La pobre Fantástica

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Hace un tiempo, en calidad de defensora pública, tuve frente a mí a una usuaria que cargaba una niña en sus brazos y a su lado un pequeño de aproximadamente cuatro años. Mientras ella me explicaba los motivos de su querella, el niño se desmayó y cayó al piso. Cuando corrí angustiada a ayudarlo, la madre me dijo queel niño lo que tenía era hambre, pues la noche anterior los pequeños lloraban porque no había nada para comer y ella en el desespero llenó una olla con agua, le echó dentro unas piedras, la montó al fogón y con un cucharón comenzó a revolverla para que sus hijos se calmaran y pensaran que pronto tendrían algo para cenar. Y con esa ilusión, los niños fueron vencidos por el sueño.

Esta historia cambió mi vida y los ojitos de ese niño jamás los he podido apartar de mi mente. Parece mentira, pero esa es la realidad de muchas familias en Cartagena.

Sí, aquí, en La Heroica, la misma que lleva el título de patrimonio histórico y cultural de la humanidad, el puerto de grandes cruceros, el corralito de piedra, la embajada de las reinas, la ciudad de cumbres y presidentes, la de las bodas de ensueños, el escenario perfecto del festival internacional de música clásica, del festival de letras, del festival de cine; el destino turístico más hermoso del mundo… esa misma, es la segunda ciudad más pobre de Colombia (como recientemente lo certificó el DNP).

Este es el más absurdo de los contrasentidos, no puede haber una ciudad tan fantástica, cuando la mayor parte de su población es pobre y vive en medio de la miseria.

La superación de la pobreza, debe ser el mayor imperativo moral del gobierno, el alcalde, las corporaciones públicas, la empresa privada, los gremios, los contratistas, los inversionistas, la clase política… pero al parecer, la prioridad actual de ellos está en la ejecución de cuatro macroproyectos (que no dudo sean importantes para el desarrollo de armónico de la ciudad) pero son billones de pesos invertidos en cemento (donde todos ellos ganan), mientras los hospitales infantiles de Cartagena reportan diariamente casos de desnutrición aguda por falta de alimentación (entiéndase lateralmente, niños al borde de morir de hambre).

Creo que el sistema ama tanto a los pobres, que los multiplica. Pero como no, si son ellos el vehículo que los lleva al poder, pues van a las urnas movidos por su necesidad y cambian su voto por una bolsa de lentejas. Así que la pobreza no es más que un negocio que le permite al sistema perpetuarse. Razón tenía Gandhi: “donde hay hambre, jamás podrá haber democracia”.

Pero más grave que la pobreza, es la indiferencia de aquellos que tenemos el privilegio de comer todos los días porque hemos sido incapaces de decir basta de tanta injusticia y eso también nos hace culpables.

Combatirla pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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