La reforma tributaria y la ilusión de causalidad

henry-sarmiento2Por Henry Sarmiento Periñán *

Gran parte de la sociedad colombiana es cada vez más proclive a relacionar cosas que nada tienen que ver entre sí y asignarles una inexorable relación causa-efecto, desde las narraciones de un encuentro futbolístico hechas por Javier Hernández Bonnet y sus fatídicos desenlaces, pasando por una dosis de teoterapia que relaciona la llegada del huracán Matthew a la costa (al que de paso le encontraban forma de carabela) con una catástrofe por el supuesto resultado en el plebiscito (que nunca se dio) y llegando, incluso, a invitar de forma fehaciente a rechazar los acuerdos de La Habana y su implementación, pues todo desembocaría en la propuesta de una reforma tributaria.

Pues bien, el proyecto de reforma tributaria ya se presentó ante el Congreso y ha sido foco de muchas reacciones. La explicación lógica para esto es que el precio del petróleo ha bajado considerablemente y, como consecuencia, los ingresos del Estado han caído al menos 20 billones de pesos al año, lo que podría poner en jaque los compromisos financieros que se han planteado con la banca internacional, debilitar la inversión extranjera en nuestro país, dejar mal librado nuestro perfil de crédito y hacer menos rentable futuros empréstitos. Por esta razón (y porque el gobierno no va a reducir el gasto público, ya que al ministro Cárdenas un presupuesto nacional de 224 billones de pesos le parece ‘austero’) se hace necesaria una reforma tributaria.

La bonanza que trajo el alza en el precio del petróleo sirvió para que en gran parte lográramos consagrarnos como una de las economías más sólidas de la región, y con la mente en alguna otra absurda asociación causal, como que invertir en la industria nacional para no depender de las importaciones conllevaría irremediablemente al ‘castrochavismo’, nos franqueamos el camino para aumentar nuestra capacidad de endeudamiento pues, entre otras cosas, este déficit fiscal por la caída del petróleo, que en mayor proporción y distintas circunstancias también afecta a Venezuela, es lo más cerca que hemos estado de parecernos al vecino país desde la invasión de salserín.

Hoy día con un dólar históricamente alto, una economía creciendo a un ritmo más lento y la deuda externa notoriamente incrementada (a pesar de que en ocasiones se ha afirmado lo contrario) pues equivale a por lo menos el 42,4% del PIB (lo que representa un aumento del 7,2% respecto a 2015), se espera con esta reforma evitar que las finanzas del Estado sufran un detrimento mayor.

El problema es que medidas tributarias con fines paliativos y que nacen de coyunturas como esta llegan para quedarse e incluso evolucionar, como lo ha hecho el IVA que ha ido del 3% al 16% en lo que va de su historia, o como el impuesto de gravamen a los movimientos financieros que nació como 2 por 1000 pero con el pasar del tiempo se ha convertido en 4 por 1000, con sus tantas promesas de desmonte gradual y escalonado que luego se ven truncados por cualquier incidente, pero esperemos que esta vez no sea así, que más bien haya errado y sea simplemente otra ilusión.

 

* Estudiante de Derecho de la Universidad de Cartagena

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