‘Votar’ el chupo

Por Aníbal Gutiérrez Aguirre *

– ¿Tú te quieres matar conmigo? Vamos a matarnos! “El Cachetero”, Botando el chupo con El King. Broma telefónica de Olímpica Stereo de Cartagena.

La bomba que explotó en el Centro Andino abrió una grieta más en el ansia de paz que nos aglutina como sociedad y atizó ese odio visceral solapado que sentimos por el diferente; reanimó el ying yang colombiano.

El bombazo silenció el proceso de dejación de armas por las FARC en cumplimiento del Acuerdo de Paz y encendió una guerra encubierta de versiones tendenciosas, señalamientos y ofensas en las redes sociales. De súbito, todavía aturdidos por la explosión, nos anunciaron que los expresidentes Uribe y Pastrana se unieron para buscar el poder en 2018.

Ha sido una semana para el olvido -eso quisiéramos – o para nunca olvidar porque volvimos a exponer al sol las entrañas de nuestros odios. No nos alcanzaron cinco décadas de una guerra deshumanizada, decenas de intentos por darle fin y, finalmente, un proceso de paz que nos parecía eterno pero conveniente y que una vez culminado fue rechazado por una mayoría mínima, mayoría legítima al fin y al cabo. Después de recomponer a trancazos lo objetado y firmar un nuevo acuerdo las balas ya no zumban en el campo como antes, sin embargo, algunos colombianos consideran que la paz solo será posible después de aplastar al contrario.

El acto terrorista del Andino nos ha sumido de nuevo en la oscuridad, la investigación avanza a tientas. Y en la oscuridad pasan cosas, como el ataque informático indiscriminado de quienes para hacer prevalecer sus ideas y/o conservar sus privilegios tienen que preservar el conflicto, lo mismo aplica para los que desde la otra orilla defienden a rajatabla el Acuerdo de Paz firmado. Y en medio, millones de colombianos rasos bombardeados por cientos de mensajes contradictorios que leemos con reticencia o redifundimos amparados en ese sentimiento de víctima real o virtual, por la simpatía que nos despierta alguno de los bandos o, en el peor de los casos, por alimentar la tendencia.

De las balas pasamos a los clics: en una semana los partidarios del Acuerdo de Paz y los que quieren “hacerlo trizas” se atrincheraron en sus posturas y con ráfagas de especies sin sustento reactivaron la radicalización de la sociedad colombiana. Desde que el presidente Santos hizo público que su gobierno y las FARC habían llegado a un acuerdo para cesar el conflicto, Colombia ha entrado en un torbellino de contrariedades que tiene como protagonistas a Santos y al expresidente Uribe pero cuyo vórtice nos arrastra a todos.

A nueve meses de las elecciones legislativas y menos de un año de la presidencial, el anuncio de una coalición de los partidos Centro Democrático (CD) de Uribe y el Conservador de Pastrana, representa un giro dramático en la correlación de fuerzas que luchan por el poder y ahonda la polarización política. Las encuestas electorales, que después de inciertos resultados ahora leemos con escepticismo, muestran como favorito a “el candidato que señale Uribe”. Si hasta ahora el único argumento conocido del CD para retomar el poder es “hacer trizas” el Acuerdo de Paz y esta arenga de Fernando Londoño inclina la balanza a su favor en los sondeos, los colombianos debemos empezar a meditar seriamente sobre qué significa “hacer trizas” el acuerdo.

Mientras Uribe tiene clara su ventaja electoral, siempre según los sondeos, la continuidad en el poder de quienes lo defienden está dispersa en un puñado de precandidaturas crudas para las que proteger el acuerdo con las FARC –excepto para De la Calle- es más una desventaja que un punto a favor.

Parecería un lugar común pero esta vez los colombianos conscientes de la encrucijada en que estamos, el ‘voto de opinion’ que llaman, y las mayorías abstencionistas tenemos la obligación de analizar con lupa y sopesar las propuestas que nos hagan los partidos y los políticos, y votar, votar en las próximas elecciones por la oferta más conveniente para asegurar un futuro mejor a nuestros hijos y nietos. A algunos nos costará trabajo aceptar que el diferente, cualquiera que sea, es de los nuestros, que somos nosotros mismos, pero votar el chupo, votar con odio nos podría devolver a la paz de los sepulcros.

© Aníbal Gutiérrez Aguirre

anibalgutierrezaguirre@gmail.com

* Empresario, Productor y Locutor de Comerciales

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