La salsa inmóvil

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

Algunos textos logran interpelar al lector de una manera directa. Es como si el autor del que solo sabemos por sus letras, te hiciera una llamada telefónica para decirte cosas. Muchas o pocas lecturas podrían producir esa sensación o simplemente, quizás, sea una superstición, un despropósito particular que no merece mayor análisis.

Ciertos versos de Whitman me causaron esa impresión hace tiempo: “Yo, de cuarenta años de edad, en el año octogésimo tercero de los Estados/A quien viva dentro de un siglo, dentro de cualquier cifra de siglos/A ti, que no has nacido aún, a ti te buscan estos cantos”.

Más recientemente y de una forma menos trascendental, esa evocación se repitió por cuenta de la lectura de una nota de ese gran cronista urbano que es Rubén Darío Álvarez. El título anuncia la condenación de que seremos víctimas: “Ciudad Inmóvil, salsa inmóvil”.

Con su escrito Rubén logra varios efectos, uno de ellos son estas precarias líneas y otro, la impresión de haber sido regañado sin atenuantes. La tesis del autor podría resumirse en el aparte en que señala: “Lo malo es que los cartageneros parecimos habernos congelado en esa mitad del siglo que vio nacer la salsa. Nos quedamos inmóviles, en la fiebre de las canciones salseras, con poca letra, pero con mucha instrumentación”.

El regaño que padecí con esa lectura, retornó a mi mente una de estas noches de viernes en la Esquina Sandiegana, un sitio del Centro de Cartagena donde la ciudad, en efecto, se vuelve inmóvil considerando el repertorio musical que autocráticamente dispone ‘El Güio’, quien funge como ‘DJ’ oficial allí.

Tengo la impresión de que hace algunos años Rubén ya había agitado la tesis que repitió estos días, de modo que la cosa es seria. Sin embargo, algunas ideas se me vinieron a la mente entre una y otra melodía dispuesta por ‘El Güio’ para contrastar el argumento del escritor. La primera se refiere al punto de la “poca letra, pero mucha instrumentación” que atribuye Álvarez a la salsa y que no sabría si calificar como denostación o elogio. Borges dijo que “…las artes propenden a la música, el arte en que la forma es el fondo…”, de modo que es probable que la sola instrumentación sea suficiente para salvar la salsa clásica.

La otra idea que me restauró de la amonestación vino al momento en que el DJ hizo sonar ‘En las nubes trepao’ de Lebron Brothers. Una melodía profundamente romántica. No dudo que muchos calificaran prosaico mi gusto, pero estas rimas y la voz de Pablo Lebrón pueden ser seductoras: “No te vayas que es temprano/quédate un ratico más/acércate y dame tu mano/que te quiero acariciar/quiero que esta noche sea/una noche especial”.

No me sorprendió ver una mesa tupida de jóvenes, que presumo universitarios por el aguaje, cantando al pie de la letra este anacronismo inmóvil.

Tercamente y pese al regaño de Rubén siempre volveré a los clásicos de la salsa, sobre todo si es viernes y estoy cerca de aquella esquina entrañable y bulliciosa de San Diego.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

 

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