Cartagena en sus zapatos

Por Aníbal Gutiérrez Aguirre *

Te levantas y ves que los zapatos al pie de tu cama no son los de quien quisieras. Están allí por otros motivos. Los zapatos de quien quieres están lejos, sonríes al recordarlo.

Esa es la sensación agridulce que tendrán cada mañana los jóvenes que apuntan a irse de Cartagena: estén donde estén no estarán donde quisieran estar, y aunque les vaya bien o mal donde estén, siempre les rondarán las preguntas “¿Qué habría pasado si…?” o “¿Ha valido la pena el sacrificio?”.

Uno es de donde nació y fue feliz, y en Cartagena no es difícil ser feliz en las primeras etapas de la vida. La ciudad se hace querer ¡y de qué manera! Pero como cualquier enamorado, un día empiezas a pedir pruebas de amor correspondido, y dependiendo del resultado tomarás una decisión.

En esas deben estar los 245 de 350 jóvenes -el 70%- que quisieran no estar viviendo en la ciudad dentro de diez años, según la encuesta ‘Los 875 de Cartagena’ publicada por Cifras y Conceptos en asocio con la Cámara de Comercio de Cartagena. De ese 70% de jóvenes, el 61% ya tiene un nivel de educación superior, y el 62% pertenece a los estratos bajos, 24% a medios y 11% a altos. Desconozco si la encuesta revela cuántos de esos jóvenes, que a mediano plazo podrían convertirse en líderes del desarrollo de Cartagena, estaban laboralmente activos cuando respondieron el cuestionario.

La emigración de jóvenes profesionales cartageneros ha sido una tendencia en ascenso desde los años 70, lo que nos asombra hoy es la cifra que hemos alcanzado. La causa de esa voluminosa intención de migrar podríamos encontrarla en la insatisfacción de los jóvenes a sus expectativas laborales y de desarrollo en la ciudad.

“El mundo es muy pequeño en Cartagena y la vida pasa a mil” me dijo en enero un joven profesional cartagenero que ocupó un importante cargo bancario en Nueva York y que hoy dirige su propia empresa de asesorías con clientes en todo el territorio de Estados Unidos. Para los jóvenes talentosos de hoy “el cielo es el límite” no es una frase de cajón.

La encuesta ‘Los 875 de Cartagena’ anima a la Cámara de Comercio local a mantener y ampliar sus programas de asistencia a jóvenes emprendedores, una plausible manera de incentivarlos a quedarse en casa y ser motores del desarrollo de la ciudad. Se hace necesario también que sus afiliados tomen conciencia de su responsabilidad con el futuro de Cartagena, ofreciendo puestos de trabajo con contratos justos y bien remunerados.

A Cartagena le urge una camada de líderes con educación, con valores, que reconozcan lo propio, que visionen futuro y se arriesguen, que manejen con honestidad los recursos. Y esos líderes podrían estar entre el 70% de los jóvenes profesionales que quieren marcharse porque la ciudad no les da una oportunidad digna para arraigarse. Valdría la pena que Cartagena se diera la pela por mantener y cultivar aquí a estos jóvenes.

La vida pasa a mil, es cierto, y hay que tomar una decisión. No es fácil para un joven elegir entre el lugar que ama, la cercanía a los suyos y su aporte al futuro de Cartagena o el del lugar que elija. No sobra decirles que la felicidad es una quimera, que piensen bien qué ciudad quisieran ver en los zapatos al pie de sus camas cuando se levanten cada mañana. Por último, uno es de donde nace y fue feliz, pero también es de donde quiere ser.

© Aníbal Gutiérrez Aguirre

anibalgutierrezaguirre@gmail.com

* Empresario, Productor y Locutor de Comerciales

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