Yo asumo el rol de ciudadano, Daniel Rivero, pero si el Distrito me deja

Por Juan Diego Perdomo Alaba *

Estimado Daniel, oportuna columna, pero difiero en algunas cosas.

Conozco decenas de casos de humildes vecinos que han ido a las Alcaldías locales a denunciar irregularidades de construcciones fraudulentas o que violan las normas urbanísticas, y los funcionarios encargados los reciben con displicencia y los devuelven sin ninguna solución. No hay confianza ciudadana, no existe una ruta de atención para estos y otros casos. La primera hay que construirla, recuperarla; y la segunda es necesario crearla, y si existe, difundirla ampliamente.

Nada más en el Centro Histórico hay decenas de construcciones que trasgreden las normas de patrimonio y al IPCC -no se sabe por qué – al parecer le tiembla la mano para abrir procesos sancionatorios. No hay muestras de autoridad, solo acciones con algún cálculo mediático que por lo general resultan en mofas a la ley.

Ni siquiera algunos residentes del Centro que tienen un mínimo de reconocimiento ciudadano e influencia en las instancias del Gobierno distrital han logrado que sus quejas sean acogidas, ahora imagínate qué se deja para el vecino común y corriente que sufre los embates de la desidia estatal.

Una comunidad organizada y con asociación vecinal como la de Bocagrande, a la que los gobiernos de turno consienten como a nadie, no pudo tumbar la bomba de gasolina que le montaron en plena zona residencial pese no cumplir con lo estipulado en el POT. Dios la ampare.

Estamos de acuerdo, Daniel, en que la corrupción es de doble vía, pero trasladar la responsabilidad de lo ocurrido a la ciudadanía es una lavada de manos flagrante. Cuentan los vecinos de mi barrio El Socorro, donde hay poco más de seis proyectos de solución de vivienda en construcción, que a sus puertas llegan ‘pseudo constructores’ a ofrecerles buen dinero por sus casas para construir edificios, un gran negocio dada la laxitud en el control de obra por parte de las autoridades. Inician trabajos sin licencia en espera de la pronta llegada del inspector de policía y el funcionario enlace de Control Urbano adscrito a la Alcaldía local. Explican los vecinos que estos funcionarios cobran coimas por debajo del valor de la licencia para omitir controles y posibles sanciones. El constructor paga y trabaja a muy bajo costo sin sujetarse a lo que exige la norma para maximizar utilidades. Una cadena de responsabilidad por omisión que cobra vidas.

También coincido contigo en que el tema de las construcciones ilegales no es nuevo. Hace años mi mamá perdió una casa por el desamparo de las autoridades que le hacen caso al que más apueste. Nos quedamos en la calle, Daniel, literalmente. Construyeron sin licencia una mole de cuatro pisos en la parte de atrás de nuestro predio afectado su estructura, la cocina estuvo a punto de irse abajo. Nadie, ni la oficina de Control Urbano de la época le hizo caso a una mujer separada y sola con un niño de 10 años. Aquel abogado poderoso dueño de la obra nos ganó el pulso a punta de sobornos e influencias. Manolo, tu amigo y jefe, asumió la riendas de esta ciudad para corregir lo que mal viene, no para perpetuar entramados de ilegalidad al capricho de rufianes, esos que asesinaron a 20 obreros en Blas de Lezo.

Ambos somos de esa escuela de ‘Ciudadanos participativos’, por eso respaldo y me uno al llamado urgente que haces para que la ciudadanía se involucre más en la construcción y el devenir de lo público. Siempre son los mismos cinco gatos, es cierto; pero no es menos cierto que la ‘política’ debe ser complementaria de esos procesos de participación proyectando confianza, propiciando espacios de deliberación, permitiendo el acceso eficaz a la institucionalidad a cualquier ciudadano para que se sienta atendido, para que sus problemas sean resueltos, que sienta que sus impuestos son invertidos con transparencia.

Asumamos el rol ciudadano pero, ¿a qué se compromete el Gobierno?

* Comunicador Social – Periodista de la Universidad de Cartagena

1 Comment

  1. jorge luis woodbine dice:

    muy acertada tu intervención, siempre se le echa la culpa al mas débil, es fácil opinar y ver el mundo desde una oficina situada en el centro histórico

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