Qué hay en una crisis

danilo-contrerasPor Danilo Contreras Guzmán *

Bauman, tan recurrente a partir de su tesis sobre la “modernidad líquida” expresó en una entrevista: “…lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces”.

Este postulado evidente no describe la multicausalidad de la crisis sobre la cual el autor profundiza afirmando la precariedad del Estado-Nación frente a la globalización. “El Estado nación ya no ofrece respuestas”.

El diagnóstico inicial puede ser suscrito por cualquiera, sin atenuantes, pero en cuanto a la tensión entre Estado-Nación y globalización se puede arriesgar un cuestionamiento, si nos atenemos a las noticias, pues ha sido el nacionalismo el que ofreció respuestas al electorado norteamericano más reaccionario que eligió al entretenido Trump. Distinto es si el nacionalismo populista es la respuesta adecuada.

La palabra crisis alarma, quizás por nuestra tendencia a gozar de una estabilidad que se perturba con los cambios que la crisis implica. Pero si pensamos bien, encontraremos que la crisis nunca ha estado ausente de la historia, a excepción del paleolítico, que según los entendidos cubre el 99.5% de los 2.5 millones de años de homo sapiens sobre la faz del mundo.

Vierto mi modesta opinión: con dificultad la civilización ha consolidado valores como la libertad, la igualdad ante la ley, el respeto a la vida o la prohibición de la esclavitud entre otros, que están consagrados en la mayoría de las constituciones de hoy.  El constitucionalismo ha demostrado auge y capacidad desde la segunda posguerra, pero la democracia acusa deficiencias por incapacidad para garantizar derechos fundamentales. Vaya paradoja: Constitucionalismo sin democracia real, pues la constitución prevé derechos que en realidad se incumplen. Hambre, inseguridad, discriminación, desigualdad, son ejemplos.

Gargarella, autor argentino describe una disfunción entre los derechos de las constituciones y las instituciones estatales encargadas de garantizarlos, y agrega que pese a la opción por la democracia, la mayoría de constituciones americanas siguen siendo autoritarias al instituir regímenes presidencialistas. Urgen, pues, reformas que propicien la democracia en tanto garantía de derechos fundamentales.

La otra cara de la moneda es que ingenuamente creemos que una nueva elección nos salvará. Yo mismo lo he creído, candorosamente; sin embargo nos encontramos con dos obstáculos, entre otros: la evidente mediocridad de los liderazgos y el pensamiento acrítico del pueblo, por causa de factores objetivos. Veamos: un tercio de los cartageneros se debate entre pobreza e indigencia, siendo este el estrato que más contribuye a la democracia local con su voto. La condición menesterosa del pueblo le resta libertad y les hace proclives al populismo y los vicios que fomentan ciertos políticos.

Dice Brecht “Primero va el comer, luego va la moral”; luego, primero es emancipar a los pobres del yugo de la miseria.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

Contexto:

– Una hipótesis sobre el consumismo como causa de la corrupción

– Compromiso con la universidad pública

– Las posibilidades de Trump

– Inversión al debe

– A estos datos nos enfrentamos

– La cuota inicial de un nuevo problema

– Las inquietudes siguen

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