Cuatro minutos dura la vida

juan-c-camilo2Por Juan Camilo Ardila Durante *

El lunes por la tarde 22 futbolistas de un conjunto de camiseta verde que hizo famoso el nombre de su ciudad, se encontraban a bordo de un avión con rumbo a Medellín para disfrutar el partido de sus vidas. Quizás en algún momento de ese viaje esos hombres felices empezaron a recordar los momentos de la infancia en los que le pegaban insistentemente a un balón de fútbol soñando que eran tan grandes como Ronaldinho o Kaká; y podían volver a revivir en sus memorias ese instante en el que agarraban del piso alguna enorme piedra para simular por unos segundos que ese objeto era el trofeo imaginario. Y vendría luego el grito de ¡campeones!, ¡campeones! con las manos en la boca. Y con esa alegría empezaban a degustar el indescriptible sabor de la gloria. Esos pequeños ahora eran adultos y estaban a tan sólo 17 kilómetros de comenzar a hacer realidad el sueño compartido.

Al enterarme que los futbolistas de Chapecoense no iban a poder jugar el partido de sus vidas por culpa de un maldito accidente aéreo, me enojé mucho y seguramente seguiré enojado por mucho tiempo. Morir siempre cae en mal momento, pero peor aún cuando llega en los instantes en los que más vivo quieres sentirte. Y es que nadie era más feliz y se sentía más vivo en el mundo que los jugadores de ese club humilde a punto de conquistar el sueño de todo niño que ama jugar a la pelota.

Hagamos un breve repaso: Chapecoense es el club de Chapecó, una pequeña ciudad brasileña de 209 mil habitantes que se ubica en el oeste del estado de Santa Catarina, Brasil. El ‘Chape’ tiene apenas 43 años de historia y desde el 2009 empezó su carrera de ascenso desde la cuarta división del fútbol brasileño hasta conseguir llegar a la ansiada primera división del fútbol de su país en 2013. En tan solo dos años en la máxima categoría lograron llegar a la final de la Copa Suramericana eliminando a los reconocidos Independiente de Avellaneda, Júnior de Barranquilla y San Lorenzo de Almagro. Un periodista brasileño dijo sabiamente que no se cansaron de subir hasta llegar al cielo.

En el último partido que los llevó a la final se enfrentaron de local a San Lorenzo. Les bastaba el 0 a 0 para clasificarse. Cuando acabó el tiempo reglamentario con empate a cero, el árbitro uruguayo Daniel Fedorczuk ordenó que se disputasen cuatro minutos de adición. ¡Cuánto sufrimiento más para el Chape! Corría el minuto 93 y la ‘torcida’ del equipo local ya había generado una lluvia de uñas en el estadio Arena Condá. El reloj decía que faltaban 52 segundos cuando nace una falta a favor de San Lorenzo cerca de la portería del Chapecoense. Martín Cauteruccio lanza un centro que le queda perfecto a Marco Angeleri para disparar a bocajarro. No fue gol porque Danilo, portero y estrella del Chape, de manera milagrosa sacó con su pie derecho la anotación cantada que los dejaba por fuera. Esa atajada, que en ese instante todos los fanáticos del Chape festejaron como haber ganado un Mundial, produce ahora el lamento de sus aficionados. “Daría todo porque entrara en el último minuto”, escribió un fanático en Twitter.

Cuando veíamos imágenes del lugar en el que ocurrió la desgracia que nos dolerá a todos por el resto de la vida, expertos en aeronáutica sostenían que pese a las limitaciones del avión, solo faltaron pocos minutos para aterrizar en el aeropuerto José María Córdova de Rionegro. Menos de 5 minutos, dicen los especialistas. Sí, la historia hablará del avión que jamás debió haber despegado, pero yo al menos no olvidaré lo cerca que estuvieron de aterrizar. No olvidaré que por unos minutos más Thiaguinho pudo haberse salvado para conocer en unos meses a su hijo y que Danilo pudo haber seguido encumbrando su leyenda en la portería. Ahora, sabiendo que el avión se apagó y que no los veremos más en una cancha, nos queda recordar la historia de unos jugadores que con mucho esfuerzo lograron hacer famosa a su pequeña ciudad y que ahora consiguen que su club pase a tener millones de hinchas en el mundo entero.

Ahora hay que felicitar a Chapecoense por el título vitalicio de la Copa Suramericana. Y a la invitación para celebrar en el cielo este merecido premio, créanme que iremos todos los futboleros, y que los que no lo son también estarán. Pero no todavía. Bueno, aunque pensándolo bien, no es tan lejano ese encuentro: igual la vida tan solo dura cuatro minutos.

#FuerzaChape

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* Comunicador social – periodista, especialista en Periodismo digital.

juancardila@gmail.com

1 Comment

  1. Enrique Rafael Guzmán Valdelamar dice:

    Esta es una nota escrita con el alma. Se percibe el sentimiento al leer. Veo al arquero atajando en el Atanasio Girardot, siento a ese padre acariciar a su hijo nunca conocido para los ojos del mundo; pero si para el plano espiritual. Se siente la alegría y el sufrimiento de esa afición que seguramente en su alma hizo la apoteosis de sus ídolos. Felicito al periodista en el que posiblemente habite también un poeta.

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