De candidato a gobernante

wilmar-poloPor Wilmar Polo Vega *

Asumo el riesgo de parecer extemporáneo en mis apreciaciones, pero a poco menos de un año de estar los mandatarios en Gobernaciones y Alcaldías, y escuchando comentarios y críticas y observando memes u otras formas de desaprobación o matoneo, considero pertinente hacer la siguiente reflexión:

El marketing político no termina cuando el mandatario elegido se sienta en su despacho. Una vez el candidato se convierte en gobernante y ha definido las alianzas que considera convenientes debe pensar  entre otras cosas, en la imagen que quiere proyectar. El nuevo gobernante necesita fijar un  estilo de liderazgo que los ciudadanos empezarán a conocer, desde los mensajes no verbales como expresiones faciales y actitudes corporales, hasta  los comentarios y opiniones en situaciones coyunturales o aún informales y con mayor trascendencia aún, en las decisiones que toma.

Todo mandatario debe tener establecidas estrategias de imagen personal, es algo común hoy día, aunque casi ninguno lo comenta o reconoce. No hay ningún mérito en aquel mandatario que dice que “es y será así”; las personas inteligentes (siempre esperamos que ellos lo sean), no son de una sola pieza, se amoldan a las circunstancias y a la gente que le rodea sin guardar esa difícilmente demostrable fidelidad a su esencia, además, son capaces de improvisar sin desentonar, callar a tiempo y también reconocer que se equivocaron, especialmente cuando previamente están demostradas sus habilidades sociales amén de su formación profesional.

Cuando un mandatario le resta importancia a las formas particulares del entorno social y cultural, todo lo supuestamente ganado puede terminar volviéndose en su contra. Las administraciones heredan problemas de las que le antecedieron, además de los que inevitablemente se presentarán. Una vez pasa el guayabo de la victoria, que en nuestro medio en la mayoría de los casos se consigue como resultado de una mezcla de emociones, dádivas y promesas, el mandatario afrontará su primera crisis.

Con probada razón siempre se ha dicho que los políticos no son lo que son, sino lo que se percibe de ellos. Es absurdo pensar y esperar que el mandatario deba seguir siendo el mismo Juancho al 100%, con las mismas actitudes y opiniones del candidato. ¡No! ya Juancho es el presidente, gobernador, alcalde etc., y aunque la esencia de su persona continúe consigo, el afán que naturalmente trae cada día debe necesariamente llevarlo a asumir diferentes actitudes aunque resulten impopulares o antipáticas, pero con autoridad y sensatez, para que además no rayen en lo ridículo, pues lo que un grupo de la sociedad considere apropiado y conveniente a otro no le resultará igual de pertinente y es justo en este momento, en que aquellos que mataban y comían del muerto por el candidato, empiezan a sentirse engañados, vulnerados, y responden a esto con críticas cáusticas (muchas veces fundamentadas), burlas, calumnias   hasta empiezan a sentirse “de mejor familia” cuando el mandatario es de origen popular.

En política no hay que desconocer las reglas del juego; muchos neófitos bienintencionados, y otros obnubilados, han terminado sucumbiendo no solo a la política, sino llevando al traste todo aquello que previamente habían conseguido tanto profesional como socialmente.

 

* Médico y Profesional en Ciencia Política y Relaciones Internacionales

 

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