El reinado de la arrogancia

Por Anthony Sampayo Molina *

Ya se ha vuelto típica aquella expresión local utilizada para resaltar que “Cartagena no es para los cartageneros”. Una posición que día a día se robustece y que la vida cotidiana en la ciudad se encarga de mantenerla vigente.

Sin embargo, lo sucedido con la ‘batalla de flores’ o a lo que muchos llamaron ‘bando’, exhibiendo incluso indumentaria novembrina y acompañados de la respectiva espuma y Maizena, fue como se dice coloquialmente ‘la tapa de la olla’.

No resulta extraño que en Cartagena se realicen eventos públicos; a la final esta ciudad vive de espectáculos, celebraciones y fiestas, pero lo que sí surge como una falta de respeto es que se pretenda imponer a los cartageneros uno de ellos en particular al margen de sus inquietudes y necesidades. ¿Imponer? ¡Sí!  ¡Imponer! Un evento que se realiza durante un día y horas hábiles, cerrando además en su totalidad una de las pocas avenidas principales de la ciudad a partir de las once de la mañana, todo sin tomar en cuenta aquellos cartageneros que querían apreciar a las reinas pero que no iban a poder hacerlo porque debían trabajar, ni a aquellos a los que no les interesaba verlas pero que ante la imposibilidad de desatender aquellas actividades cotidianas que un día laboral normal trae consigo, se iban a ver obligados a padecer el caos generado ante semejante traumatismo vial, es sin duda un evento impuesto.

Como quien dice: Si les gusta, bien, si no… también. Si quieren ver a las reinas vaya y pierda el trabajo, si no, no vaya y sumérjase en la anarquía. Para los que no saben se les comunica: mientras que unos poco nativos afortunados apreciaban el desfile y uno que otro gringo rojo de la insolación, cerveza en mano, saltaba y celebraba algo que no tenía claro de qué se trataba, el resto de la ciudad estaba a punto de infartarse del estrés en el sector de Torices, única vía opcional que existía para quienes querían movilizarse y debían tomar la avenida Santander. ¡No hay derecho!

Pretender convertir un evento del Reinado Nacional de la Belleza realizándolo un viernes del mes de marzo, en el bando de las fiestas de la independencia, no sólo resulta absurdo sino arrogante; el creer que el pueblo iba a echar todo por la borda y que llenaría la avenida Santander de punta a punta solo porque así lo dispuso la organización del Concurso Nacional de la Belleza, demuestra lo desprendido que este certamen está del pueblo cartagenero y lo disimulado que estaba esa situación, gracias a los demás eventos que se realizan  durante las fiestas de noviembre.

No se mal interpreten estas líneas: no soy enemigo del Concurso Nacional de la Belleza y tampoco pretendo que se lo lleven de la ciudad; a la final en una Cartagena tan pobre cualquier evento que genere a su gente un ingreso adicional resulta beneficioso: Lo realmente reprochable es que se realice un evento público y que este ‘Corralito de Piedra’ que presta su espacio, belleza y tranquilidad, no esté en la posibilidad de disfrutarlo, todo por la arrogancia y terquedad de personas que al margen de una ciudad no toman en consideración al pueblo para el que supuestamente está dirigido.

P.D. Bien por el alcalde Manolo Duque y el Concejo Distrital que no decretaron día cívico en la ciudad. Cartagena no tiene porqué arrodillarse ante ningún certamen y menos si no hace parte de sus fiestas populares, aunque hubiese sido también eficiente no cerrar toda la avenida Santander sino solo una parte de ella.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

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