Uber en Cartagena

Por Anthony Sampayo Molina *

La polémica que genera en el mundo la plataforma Uber es casi siempre la misma: la molestia, que vale la pena decirlo, resulta justificada e indiscutible por parte de los taxistas, por aquellos carros particulares utilizados para el trasporte de personas, que al no ejercerse controles legales para su funcionamiento ni con la carga tributaria que a ellos se les impone, se convierten en una amenaza directa para la supervivencia de su negocio. Sin embargo, aunque los argumentos de una de las partes sea la misma en todo el mundo, el éxito de la aplicación en los distintos países no lo es, razón por la cual se hace necesario contextualizar el tema para tratar así de encontrar una solución al mismo.

Es conocido por todos que Uber comenzó a tener su incursión inicialmente en países europeos, todos con un sistema de trasporte público mucho mejor que el nuestro aunque un poco escaso en algunos lugares. Al parecer esta plataforma en dichos países surgió no por una necesidad de mejoramiento en la calidad o en las características del servicio sino en la poca oferta frente a la gran demanda existente. Lo anterior, como es lógico, afectó la inmediatez en la movilidad y tenía efecto directo en los costos del servicio. Aquí vemos cómo del lado de los usuarios existía una necesidad de alguna manera subsanable con algo de planificación y una incapacidad por parte de los taxistas en llenar las falencias del sistema, por la sencilla razón de que no puede obligarse a nadie a incursionar en un negocio que no desea. Esto convierte el escenario que se vive en dichos países en uno totalmente diferente al nuestro, haciéndose razonable un reproche al usuario y una comprensión al prestador del servicio.

Cartagena, una ciudad donde pululan los trasportes ilegales y donde Uber aparece curiosamente como el menos peligroso, no debe su éxito a la poca oferta en el servicio, ni a los costos fijados legalmente por la autoridad de tránsito y mucho menos es un lujo o capricho; por el contrario, en nuestra ciudad se ha convertido en un tema de autoestima y lo que es más grave, en un tema de seguridad y supervivencia. En un tema de autoestima porque una gran cantidad de los vehículos tipo taxi no reúnen las características que espera un usuario que va a pagar por un servicio, igualmente la presentación personal, el trato grosero, amenazante y abusivo de algunos conductores, hace que un eventual pasajero se pregunte si en verdad tiene la necesidad de exponerse a situaciones tan incomodas como las descritas cuando va a pagar un valor considerable; obviamente una persona ante semejante escenario opta por un servicio que le genere más tranquilidad.

Sin embargo vemos cómo las dificultades con los taxis trascienden a la mera calidad del servicio para convertirse en un tema de seguridad. Es indiscutible que los múltiples casos conocidos de hurtos, paseos millonarios y agresiones físicas etc., en que son utilizados este tipo de vehículos han tenido un aumento alarmante, siendo el último caso conocido el de una joven residente en el barrio Crespo, que luego de tomar un taxi en el sector de la Castellana fue hallada casi muerta horas después de desaparecida, en un paraje despoblado a la salida de la ciudad. Y en este punto toca ser justos y decir con toda firmeza que esto no es responsabilidad de los taxistas; estos no son más que casos de delincuentes que simulando ser taxistas utilizan el automotor para cometer actos aberrantes como los enumerados y le toca a la autoridad la misión de evitar al máximo estos hechos y así evitar una injusta estigmatización de un gremio que solo ejerce una labor. Sin embargo, cada vez que en la ciudad se presentan casos donde está involucrado este tipo de vehículos aumenta el temor social, creándose un pánico generalizado que estimula el uso de la plataforma Uber.

Flaco favor le hacen al gremio de taxistas los últimos actos de acoso y persecución a vehículos que ellos presumen están prestando el servicio de Uber. Si en verdad dicho gremio cree que va a lograr desestimular el uso de la plataforma con actos que aterrorizan e indignan a la sociedad, están incurriendo en un gravísimo error y aquí toca ser claro sobre este punto, porque es bueno que se sepa que cualquier acto administrativo o judicial que tenga su origen en un acto arbitrario e ilegal, que lesione derechos fundamentales, vicia todo el procedimiento, y en consecuencia, si la prueba de que determinado vehículo está prestando el servicio ilegal Uber se origina de una persecución, retención o restricción de la libertad por parte de particulares, en este caso taxistas, ello  imposibilita a la autoridad de generar una sanción, razón por la cual, desde donde se le mire, dichas medidas resultan totalmente inútiles.

* Abogado Especialista en Derecho Penal y Criminología

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