El milagro colombiano

diana-mtz2Por Diana Martínez Berrocal *

Al finalizar la segunda guerra Mundial, la situación de Alemania y Japón era realmente catastrófica. La primera, quedó reducida a escombros con un saldo de 25.000.000 personas muertas, y la segunda, sufrió el mortífero efecto de dos bombas atómicas que cobraron miles de vidas y dejaron un país completamente devastado.

Lo realmente admirable, es que ambos países se levantaron de las cenizas como el mítico Ave Fénix para convertirse en grandes potencias mundiales en unas pocas décadas, lo cual se conoce como “el milagro alemán y el milagro japonés”.

Y yo me pregunto: ¿cómo hicieron ellos para que se diera ese ‘milagro’?, si mi país, que tiene invaluables riquezas naturales, considerado el segundo más rico en biodiversidad; de gente cálida, ingeniosa, echada pa’ delante y devota del Sagrado Corazón de Jesús… es un país pobre, con hambre, desigual, indiferente, que lleva más de cincuenta años en una guerra que le ha costado muchísimas vidas y donde ni siquiera hemos sido capaces de llegar a un consenso con unos acuerdos que intentan ponerle fin al conflicto, causando con esto casi que otra guerra.

Sin embargo, algunos alemanes afirman que no fue un milagro sino la determinación apasionada que tuvo la población en reconstruir su propio desarrollo, sumado a la voluntad de un gobierno cuyo único objetivo era el bienestar de su gente.

Aún así, es paradójico lo que sucede en Colombia. Un país a la inversa donde aplica perfectamente la frase que acuñó Galeano: “aquí el plomo flota y el corcho se hunde”. Para citar algunas muestras: un expresidente con delirio de poder que aún no asimila que ya no es presidente, se opone con dolo y sevicia a la única oportunidad viable de alcanzar la paz, manipulando conciencias con mentiras y disfrazando sus egos y ambiciones políticas en una capa de súper héroe defensor de la democracia. Un exprocurador destituido por corrupto que no hace más que hablar de ética, moral y religión. Un exministro condenado por la Corte Suprema a 17 años de prisión por repartirles las tierras de los campesinos a los ricos, que huye a Estados Unidos y desde allá bombardea las redes sociales con cara de tristeza pidiendo que no lo extraditen y acusando al Gobierno de su país de persecución política. Y como si fuera poco, un presidente que se gana el Nobel de Paz y en plena rueda de prensa algunos coterráneos afirman que lo compró con petróleo.

En fin, pareciere que a los colombianos nos hubiesen hipnotizado porque nos convencieron que somos pobres cuando vivimos en un país rico, y que es mejor seguir en la guerra cuando todos anhelamos la Paz.

Tocará seguir esperando a ver si Santos o qué santo nos hace el milagrito.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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