El cuento del gusano

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Narra el cuento que un día al llegar Juanito al salón de clases se encontró con la sorpresa de que la profesora iba a preguntar la reproducción de diez animales que había dejado de tarea. Rápidamente Juanito le prestó el cuaderno a un compañerito y alcanzó a leer la reproducción del gusano, y cuando iba a leer el siguiente animal, la profesora lo llamó al tablero. Al pasar, le dijo a Juanito que debía meter la mano en una bolsa y sacar un papelito que correspondería al nombre del animal que tenía que exponer. Mientras la profesora abría el papelito escogido, Juanito cruzaba los dedos para que le saliera  el gusano. Pero no; le salió el ‘elefante’.  Entonces Juanito posó con mucha seguridad y dijo: “el elefante es un animal grande de cuatro patas que tiene una trompa grande en forma de gusano. Y el gusano es un animal que se reproduce a través de…”

Este cuento de Juanito me recordó al senador Álvaro Uribe, quien también es bastante recursivo y habilidoso a la hora de componerla, sobre todo, de pararse con su cara bien puesta y repetir una mentira tantas veces sea necesaria hasta que se la crean. Aunque yo diría que el senador es un poco más descarado que Juanito, porque por lo menos la trompa de un elefante sí se asimila a la forma de un gusano, pero los argumentos con los que el senador intenta justificar porqué le dijo al periodista Daniel Samper que era un “violador de niños” no tienen absolutamente nada que ver con el delito que le imputa.

La violación de niños es un delito que “consiste en acceder carnalmente a un menor por vía vaginal, anal o bucal mediante la fuerza o la intimidación”. Además, el senador utiliza la palabra en plural “niños”, lo cual implica que el periodista ha realizado el hecho punible de manera reiterada con varios menores.

Esta imputación es inequívoca, es decir, aquí no hay lugar a diferentes interpretaciones, como tampoco hay que hacer un proceso hermenéutico para determinar qué quiso decir el senador, amén de que el senador sabía perfectamente lo que estaba diciendo y el efecto que quería causar con lo expresado. Por eso me resulta increíble que la senadora Paloma Valencia, en defensa de su jefe, afirme: “se ha sacado de contexto la expresión del senador Uribe. Cuando él dijo violador de niños, no quería decir que fuera violador de niños sino de los derechos de los niños, hay que mirarlo en el contexto de los argumentos del senador”. (Cualquier parecido con el cuento del gusano es pura coincidencia).

Pero todavía más increíbles resultan los argumentos que da el mismo senador Uribe para justificar el señalamiento que le hizo a Samper Ospina: “El periodista en una de sus columnas maltrató a una niña de tres meses de nacida haciendo asociación pública de su nombre (Amapola) con drogas ilícitas”. Esto se puede considerar como un acto irreverente y de muy mal gusto pero no constituye un delito y mucho menos el de violación.

“En la revista Soho el periodista, cuando era director, hizo publicaciones pornográficas con menores”. Las publicaciones de la revista Soho donde se exhiben menores de 18 años no configuran el delito de pornografía, toda vez que el tipo penal exige que las fotografías ilustren representaciones reales de actividad sexual con los menores y las fotografías publicadas por la revista no representan una realidad, sino una exposición artística del fotógrafo Mauricio Vélez. Lo cual, reitero, podría ser considerado como un acto indigno, indecoroso y poco artístico, pero no un delito y mucho menos el de violación.

“La condición del periodista queda retratada en su actitud de burla de los defectos físicos de las personas”. Pues reitero que esto podría considerarse irrespetuoso pero tampoco alcanza a configurar un delito y mucho menos el de violación.

“La libertad de prensa, incluido el humor y la sátira, no autoriza  irrespetar a la mujer, como tampoco ofender al grupo de ciudadanos de una región de Colombia”. Esta posición del senador es bastante camaleónica si recordamos que, precisamente en el año 2005, cuando la revista Soho publicó esas fotografías (a las que hace referencia el senador) de una mujer desnuda haciendo alusión a unas escenas religiosas (y que causaron estupor en el país) el mismo senador, en solidaridad con la revista, posó mostrando una camiseta en sus manos que decía: “Revista Soho – libertad de prensa”. Tan ambiguo que hoy exige respeto, pero su memoria selectiva no le permite recordar que al periodista Daniel Coronel lo trató de “sicario” (aunque la senadora Paloma dice que lo hizo en sentido metafórico), a Julián Martínez lo tildó de “periodista de las Farc”, a Yohir Akerman de “guerrillero”, a los hijos muertos de las madres de Soacha los trató de “delincuentes” (cuestión de la que tuvo que retractarse por orden de la Corte Suprema)… Y con relación a la indignación que manifiesta por la burla que hace el periodista Samper de un grupo de ciudadanos de una región de Colombia, vale decir que aquí al senador le sale el regionalismo cuando le hablan mal de Antioquia, pero no cuando él sale del país a hablar mal de Colombia.

Definitivamente, los argumentos del senador Uribe no justifican para nada lo que dijo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Es válido no estar de acuerdo con la sátira del periodista, incluso considerarla de mal gusto, irrespetuosa y hasta payaso, pero eso no lo hace un violador de niños. Critíquenlo con argumentos no difamándolo, desviando el debate, mintiendo, injuriando y calumniando.

Conclusión:, si le preguntas al Senador Uribe porqué le dijo “violador de niños” al periodista Daniel Samper, te va a salir con algo parecido al “cuento del gusano”.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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