La fuente de nuestra energía es asunto de todos

ivan-martinez2Iván Martínez Ibarra *

Las principales fuentes de energía que utiliza el mundo moderno son las llamadas térmicas, hidráulicas, nucleares y alternativas.

Colombia en números gruesos genera un 70% de su energía eléctrica con grandes hidráulicas (represas que dependen de las lluvias), un 29.5% con térmicas (turbinas y motores que dependen de combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas) y 0.5% con alternativas (pequeñas plantas hidráulicas, biomasa, solar, eólica y otras).

Si bien esta matriz nos ha permitido lograr el bienestar que hoy tenemos y por lo que le debemos mucho, también es cierto que estas fuentes han causado y siguen causando daño a la naturaleza y a nuestra salud. Las térmicas son una causa importante del llamado ‘efecto invernadero’ que aumenta de manera anormal la temperatura promedio del planeta; algunas pueden ser causa de inconvenientes respiratorios, contaminación atmosférica y otros. Las hidráulicas pueden afectar de manera considerable el equilibrio de ecosistemas.

La pregunta que debemos hacernos todos es: ¿cómo enfrentaremos la creciente demanda de energía en Colombia?, ¿quemando más combustibles y llevando la polución a niveles que impidan que nuestros hijos puedan ir al colegio como ya ocurre en algunas zonas del mundo?; ¿o represando más ríos atentando de manera irreversible con la estabilidad de todos los ecosistemas de las zonas inundadas?; ¿o con plantas nucleares que tanto terror han causado en otras latitudes?

Esa pregunta la han respondido las sociedades más avanzadas de manera unánime: ENERGÍAS ALTERNATIVAS. Esa es la respuesta. Ahora la pregunta es otra: ¿qué estamos haciendo los colombianos para impulsar estas energías alternativas?; y la respuesta es: muy poco. El actual gobernador de Bolívar, el ministro de Energía y su viceministra han mostrado verdadero interés en el tema, como se comentó en un editorial sobre el potencial eólico del Departamento. Interés que se debe convertir en medidas concretas como la Ley 1715 de 2014, entre otras, que le han dado impulso a estas energías alternativas, pero se necesita más. Y no es para menos: todos nuestros vecinos nos ganan -y por mucho – en el desarrollo de estas energías alternativas, gracias a un apoyo más decidido de sus gobiernos. Uruguay genera el 30% de toda su energía con el viento; Holanda tiene funcionando a todos sus trenes, que no son pocos, con energía eólica; prácticamente todos los países desarrollados y en vía de desarrollo avanzan a pasos agigantados en ese campo.

Es un acto de responsabilidad con nosotros y nuestros hijos el pensar en estos temas y exigirle a los gobernantes de turno medidas concretas e inmediatas. ¿Qué esperamos?

Al parecer, con las energías alternativas nos pasará igual que con la telefonía celular, una tecnología que llegó a Colombia después de que todos nuestros vecinos ya la disfrutaban.

Otra columna del mismo autor:

– ‘Sí o No’

* Exviceministro de Infraestructura

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