De la cleptocracia a la democracia

Por Carlos Castillo Torres *

De acuerdo a nuestra ‘voluntad ciudadana’, en la constitución de 1991 ‘decidimos’ fortalecer nuestro sistema político ‘democrático’, definido este por científicos políticos y sociales como una forma de gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas, y concebido en los años 70 del  siglo XX como el proyecto de humanidad del siglo XXI, por tener como norte ético los derechos humanos.

Desde esta comprensión y concepción, simple y clara, fácil de entender para cualquier ciudadano, han sido muchos los interrogantes que nos surgen frente a los avances tenidos para alcanzar el gran reto por el que ‘optamos’; construir en el marco de una ciudadanía activa el proyecto de Nación que expresa el artículo 1° constitucional, el cual presumo de amplio conocimiento ciudadano.

Al observar la desconfiguración que le han o le hemos venido dando a la democracia en lo nacional, regional y local nos damos cuenta, sin descubrir que el agua moja, lo grande que nos está quedando el reto de alcanzar este propósito colectivo de futuro.

Sabemos que esta desconfiguración es multicausal, que el modelo de desarrollo poco ayuda y nos ha llevado a construir, apoyar, cohonestar y tolerar la cleptocracia como forma de administrar nuestras entidades territoriales, es decir a permitir el dominio de los ladrones, quienes han establecido y desarrollado un poder basado en el robo de capital, han institucionalizado la corrupción como otra forma de violencia y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o el peculado, acciones delictivas que han quedado en su gran mayoría impunes debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley [1] y todo el sistema político [2] y económico [3], que nos hunde cada día más en la tranquilidad del desesperado del que nos habla Rubén Blades en ‘Adán García’.

Como ciudadanos cartageneros, actores políticos y sociales, con niveles de corresponsabilidad ciudadana en su construcción y sentido de pertenencia hacia esta histórica ciudad, no sé si por su pasado o presente, que hoy nos confunde y genera desconfianza frente a la forma como se ha venido y viene construyendo su territorio,  debemos asumir y tomar, desde esa tranquilidad del desesperado, la firme decisión de cambiar nuestra actitud ciudadana, por ser esta la que nos puede ayudar a construir otra ciudad, la merecida, o seguir construyendo la ciudad del descontento que hoy se expresa en nuestras centralidades políticas.

La democracia nos da herramientas que debemos tomar con decisión y firmeza ciudadana, inspirados en nuestro aporte a la construcción de paz territorial, en los derechos humanos, el déficit democrático que presentan territorio y pobladores, en nuestra historia y cultura, en la pobreza, marginalidad y exclusión, para hacer nuestro aporte a ese proyecto de Nación anhelado pero mal buscado.

Dejemos la estriladera y pasemos a la acción.

 

[1] Los recursos del ICBF no son públicos por provenir de aportes parafiscales; son privados y por eso dejar en libertad a sindicados o no pedir la medida de aseguramiento en el caso de Yuliana Samboni a los hermanos del feminicida, llevó a reasignar el caso a otro juez y fiscal.

[2] “150 millones habrían pagado por curul”: Fiscal General, Redacción Política, El Universal, Cartagena, 10 de diciembre de 2016

[3] Reforma tributaria.

* Administrador Público – Dirigente Social y Político

 

3 Comments

  1. CCastillo dice:

    Excelente, partir identificando las causas permite la acertividad en lás soluciones que se planteen y la ciudadanía es un proceso que se construye en todos los escenarios posibles de desarrollo del ser humano el Ser, la familia, la comunidad, la ciudad y el país!!!

  2. Yovanni Ortiz Ramos dice:

    El articulo de Carlos Castillo nos lleva a reflexionar de como actuan muchos de manera irresponsable en nuestra democracia local.

  3. Yovanni Ortiz Ramos dice:

    El articulo de Carlos Castillo nos lleva a reflexionar sobre la manera irresponsable de como muchos actuan en los procesos democraticos en nuestra ciudad y el departamento.

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