Colmenares, análisis colateral

Por Anthony Sampayo Molina *

Si algo no le faltó al proceso judicial por la muerte del joven Luis Andrés Colmenares fue cubrimiento mediático. Ese exceso de prensa dejó en evidencia resentimientos, prevenciones y estereotipos en la sociedad colombiana que, de alguna manera, resplandecieron más con la decisión final de absolver a las últimas dos implicadas en el supuesto homicidio.

La sentencia absolutoria dictada en primera instancia no ha caído bien en una parte de la población, la cual, dado el manejo mediático que se le dio al caso, se autoinvistió como juez de conocimiento con todo el derecho y las bases para dictaminar un fallo de culpabilidad. Análisis facilistas y superficiales que, como se dijo al principio, solo muestran prevenciones, resentimientos o estereotipos frutos de años de frustración y de abandono estatal, los cuales se hayan reprimidos y no esperan la más mínima oportunidad para salir a flote en un desahogo entendible y hasta necesario de rabia.

Esta no es una columna en contra de los que no comparten la decisión de la juez 11 penal del circuito de Bogotá, no;  esta es una columna para aquellos ‘jueces y abogados de oficio’ que sin conocer los detalles del proceso destruyen y acaban con instituciones y personas que, para bien o para mal, merecen que sus verdugos al menos estén medianamente informados antes de acabar con ellos.

Son 258 páginas en la que la juez consignó el análisis de todos los elementos materiales probatorios que ante ella se expusieron y con base en los cuales la funcionaria llega a la conclusión de que resulta imperativo dictar una sentencia absolutoria. Si usted, después de realizar el mismo ejercicio, llega a una conclusión distinta, se le respeta sobremanera su posición, pero si usted, sin embargo, basa su opinión a priori, sin tomarse el trabajo al menos de leer la sentencia, déjeme decirle que está cometiendo una injusticia tan grande como la que supuestamente pretende atacar.

Abundan los ‘jurisconsultos’ que en este caso basan su sentencia en memes y/o en expresiones de rabia o resentimiento, abundan los adictos a redes sociales que dan por cierto cualquier frase adornada de fondo con la imagen de un personaje conocido, pero se echan de menos personas críticas, serias, que basen su opinión en análisis fundamentados.

No es justo acabar con funcionarios e instituciones sin tener pruebas o al menos las bases para ello. No es justo aprovecharse de la desgracia ajena para catapultar resentimientos propios, no es justo sacar ventaja de una tragedia tratando de figurar como adalid de la justicia. Ese facilismo al momento de fijar una posición hace que los reales y concretos defectos o problemas pasen desapercibidos y terminen señalándose como responsables a personas que solo intentan hacer bien su trabajo. Si usted no comparte las resultas de este caso al menos tómese el trabajo de tener claridad sobre los roles que se juegan en un proceso judicial y una vez los tenga identificados vea cuál de los distintos sujetos, en su concepto, erró en su función, y qué tan determinante fue ello para la decisión final.

 

Este sería un buen comienzo para corregir errores y no quedarnos en la simple queja o lamento ante lo que consideramos fue una decisión injusta.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

  Otras columnas del mismo autor:

– Una evolucionada corrupción

– Uber en Cartagena

– ¿Bailarines incomprendidos?

– La entrevista que casi ocasiona un accidente

– Getsemaní y la gentrificación

– Apaga y vámonos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial