales y trabajan por recomendación de estos; todo esto un mal que perpetúa el sistema clientelista.

Encontramos también a los indiferentes que, pudiendo elegir bien, se quedan en sus casas porque están convencidos de que esto no tiene arreglo.

Y, por último, están los miles de ciudadanos que cada cuatro años reciben los mismos $20 mil y son felices por una tarde, pero padecen a la Cartagena que se cae a pedazos durante largos cuatro años.

Este escrito no pretende ser pesimista pero, así como el drogadicto o el alcohólico necesitan reconocer su adicción para iniciar su recuperación, los cartageneros debemos reconocer que no estamos bien para poder despertar.

* Docente Universitario, Emprendedor y Líder de Opinión

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