Un toque de vegetarianismo no hace daño a nadie, y ayuda a limpiar el agua y el aire

Por Moraima Salom Villalba

Desde la Antigüedad más primitiva se tiene noticia de este régimen alimenticio, a través del libro Medicina Tradicional China (escrito hace más de 3000 a.C.). Sin embargo, su origen se atribuye al Budismo y a las prácticas religiosas de la India, que prohíben el sacrificio de animales, lo que constituye una pieza de “los primitivos mitos de la inmortalidad y de la reencarnación en animales inferiores o superiores (…)”. En el Antiguo Egipto los sacerdotes no consumían carne para poder mantener el voto de castidad. Tamto en la India como en Grecia estaba conectado con la idea de “no violencia”, la cual era impulsada por religiosos y filósofos, como lo señala el libro Vegetarianismo religioso desde Hesíodo al Dalai Lama. Los griegos le llamaban “antipreofagia”, que quiere decir: persona que no come carne.

Marvin Harris, un investigador de la antropología de la alimentación humana señala que “con frecuencia, las conductas alimentarias tienen su origen en la adaptación del individuo a las condiciones ambientales y sociales de un determinado momento de la historia y que, más tarde, se instauran e incluyen en los dogmas religiosos, en las costumbres y en los mitos de una determinada población”.

En la conocida obra La República, Sócrates aconsejaba una alimentación sin carne, “porque permite hacer uso más inteligente de los recursos agrícolas”. Pitágoras de Samo (578-510 a.C.), considerado el padre de la filosofía en Europa, junto con sus alumnos fundó la primera sociedad contraria a la carne, basado en un régimen alimenticio conocido como la “dieta de Pitágoras”, pues el término vegetariano vino a acuñarse en 1847. Este acontecimiento se convierte con Hipócrates “en una parte de la técnica médica que ayuda a mantener el equilibrio del hombre sano y a mejorar al enfermo”.

Según John Passmore, con la conversión del Imperio Romano al cristianismo el vegetarianismo fue desapareciendo en Europa. Mientras que Colin Spencer afirma que reemergió durante el Renacimiento. En los siglos XVI y XVII la alimentación basada en lo natural y la sobriedad se juntan y aparecen obras como Tratado de la vida sobria de Luig Cornaro (1558), Hygiesticon de Leonard Leyz (1641) y Ensayo sobre el régimen alimenticio de George Cheyne (1740).

Jean Antonie Gleizes publica en 1821 Thalysie, libro que va a inspirar la fundación del primer hospital higienista vegetariano en Inglaterra en 1846 y, con él, un año después, la creación de la primera Sociedad Vegetariana de Europa. En el discurso de inauguración de la organización se acuña el término “vegetariano” por Joseph Brotherton, que viene del latín vegetus, que significa “entero, vigoroso, fresco, enérgico o sano”. Esta significación abarca la filosofía vegetariana: la imagen de un vegetal fresco y sano, contrario a la carne que no puede representar un símbolo de vida.

A principios del siglo XX el médico John Harvey Kellog es la figura que va a popularizar el vegetarianismo. Fundó la empresa de cereales (copos de trigo y granola) que lleva su nombre y produjo la primera mantequilla de cacahuete. A partir de estos aportes el vegetarianismo “alcanzó la cumbre entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX” en los Estados Unidos de Norte América, y se multiplicaron a lo largo del país restaurantes y organizaciones. Antes de la II Guerra Mundial, el vegetarianismo se asociaba con la cultura oriental y con el esoterismo. Con el descubrimiento de las vitaminas va a sufrir una crisis y vuelve a resurgir en los años sesenta en el contexto de la contracultura. Es cuando va a manifestarse en  América Latina y en otros países del mundo.

Panamá, Venezuela, Uruguay y Brasil van a la vanguardia y el acento está puesto en la ecología. En la Argentina, en los años cincuenta, el movimiento vegetariano era el más importante de toda América, su finalidad consistía en “ayudar a construir un mundo más sano, menos violento y más respetuoso”. Los médicos Elsa Patricia Arango y Hugo Castro fundaron la primera Sociedad Vegetariana de Colombia en 2008, pues Bogotá ha sido considerada “la capital vegetariana de Suramérica”.

En el Japón, las enseñanzas del Budismo y la prohibición de comer cualquier tipo de carne, ordenada por el Emperador Tenmu en el 676 d.C., permitieron a los japoneses alimentarse con vegetales. En África existen pocos vegetarianos. Nigeria, Mauritania y Tanzania han creado sociedades vegetarianas orientadas por personas de la India, que conocen el principio de la “no violencia”. No obstante, es muy incipiente la práctica del vegetarianismo en estos lugares.

El mayor grado de vegetarianismo se encuentra en la India: entre el 15 y el 20% de la población es vegetariana. Algunos sectores, entre los más religiosos, han repetido una dieta vegetariana como una tradición al pie de la historia. Ciudades como Chanda Prabhu o Gujarat son en su mayoría vegetarianas; allí en medio de la nostalgia del pasado “siguen empleando harina de legumbre como hace dos mil años”, manteniendo un vínculo ancestral con la  tierra. Este rudimento también ocurre en China, donde ser vegetariano “es más una norma que una excepción”. Por el lado de la religión lo ven como una misión hacia la humanidad y como la forma de lograr un karma vigoroso. Los movimientos vegetarianos más antiguos de Europa se desarrollaron en Inglaterra, Alemania y los Países Bajos.

La dieta vegetariana es científicamente la más saludable. Si en el pasado se tomaba esa opción por principios religiosos que predicaban el abstenerse de comer carne, hoy las razones son diversas y las posibilidades religiosas también permanecen. El impacto económico y ambiental que acarrea la cría y posterior deceso de miles de animales ha hecho que muchas personas tiendan a defender esta alternativa por razones éticas o ecológicas. Otras, en cambio, aceptan una dieta sin carne por causas médicas o de salud.

El consumo de agua en la ganadería, principalmente en los países industrializados, repercute en los países del tercer mundo. Para la producción de carne se demanda abundante agua; por ejemplo: para producir un kilogramo de trigo se necesitan 900 litros de agua, entretanto en la producción de un kilogramo de carne de pollo se precisan 3.500 litros de agua, según las deducciones de David Pimentel, profesor del Departamento de Ecología de la Universidad de Cornell (EE.UU.). Si comparamos la obtención de los dos productos, la carne de pollo establece un gasto mayor de agua. De igual modo para obtener carne el ganado necesita alimentarse y la base de su alimentación son los cereales.  Según datos de la revista Peta, “en EE.UU. el 80% del maíz y el 95% de la avena que se cultivan serían destinados para alimento de animales”.

El informe Livestok´s Long Shadow: environmentalissues and options de la FAO (Organización para la alimentación y la agricultura de las Naciones Unidas), augura “que en el año 2050, dos tercios de los seres humanos en todo el mundo carecerán de agua potable para satisfacer sus necesidades básicas”. El documento también señala que, el componente esencial de gases de efecto invernadero no son las emisiones de los vehículos sino la cría de ganado.

Mary Winckler, coordinadora de la Unión Vegetariana Internacional (IVU) en América Latina y el Caribe, ha manifestado que existe “una tendencia mundial al crecimiento del vegetarianismo” y agregó, que este crecimiento ha provocado “que las mayores industrias de carne abran líneas vegetarianas”. Se ahorraría agua si los seres humanos aumentarán el consumo de cereales y vegetales. Aunque comer es una necesidad, asimismo guarda relación con una serie de disposiciones culturales.

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