Pan y circo

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Hace muchísimos años vi en televisión lo que a mi parecer ha sido la mejor propaganda política: salían en la pantalla las caras de los candidatos que aspiraban a la Presidencia de la República en aquel entonces y debajo de sus rostros se leía la siguiente pregunta: “¿Con quién dejaría usted a sus hijos esta noche?”.

Cualquier padre o madre de familia que tenga que salir de noche solo dejaría a sus hijos con alguien en quien realmente confíe. Por lo tanto, la repuesta a esa pregunta ejemplifica de manera perfecta la motivación que nos debe llevar a las urnas para elegir a un candidato: CONFIANZA.

Pero luego de ver tanta desigualdad, tanta miseria, tantas madrigueras de corrupción que se destapan cada media hora (una empresa que sobornó a casi todo un país, campañas infiltradas de dineros ilícitos, maletines repletos de coimas y un fiscal anticorrupción capturado por corrupción), me pregunto (haciendo la misma analogía): ¿con quién hemos dejado a nuestro pais todas estas noches?

Una de las consecuencias más graves de la corrupción es que erosiona la confianza ciudadana, lo que se traduce en que hoy existe una gran mayoría que no cree en la política (lo que es entendible), que no le interesa, que las ideas les resbalan y los argumentos propios del debate electoral los aburre.

Por lo tanto, hoy tenemos un voto desprovisto de argumentos, persuadido por las  pasiones… determinado ya sea por la cara del candidato, por ser chistoso, por ser controvertido o por ser incongruente… total, la política convertida en una telenovela, en un show que verdaderamente entretenga.

Esto lo visualizaron muy bien los políticos romanos en el año 140 A.C. cuando se dieron cuenta que regalando comida barata y entretenimiento al pueblo los mantenían entretenidos y así era más fácil llegar al poder y perpetuarse en él. De aquellos antiguos acontecimientos surge la expresión “pan y circo”, con la que se quiere significar que a los pueblos hay que darles espectáculo para que su atención no se pose en los temas medulares.

Estrategia que hoy adquiere vigencia con los candidatos populistas, expertos en el arte de convertir la política en una farándula recreada por sus histrionismos, bufonadas y mentiras; atizando las pasiones de su público con arengas y un discurso demagógico que encarna la salvación de la democracia exclusivamente en ellos, llevando el debate a lo personal y generando, así, un fanatismo que excluye y divide.

Y el final es el mismo. Llegan al poder, se quitan la máscara de mesías y sálvense quien pueda.

Platón decía: “el precio de desentenderse de la política es ser gobernados por los peores hombres”, por eso creo que el gran desafío que tenemos como ciudadanos es ser conscientes de nuestra responsabilidad a la hora de elegir, pues si siempre elegimos a los mismos, siempre vamos a obtener más de lo mismo.

Por ello estoy convencida de que cada vez que vamos a las urnas tenemos la oportunidad histórica de cambiar el rumbo de nuestro país, respondiendo legítimamente a la pregunta: ¿con quién dejará usted a sus hijos esta noche?

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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