DISCURSO DEL ALCALDE (E) EN EL TEMPLO DE MARÍA AUXILIADORA – 1 JUNIO DE 2017

Discurso del presidente del alcalde encargado de Cartagena, Sergio Londoño Zurek, durante una eucaristía de acción de gracias en el templo de María Auxiliadora.

Este día tiene tanto de celebración como de reconocimiento.
Celebramos 484 años de Cartagena de Indias. Sus épocas doradas y sus días grises.
Celebramos que aquí confluyeron y confluyen razas, idiomas, credos, sueños… la unión que hoy nos debe hacer más fuertes, porque en la diversidad reside nuestra mayor fortaleza.
Reconocemos que durante esta historia ha sido demasiada la exclusión que se ha enquistado como norma de vida en nuestra ciudad.
Reconocemos que esta exclusión ha frenado nuestro desarrollo.
Reconocemos la miopía de nuestras élites – y no me refiero solamente a las élites económicas sino también a las políticas, a las que hoy se lucran del poder – al pensar que dividiendo, apartando, negando, se quedarían como únicas poseedoras de la ciudad más bella de América.
Sin duda alguna lo que hoy reconocemos es que la Cartagena más vulnerable ha soportado demasiado.
En este espíritu he querido que nos reunamos hoy, aquí en esta casa de Dios. Un lugar, tocado por la historia africana de nuestro pueblo, que se mezcla con las raíces españolas y que tiene como hilo conductor la historia de aquellos quienes vivieron en estas tierras en épocas antes de la colonia.
El templo de María Auxiliadora es, para todos los cartageneros, sinónimo de unión, ese lugar de encuentro donde nos miramos a los ojos y nos podemos reconocer como hijos de una misma ciudad.
Y a esa unión es a la que tenemos que llegar en nuestras vidas cotidianas.
Ciertamente la Alcaldía de Cartagena, el Departamento de Bolívar y el Gobierno de Colombia pueden aportar para que nos sintamos parte de una misma sociedad, pero somos nosotros – todos los ciudadanos – los llamados a romper las cadenas que nos han enceguecido en un conflicto social entre hermanos. Hermanos blancos y hermanos negros. Hermanos pobres y hermanos ricos. Hermanos de una u otra tendencia sexual o credo.
Las murallas, los muros NO SON, NO PUEDEN SER LA SOLUCIÓN. La imposición es tan condenable como la exclusión ¿O acaso no fue eso lo que los españoles les hicieron a nuestras culturas prehispánicas a quienes doblegaron con cruz y espada?
Es cierto que tenemos que empezar por reconocer que en Cartagena SI existe una deuda social histórica acumulada. Pero de nada vale reconocerlo si no estamos dispuestos todos a pagar nuestra cuota de retribución a la sociedad en la que nacimos o que llamamos nuestra.
La deuda, no se la pagan únicamente los ricos a los pobres, la deuda se pagará en su totalidad cuando cada cartagenero viva su vida de forma tranquila, con la certeza que sus hijos tendrán las mismas oportunidades que aquellos que nacieron en Bogotá, Medellín o Barranquilla.
Cuanto más sigamos en este conflicto, cuanto más sigamos fomentando la división – como lo han propiciado quienes se han enquistado en el poder – más pobres seremos, en alma, vida y bolsillo.
Quiero que me permitan conciudadanos hacer un ejercicio, un acto de constricción en este templo sagrado. Permítanme reconocer que yo nací en un lugar afortunado de la ciudad, permítanme reconocer también que he tenido espacios de formación gracias a lo que mi familia me ha dado. Pero también permítanme contarles un mantra que alguna vez oí y que resume una constante en mi vida: “yo trabajo para lograr que lo que para mí fueron privilegios, sean derechos para todos”.
Cartageneros: la política no es el arte de servirse a sí mismo sino de servir a la sociedad en la que vivimos.
Mientras sigamos pensando solo en nosotros mismos, toda ayuda será paliativa, toda obra serán paños de agua tibia, todo favor será caridad.
Podremos hacer los macro proyectos que queramos, pero ellos por si solos no resolverán las murallas que cercan nuestros corazones.
Tomemos cartageneros las oportunidades que nos da la vida, que nos otorga la naturaleza y saquémosle provecho. Sí, tenemos turismo, tenemos puerto, comercio e industria, tenemos mar y tierra, un fértil campo bolivarense a nuestros pies, pero ¿que es todo esto si no nos encontramos a nosotros mismos, si no reconocemos que somos tan fuertes como los lazos de hermandad que nos unen?
Esa es mi invitación hoy, en este día que el Dios supremo me ha dado la oportunidad de ser su Alcalde Mayor encargado. A que pensemos en el futuro JUNTOS, REVUELTOS, porque así y sólo así romperemos las cadenas mentales que nos imponen la pobreza, la fatiga y la angustia que TODOS sentimos.
Muchas razas, muchos credos, muchas preferencias, muchos colores, muchas costumbres pero al final UN SOLO PUEBLO que sueña con el mismo casabe, la misma carimañola y la misma brisa marina.
Muchas gracias.

 

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